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En el Museo de León

En el Museo de León

EL BIERZO IR

Territorio, capítulo 52. | Casimiro Martinferre Ampliar imagen Territorio, capítulo 52. | Casimiro Martinferre
Casimiro Martinferre | 28/09/2015 A A
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En el Museo de León
Territorio, capítulo 52 "Los invitados van llegando. Bienvenidos, pasad, estamos contentos de recibiros. Adelante, las obras ya están dispuestas por un especialista con mucha vista"
Con motivo de la muestra fotográfica colgada en el Museo de León hasta el 18 de octubre, compuesta precisamente por algunas de las fotografías que van apareciendo en este serial “Territorio”, quisiera diseccionar la inauguración, durante la cual, exceptuando al anónimo público, no todo lo que brilló fue oro. Es indispensable para comprender y quitarle hierro a las lamentables rimas, que en realidad son canción, ponga el lector como fondo música del maestro Jaume Sisa.

Los invitados van llegando. Bienvenidos, pasad, estamos contentos de recibiros. Adelante, las obras ya están dispuestas por un especialista con mucha vista.

Las primeras en arribar, dos señoras del brazo agarraditas, chiquitas. Leen las cartelas, se persignan, miran las fotografías, pecador dicen que rezarán por mí avemarías.

Entrad, entrad gratis total y escucharéis al mandamás del Museo, esforzándose en hacer una presentación sentida, original, aunque carezca de presupuesto cultural.

El director de La Nueva, fina estampa, aguda pluma, elegante escucha delante. Atento a la perorata del autor porque raudo ha de marchar, a presidir, a pregonar, morcilla de buen yantar.

Ante la imagen de la bella durmiente, de sumo miedo latente, la niña azul Carlota recuerda a su querido peluche Margarito, encontrado en la calle, abandonado, pobrecito.

El hijo amado, que sale cansado de trabajar, Lucas, quiere a su padre acompañar.

¡Oh pasad, hasta el fondo, esta es la casa de todos! Os aguardan el espantapájaros vigilante, Sancho Panza y Rocinante, doña Asunción la costurera, don Brindis con un plato de cocido espera.

Me saluda el gerente de la fotográfica asociación. Expresa enorme devoción, aunque todavía el abajo firmante tenga clavado, en la espalda, su rejón.

De pronto saltó al ruedo un espontáneo. Aprovecha de extranjis la coyuntura para lubricar, unos pases de discurso capear, figurar. Queriéndome hacer a la fuerza deudor de quien nunca fui, seré o sería, desvaría.
Recibes la crítica del aficionado digitalizado, barba blanca, cámara en ristre, flash. Comparece a reconocer los errores que te advierte, nada más.

Premiado por la presencia del amigo, con el que apenas coincido en lo que pienso ni digo. No asistió ningún otro pariente valiente, perdidos en la indiferencia del olvido, correspondido.

La modelo sofisticada, huele a flor alambicada. Miente, pues su hermosa presencia encubre corazón doliente.

Ojos profundos, carácter. Visual inteligente de azahar y alhelí, piel blanca entre peligrosas curvas presentí.

¡Pasad, pasad al solemne edificio donde reposa en urnas la humanidad! Reid, quizás llorad, encontréis en las imágenes sosiego, huraños valles donde habitan almas de orfandad.

Una mujer de Toreno, vestida de chenilla, mucho bueno. Digo mal, junto al aurífero Sil era de Pradilla.

De rebote apareció la presidenta del instituto, siempre con buenas palabras, siempre falta de subvención, excepto para los libros de algunos: gruesa y bonita edición.

El señorón del sombrero pasa ligero, demorar el paso en vano nunca quiso ni quiero. Regio caballero, feudo, pastón, sin dividendo huelga emoción.

Y la periodista lista, vivaracha, sefardita. Documentada, elegante y tan radiante, dos besos da, el hipo quita.

La funcionaria leonesa, valquiria grandota, buen alimento denota. Delantera flamante, potente buque hacia avante, por detrás a todo gas. Criada con leche del norte y cecina de chivo, por la tal fermosura resultante el sueño no concibo.

¡Estáis invitados, paso franco! Os esperan el demonio, las pícaras ondinas, la Venus mutilada, Prometeo. Os aguardan balas perdidas y los restos de Cristo.

El chaval repeinado, ante la desnuda emperatriz, intrigado, mete un dedo en la nariz.

Un tipo silencioso, circunspecto, ajusta las gafas, enfoca, descubre en efecto. Con voz tan baja que casi grita, ofrece la mano, felicita.

De la galería, Margarita. Labios de pitiminí, tan bonita, pone fechas de exposición y quita, vuelve a ponerlas, duda, medita. No se arriesga, finiquita.

En último lugar, servidor. Pájaro de mal agüero, triste cantor, en el negativismo furor. Orador nada entrenado, proclama emocionado: reconozco a todos por acudir, agradezco igualmente aplausos y estocadas. Faltas tú, eres el más importante, ¿a qué esperas para venir?

León, septiembre de 2015.

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