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España necesita un referéndum

España necesita un referéndum

OPINIóN IR

27/07/2021 A A
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España necesita un referéndum
España necesita un referéndum urgentemente, planteado por personas ecuánimes y sensatas que elaboren unas normas racionales para su cumplimiento, por supuesto dentro del marco democrático y que contenga varias preguntas fundamentales para el futuro del país. Esta es la forma en que un voto no sólo se queda en la urna sino que da sentido a la opinión de un pueblo que quiere vivir en democracia y no asaeteado a diario con encuestas de dudosa calidad y peores intenciones.

No se puede continuar así y lo razonamos. Los acontecimientos van a una rapidez de locura como nunca se había experimentado y dejan en cuadro todo sistema que tiene como principio exclusivo «salvaguardar la existencia del partido político antes que el bien de la nación». A partir de esta premisa, y los hechos así lo demuestran, el sistema está enfermo y hay que medicarlo.

Los poderes legislativo, ejecutivo y legislativo, están trufados de interferencias y mala praxis y el planteamiento de la gestión política obedece más a solventar ambiciones personales que a la finalidad principal de un estado que es el bienestar del ciudadano, el progreso auténtico de la Nación y la gestión transparente.

Se deduce de todo ello que las especulaciones y acuerdos antinatura producen corrupción, difamación, chantaje y enfrentamiento, además de una interpretación de los hechos históricos solamente acordes con la ideología dominante y los más inútiles aspiran a ser los padres de la Patria.

Se acude a la utilización de hechos importantes como es una pandemia u otra situación de emergencia nacional, para resolver los conflictos tarde, mal y nunca, usándolos de plataforma para exhibir siempre modos peronistas que están totalmente en desuso y achacar a la vieja política lo que una nueva política enmascarada sólo muestra como un escenario de revolución chavista de baja calidad.

Además el quiste se va haciendo cada más duro y endemoniado corriendo el peligro de transformarse en cáncer al evitar el diálogo y el acuerdo que es el fruto del raciocinio y la buena política.

Porque preguntamos, ¿qué es lo que les ha sucedido a los ‘amantes del poder a toda costa’ para abandonar su programa, segundos después de haber constatado su triunfo en las urnas? ¿Dónde está el pueblo que ha introducido la papeleta en ella? Sencillamente, olvidado, ninguneado y apaleado con impuestos, congelación de salarios, decretos sectarios y promesas que han pasado a ejercicio cerrado hasta la próxima campaña.

Y lo más lamentable es que esa gente que se dice al servicio del pueblo, se sube los salarios, se pasea a cara descubierta por las calles, se exhibe en los medios y tiene voceros que además les regalan los oídos argumentando a favor de que es lícito que se suban los sueldos.

Y seguimos preguntando. Cuando un político de percha y pajarita, engominado y con rictus de matón perdonavidas deja de cumplir lo prometido, hace gestiones fallidas, miente descaradamente y se balancea en el límite de la legalidad vigente o la traspasa, ¿a quién rinde cuentas, delante de quién y qué consecuencias se derivan de tales acciones?

Por eso como ciudadanos responsables y hartos de tanto mangoneo debemos solicitar que se nos trate como adultos verdaderos, es decir, elaborar normas sencillas y de fácil comprensión para que el ciudadano ejerza su voto con claridad y eficacia con el fin de elegir a los mejores para la mejor gestión y no para el sectarismo de turno.

Todo esto se debe sustanciar en un urgente referéndum a los españoles donde se exprese lo que desean en sus principios más fundamentales como son el Estado, la Nación, el sistema electoral, las principales normas estatales que han quedado obsoletas desde los Códigos y las Leyes que como la de Educación están bajo el ojo del sectarismo y el oportunismo.

Se nos dirá, no es necesario. Rotundamente tendrían razón si no fuera porque la Constitución que avala el tranquilo desarrollo de la vida nacional está siendo atacada de forma descarada. Suponemos que todos estarían de acuerdo en que aquellas cuestiones que fueran mejorables sería interesante consultarlas a todos los ciudadanos y así terminaríamos con la deriva de unas minorías sin relevancia que fomentan el griterío y la algarada.

El poder político hace sonar sus trompetas de coerción en muchos ámbitos acudiendo a multas de todo tipo. Y el responsable político cuando incumple su mandato ¿ante quién responde? ¿Cuándo? ¿Cómo?

Para eso es necesario que los partidos actuales se renueven y logren adquirir una buena dosis de sentido del bien común porque de lo contrario terminarán votándose ellos.
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