Publicidad
En la ‘Bodega del Niño’

En la ‘Bodega del Niño’

EL BIERZO IR

Bodega del Niño en Cacabelos | Isidro Canóniga Ampliar imagen Bodega del Niño en Cacabelos | Isidro Canóniga
Alfonso Fernández Manso (texto) / Óscar Fernández Manso(cartografía) / Isidro Canóniga (fotos) | 14/08/2017 A A
Imprimir
En la ‘Bodega del Niño’
Gran Sil, un viaje a los secretos del noroeste (II) El viajero siguiendo el “Gran Sil” ha llegado a la comarca del Bierzo. En su periplo, el viajero ha encontrado una bodega y una tertulia muy especial
En su periplo, el viajero ha llegado al “Gran Sil” en El Bierzo. Ha ingresado en un país encantado, de nombre y fisonomía singular, circunscrito por ásperas e importantes sierras, rico en metales, exuberante en aguas, copioso frutos, pintorescos en tradiciones, poblado de monasterios y castillos, fecundo de antiguas memorias y preciosos monumento. Siguiendo esta descripción de José María Cuadrado el viajero no duda que El Bierzo es una de las comarcas más bellas y evocadoras de Europa. Y que su caprichosa forma circular estará repleta de mágicos espacios para mirar, sentir y vivir.

Pero el viajero busca en El Bierzo no sólo un encuentro con el paisaje pero sobre todo con su paisanaje, con sus gentes. Si el paisaje evoluciona y se transforma, el paisanaje hoy lastimosamente se extingue. El viajero ha seguido el curso del “Gran Sil” en una perpetua soledad. Es difícil encontrar alguien en las despobladas aldeas del Bierzo y, si alguien encuentras, cada vez es más raro intercambiar algunas palabras. El viajero llega cansado de la soledad del camino, una soledad obligada en un territorio cada vez más deshabitado. El viajero necesita hacer una pausa para comer y beber pero, sobre todo, para hablar. En su camino a Castro Ventosa, el centro histórico del Bierzo, se ha encontrado con la añeja “Bodega del Niño” de Cacabelos.

Dos entradas dan acceso a esta bodega y el viajero entró por la tranquila y vetusta calle Angustias para después salir por la moderna y ajetreada avenida de Galicia. La bodega fue para el viajero un verdadero túnel del tiempo. Al entrar el frescor, el fuerte olor a vino, la acumulación de cubas centenarias y la leve penumbra le trasladaron a algún lejano tiempo. Pero a medida que avanzaba hacia el otro lado de la bodega iba abandonando esa sensación antigua, al encontrarse carteles de películas míticas o recortes de periódico, y ,sobre todo, cuando el viajero se topó con un corro amplio de clientes que bebían y conversaban animadamente. El viajero recordó por un momento el calecho que había vivido el día antes en el Alto Sil.
¿Qué, haciendo el camino?. Le preguntó el “Niño” con toda naturalidad al viajero.

-No ¡Estoy descendiendo el “Gran Sil”!, contestó el viajero sin dudarlo. ¿Usted sabe eso de que “el Sil lleva el agua y el Miño la fama”? El Sil es más largo y caudaloso.

-¡Eso dicen!.¡Y sin contar los canales romanos!

El viajero no puedo por menos que explicar su punto de vista a todos los que allí estaba. -El Sil es un rio heroico, tan heroico que ha soportado que injustamente lo convirtieran en un tributario de un Miño mucho menos complejo, diverso y continuo. El Sil casi duplica al Miño en caudal y supera en 66,48 kilómetros de longitud al Miño. Podría seguir con argumentos hasta el infinito. Pero sobre todo el “Gran Sil” es un espacio cultural y ecológico que se ha fragmentado sin razón.

-Es verdad, dijo otro de los tertulianos. -Hace algunos años me fui con un grupo de amigos hasta La Guardia. Y la verdad es que sentimos como que nunca acabábamos de salir del Bierzo. El paisaje cambiaba pero lo hacía casi imperceptiblemente hasta llegar al mar. En el viaje nos acompañaron siempre viñedos, castaños, aldeas y, sobre todo, el Sil. Todo tenía una misma esencia, una continuidad. La verdad es que nos impresionó y en lo relativo al vino todo este territorio que usted llama “Gran Sil” podría competir en variedad e historia con las grandiosas regiones de Burdeos o Borgoña.

-Acaba de expresar mejor que nadie lo que es el “Gran Sil”, dijo el viajero emocionado.

