"Escribir me es inevitable, pero los fastos literarios me cansan"

"Escribir me es inevitable, pero los fastos literarios me cansan"

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Víctor M. Díez, un habitual de la cultura leonesa en los campos más diversos, hoy presenta un libro en Ferecor. Ampliar imagen Víctor M. Díez, un habitual de la cultura leonesa en los campos más diversos, hoy presenta un libro en Ferecor.
Fulgencio Fernández | 09/12/2021 A A
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"Escribir me es inevitable, pero los fastos literarios me cansan"
Poesía Víctor M. Díez toca todos los palos de la cultura, desde la poesía al teatro, de la colaboración con músicos al filandón, desde organizar a estar en el escenario o tomar el vino por el barrio, por los barrios buscando las voces cercanas y las charlas sin prisa. Este jueves regresa ‘a lo suyo’, la poesía, y presenta su nuevo libro, ‘La tarea contraria’ en Ferecor ‘el bar’
Debería ser lo más normal del mundo que un poeta presente un libro de poesía, en su tierra. Pero con el poeta leonés Víctor M. Diez nunca se sabe, cualquier otra actividad cultural sería lo más normal del mundo pues ejerce de eso que se ha dado en llamar agitador cultural, para bien. Sin embargo, en origen, es poeta, tiene alma de poeta pero hace otras muchas cosas aunque "jamás me quitaré la manía de escribir libros de esos de poemas", te dice cuando anuncia que va a presentar uno. Hoy lo hace, se llama ‘La tarea contraria’ y la presentación será este jueves a las 20 horas "donde Tato", es decir, en ese rincón tan especial al final de Padre Isla que es Ferecor ‘El Bar’. Con entrada libre.

–Y eso es lo primero que muchos se preguntarán, ¿un libro de poesía en un bar?
–Sí, es un sitio natural para los poetas, al menos para algunos. No tanto para los libros, pero hay bares especiales y libros especiales. Y la tarea lo es, habla de lugares físicos y de cierto espíritu. Habla de sitios que por alguna magia se convierten en ‘lugares’. Se vislumbran paisajes de Costa da Morte, aparecen las comadres de San Esteban o animales mitológicos del barrio del Ejido, entre otras cosas. Pero bueno, ya sabes que el poema es una alfombra envuelta que hay que desenrollar y que depende quién, dónde y cómo lo haga… El poema es un amigo al que acabas de conocer y que tendrás que encontrarte varias veces para saber si le entiendes y congenias con él.

El bar es un sitio natural para los poetas, al menos para algunos, hay bares especiales–Celebrar la presentación en un bar también ayuda a entender tus correos de invitación que, dicen, se trata de «un acto informal». Igual quieres decir algo más de lo que parece a simple vista.
–Sí, bueno, tiene que ver con que me siento cada vez más alejado del hecho literario. Escribir me es inevitable, pero los protocolos literarios cada día me producen más rechazo. La poesía no es exactamente literatura. Eso es largo de explicar. Prefiero hacer una convocatoria con gente a la que le interese lo que hago, pero que tomemos un vino. Yo se lo dedico y si alguien insiste mucho, le leo un poema al oído y así no molestamos al que está de charla en la barra o a las señoras que juegan la partida. Pero bueno, alguna vez echamos un poema ‘en alto’ y les gusta. Pero procuramos no cansar, aunque ya saben en el Ferecor que siempre puede pasar algo: una proyección, el relato de un viaje, un músico, un mago, un filandón… Lo saben y les gusta de reojo.

–El libro recorre lugares’, la presentación es en un bar de barrio, Ferecor, donde empiezan las montañas y termina la ciudad, es un rincón especial. Tato, su dueño, no para de proponer cosas que no parece que le correspondieran a un lugar así, no ceja en su empeño de mantener el espíritu de un barrio.
–Lo dices bien, amigo, se ve que conoces el paño. Tato es muy propositivo. A pesar de que se lleva sus decepciones, él quiere apostar por la ciudad, por el barrio y no para de empeñarse en que un bar sea algo más que un servicio de hostelería al uso. Hemos hecho muchísimas actividades allí, con toda la humildad, a veces para cuatro personas porque en estos tiempos está resultando difícil y queremos regular un poco el aforo. En fin, este pequeño rincón es un lugar en el mundo, desde luego en mi mundo.

–¿El libro está editado por una editorial extremeña: Liliputienses. ¿No encontraste un sitio más cerca?
–Sí, aunque he tenido maravillosas experiencias en la edición leonesa, desde la colección Provincia hasta Eolas o Marciano Sonoro, gentes estupendas y comprometidas con la edición y con más cosas importantes, gentes con una ética, diría yo. Mi humilde obra está dispersa por editoriales de aquí de allá: Barcelona, Madrid, Asturias y, sobre todo Extremadura, donde he encontrado lectores maravillosos. Donde gané, en su día, El Premio de Poesía de Mérida y fui publicado por De la luna libros un par de veces. Luego está José María Cumbreño, editor de Lliputinses, amigo y admirador no merecido. Hombre de titánicos empeños, organizó durante años el encuentro Centrifugados, muy interesante. Pero, como siempre las instituciones culturales le ayudaron a morir por asfixia. Su catálogo de poetas de más allá del charco es impresionante y a mí me tiene mucha ley. Está siempre atento a lo que hago y este libro me lo arrebató casi de las manos, antes de plantearme si publicarlo o dónde. Tengo amigos, tengo suerte.

Aquellas manos que aplaudían a nuestros sanitarios, ¿no podrían abofetear ahora a quienes les despiden?–Algo habría que decir del libro, la editorial dice de ‘La tarea contraria’ que supone "una nueva demostración de que nos encontramos ante uno de los nombres de referencia de la última poesía española, un artista que, poco a poco, ha conseguido crear una obra tan sólida como necesaria".
–Jugando con el título del libro no me atrevería yo a llevarle la contraria a la solapa de un libro, pero ciertamente me abruma. Como decía aquel amigo común después de una presentación muy elogiosa: "ya me gustaría". En fin, que lo lean y digan sin temor porque lo que sí me atrevo a decir es que es barato (9 euros) y si lo haces con ‘Maldito baile obligatorio’ te sale por quince, ¿quién da más?

–¿Y cómo buen agitador cultural en qué nuevos proyectos andas embarcado?
–¿Tienes tiempo? En telares, como siempre.

–De la pandemia ni hablamos.
–Uff. Bueno, una pregunta: ¿Aquellas manos que aplaudían a nuestros sanitarios, no podrían abofetear ahora a quienes les despiden?
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