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España, en el sillón del psicoanalista

España, en el sillón del psicoanalista

OPINIóN IR

07/09/2021 A A
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España, en el sillón del psicoanalista
España es un país, una nación, un pueblo que se caracteriza por determinadas notas que le dan un sabor, color e idiosincrasia muy particular.

A estas alturas, si este texto viera la luz en alguna de esas redes sociales censuradas por ‘demócratas’ de tres al cuarto, seguramente acudirían a la descalificación y el insulto que nace de la propia ignorancia. La pantalla aparecería plena de diatribas y aportes mendruguiles sobre la nación de naciones, la España multinivel, la variedad de pueblos, el respeto a las lenguas menos al idioma universal que poseemos y que otros cutres desean asfixiar, cuestión imposible, porque lo excelente se multiplica a costa de las mentalidades ruines. Pero es que es así, España es algo que se disfruta aunque a veces te cueste asimilar que una minoría poco sensata intente romper la convivencia.

Y esa minoría siempre quiere tener la importancia que la cultura le niega, así como el esfuerzo y la excelencia. Por otros medios , desea llegar al momio del escaso esfuerzo remunerado, de la indolencia atávica y de lo mostrenco de los razonamientos insensatos.

España está en el sillón del psicoanálisis, mejor dicho parte de esa España que, a pesar de las enormes incongruencias y gracias a la comprensión democrática de la mayoría, permitimos que en un inmenso escaparate nacional exponga sus veleidades, ideas absurdas, soluciones faraónicas, esfuerzos de los demás para lucrarse ellos y banalidad a la enésima potencia.

No sabemos hasta cuándo dará el ticket de la diversión, el derroche y la cretinez pero ahí está. Se trata de un enfermo que se ahoga en su propio éxito y que chantajea con amenazas y amagos a la libertad de expresión, con recortes a la cultura y, el arte y la sabiduría y que muestra lo más sórdido de su inexperiencia.

Lo que sucede es que ese paciente que está ya en el sillón del psicoanalista no soporta demasiado tiempo la frustración y, de vez en cuando, exige que la sensatez retorne al normal comportamiento de los ciudadanos y que el poder se exprese con garantía de rectitud porque la mentira que es un vicio arraigado en determinados sectores no aguanta en determinadas sociedades que se han dado un régimen de libertades puesto a prueba en diversos sistemas.

Repetir la Historia de ciertas épocas nefastas provoca náuseas, escalofríos y sobre todo aversión y asco que se traslada a todos aquellos que haciéndose los graciosos y marisabidillos intentan manipular la realidad que siempre se demuestra tozuda y esclarecedora.

Todos, todos, tienen y tenemos la culpa de que esto ocurra entre tiempos de bonanza, pandemias, risas, negacionismos, veleidades, noticias absurdas, infodemias, manipulaciones peligrosas, ausencia de valores y un mar de ignorancia como nunca se había experimentado.

Y esto es grave para los que se pirran por tomar el poder porque es mejor gobernar a personas que saben desempañar sus vidas profesionales y cívicas que hacerlo sobre una masa amorfa que se comporta como los rebaños a los que un solo cánido con un ladrido les pone firmes.

Nuestra Historia está llena de estos hechos vergonzosos y ya va siendo hora de que mostremos al mundo no sólo anuncios de democracia, sistemas exportables de convivencia, sino que lo que necesita el paciente pueblo español es que se respete su vida, tradiciones, símbolos, idioma, relaciones sociales, modo de vida y que todo aquel que desee llevar una idea minoritaria a la tentación de imponerla a la mayoría sea por la vía del convencimiento y el conocimiento auténtico después de haber trabajado con ahínco sus argumentaciones y pasarla por el tamiz democrático de una mayoría cualificada.

Todo lo demás se llama dictadura, tiranía, satrapía, autoritarismo y todo lo que se le venga en gana a uno. Y de eso estamos hartos porque lo que deseamos es que España esté en lo más alto del ranking de las naciones en todas sus manifestaciones.
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