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OPINIóN IR

21/01/2020 A A
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Cuando a uno se le entrepija el ‘fistro’, poco puede hacer para enderezar la situación, sobre todo cuando lo de «perdón, me he equivocao, no volverá a ocurrir», esputa contra el orgullo propio que ha bebido de una dilatada birra política durante siglos. Cuando uno se emparanoia y se cree a sí mismo, implicando a quien sea para conseguir un objetivo, el camino no puede ser más que la bofetada. Carballo aparcó donde no debía, con su tarjeta de edil del PRB, dice, más vale que eso no abra la puerta a otra escala de desigualdades no reveladas, que ya tenemos bastante con romper techos de cristal las que siempre hemos estado limpiándolos. Su coche no había pasado la ITV, pese a que estaba a la espera de hacerlo. Miles de ponferradinos, más de los que se apuntaron a la última manifestación que convocó el legendario político bercianista, han pagado multas con el mismo perfil de «a la espera». Pero el edil siente que se le persigue por ir contracorriente, por no asumir la mayor: que nos rascan el bolsillo a martillazo de impuestos nuevos. Es el ying-yang de la política, por un lado formula un rechazo comprensible, sobre el que se puede abrir una reflexión e incluso un aplauso y se lanza a la piscina, como no lo hizo nadie más pese a que hubo quien, desde el PP, amenazó con hacerlo de cabeza y doble tirabuzón. El agua estaba fría y solo Carballo se mojó. Convocó una manifestación escueta, casera, pero a valorar. Eso del lado político de la razón pura. Pero por otro saca la cabeza acusando de amenazarle y rastrearle hasta pillarle en una falta y plaf, claro, de tanto buscar, se encuentra y multa. Como no es gratis romperse la camisa a crítica abierta, los funcionarios han dicho no con el dedo y le han puesto coto al edil. «A partir de esta línea no es política, es trabajo», dicen. Aviso para navegantes y concejales que aparcan donde quieren. Por favor, no pasar.
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