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Ensayo y error

Ensayo y error

OPINIóN IR

08/08/2018 A A
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Ensayo y error
Carl Sagan afirmaba que la mayor virtud de la humanidad era la duda, y su mayor error la fe. Pensar que nuestras creencias son absolutas, o que los conocimientos que tenemos no van a cambiar es una gran osadía, por eso, cuando nos equivocamos no nos gusta reconocerlo. Aunque eso es precisamente lo que nos permite avanzar y descubrir nuevos conocimientos: el error. Todos nos equivocamos, pero hay quienes nunca lo reconocerán. El orgullo dolido es, quizás, el mayor impedimento para aprender. Errar no es algo de lo que avergonzarse, sino algo que hay que aprovechar para incrementar nuestro saber, cuestionarnos a nosotros mismos, reconocer errores, que todos cometemos, aunque pensemos que no –como la atribución errónea del descubrimiento de la penicilina a Pasteur y no a Flemming, en esta misma columna el 26 de julio, y por el que me disculpo y también les aseguro que no se me olvidará–. Porque eso es lo bueno de errar, el aprendizaje que existe detrás y que debería ser, tal vez, más frecuente. ¿Qué pasa si nos equivocamos? ¿Qué es lo peor que puede pasar por reconocer un error? Quienes más reconocen sus propios errores y quienes más se cuestionan a sí mismo son quienes más avanzan; descubridores, investigadores y científicos quienes no entran en una guerra de orgullos exaltados cuando un colega les corrige, sino que aprovechan para enmendar sus fallos y avanzar. Enseñar a los niños que es malo equivocarse no supone un beneficio para nadie, porque eso conlleva a la incuestionabilidad de las cosas, lo que genera mentes planas que nunca desarrollarán un espíritu crítico. Por supuesto, nadie quiere estar equivocado, sin embargo, no siempre se siguen buenos métodos para averiguar el conocimiento. En un mundo lleno de desinformación, encontrar la verdad es complejo, aunque siempre hay una luz que nos puede guiar, solo hay que saber apartar a los demonios que nos ciegan. Si errar es humano, corregir es de sabios y perdonar es divino, como decía Pope, dejemos de lado los prejuicios que acompañan a la duda, desterremos el orgullo, reconozcamos y corrijamos nuestros errores, aprendamos y cuestionémonos a nosotros mismos porque, nos guste o no, nos avergüence más o menos, son la base del desarrollo de la humanidad.
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