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Enterrados, vivos en la memoria

Enterrados, vivos en la memoria

OPINIóN IR

13/06/2019 A A
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Enterrados, vivos en la memoria
Escucharon hablar de él hace ya mucho tiempo. Comentaron que podrían hacer algo al respecto. Ninguno sabía ponerle nombre al enterrado. Nada los unía a él, pero decidieron que no podían quedarse quietos. Debían ponerle nombre y, luego, encontrar sus restos para depositarlos donde correspondiera. Poco a poco fueron tirando del hilo, preguntando por pueblos de la zona, hablando con los más viejos del lugar, pidiéndoles que revivieran su niñez, para muchos preñada de dolor. Así consiguieron un nombre para el asesinado. Se trataba de Andrés Armentia, cuyo nombre seguía sin significar nada para ellos. Pero siguieron adelante. Supieron que era hijo de un vizcaíno (Bernabé) y de una buranesa (María) que trabajaban en casa de los Allende. Su delito, el de Andrés, no querer inscribirse en la Falange, nada más. Terminó por ello siendo asesinado, sin más. Casi 80 años más tarde trataron de buscar algún pariente cercano, y lo encontraron. Hicieron gestiones para poder dar comienzo a la búsqueda de sus restos. Sabían del sitio. Conocían al propietario del lugar. No fue fácil pero finalmente lo convencieron de la obligatoriedad moral de desenterrarlo. Obtuvieron las licencias oportunas para, en caso de encontrar sus restos, trasladarlos al cementerio de Las Salas. Fueron rellenando papeles, solicitudes, impresos e informes. En todo les ayudó la ARMH. Al final, hace ya algunas semanas, un equipo voluntarioso, primero a pico y pala y luego con ayuda mecánica, movieron toneladas de tierra, y de olvido, buscando algún resto por insignificante que fuera para darle sepultura pública y no cuneta o prado teñidos de odio de quién mata porque es cobarde. Lo intentaron todo, pero finalmente no fue suficiente. Tantos años de esfuerzo y al final no lo consiguieron. La desilusión fue tremenda pero aún así seguirán trabajando para dar luz a la oscuridad de los miserables que ven en estas búsquedas una afrenta hacia los asesinos y no una obligación hacia los asesinados. Tierra encima, virtual, para aquellos que no quieren hacer ni que otros hagan.
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