-Además no os olvidéis de la luz. Las mismas increíbles y diversas luces del Bierzo las he encontrado en Vadeorras, Ribera Sacra o Ribeiro, afirmó un reconocido fotógrafo de Cacabelos cliente también de la bodega.
-¡Se le ha comparado con el Rin de las baladas germánicas!. Creo que lo leí en un libro del polígrafo gallego Otero Pedrallo, expresó otro erudito contertulio.

-Sí, es verdad, corroboró el viajero. Por cierto esa complejidad y riqueza la he ido observando claramente en El Bierzo, me recuerda mucho a La Rioja.

-Siempre he tenido la tentación de comparar El Bierzo con La Rioja, dijo otro de los tertulianos. Cuando visité los paisajes de La Rioja, sentí continuamente una evocación al Bierzo. El Camino de Santiago, los coloridos viñedos y bodegas, los pueblos antiguos con el perfil de las montañas de fondo. Como en La Rioja, el agua, el clima y los suelos proveen al Bierzo de un potencial agrario evidente, que se manifiesta en la reconocida calidad de sus cultivos y productos agroalimentarios.

- ¿Entonces cuáles son las diferencias?, preguntó el viajero.

- Constantemente me he preguntado que hubiera sido del Bierzo si no hubiera caído en la tentación económica del “monocultivo del carbón”, si hubiera centrado su desarrollo, como La Rioja, en los recursos agrarios. El carbón se convirtió en la actividad central e imprescindible y, mantuvo durante algunos años esa idea irreal de “la Comarca del dólar”, de la riqueza infinita e inagotable.

- ¿Y por qué no se ha aprovechado toda esta riqueza?, preguntó de nuevo el viajero. 

-En realidad, como el tiempo ha demostrado, ese modelo económico dependiente, depredador y de bajo valor añadido ha sumido a este territorio en una fuerte depresión de incierta solución. La historia de otros lugares similares nos recuerda que las economías mineras finalmente acaban convirtiendo los territorios en que se asientan en “comarcas fantasmas” dejando tras de sí un drama económico y ambiental de gran magnitud. En aquellos bellos horizontes riojanos sólo me faltaba una cosa: las inmensas chimeneas de cientos de metros de Compostilla. Este elemento simbólico es determinante para entender las claras diferencias económicas y ambientales entre ambas regiones.

La tertulia continúo un buen rato más y se conversó con pasión sobre El Bierzo, el vino, las setas y, ¡cómo no! el “Gran Sil”. Finalizada la tertulia, el viajero marchó a dormir a un alojamiento cercano pensando que conversar también es una forma de conservar, y que animaría con sus escritos a visitar esta reliquia de bodega única y extraordinaria para que nunca se cerrara. La “bodega del Niño” es uno de los pocos lugares donde el viajero todavía puede hablar de lo divino y de lo humano entorno a una vasito de buen clarete. El Niño, su dueño, sigue cuidando y elaborando vinos sencillos y verdaderos. Pero sobre todo su mayor aporte es ofrecer un lugar de reunión de campesinos e intelectuales, de castizos e ilustrados. Un espacio que mezcla lo apolíneo y lo dionisiaco. Todo es posible en este lugar, en este gran túnel del tiempo.

El sueño se apodera del viajero, pero antes de dormir vuelve a su diaria ceremonia literaria. Hoy no con el libro de Eliseo Reclus que lo acompaña, la conversación mantenida en la “bodega del Niño” lo ha animado a releer algunas notas tomadas del libro “Vidas a la Intemperie” del ruralista Marc Badal. Estas fueron las últimas palabras que el viajero ojeó aquel día maravilloso, palabras hondas y veraces: “La desaparición del campesinado puede entenderse como el fin de un mundo. el punto y final de un relato que prosigue en otras latitudes pero no en la nuestra. Provenimos de un lugar que no hemos conocido y no serán los campesinos quienes nos cuenten cómo era. No dejaron escrita su historia antes de irse en silencio. Víctimas de un etnocidio con rostro amable, salvaron los cuerpos pero su espíritu no resistió el embate de la modernidad. Los campesinos vivieron siempre a la intemperie. Expuestos a una relación de fuerzas que les sobrepasaba. Somos sus huérfanos, pero no lloramos la pérdida. Un muro de contemporaneidad nos impide contemplar las ruinas que explican nuestro tiempo: ningún vínculo nos sujeta al pasado. También nosotros vivimos al descubierto en un presente continuo y absoluto”. ¡Buenas noches!
Volver arriba
Newsletter