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En buenas Manos... Unidas

En buenas Manos... Unidas

OPINIóN IR

10/02/2019 A A
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En buenas Manos... Unidas
Por estas fechas siempre me pregunto por qué tiene que ser una institución (digan si quieren una ONG) de la Iglesia la que tenga que apechar con una tarea que sobrepasa a sus voluntarios: el hambre en el mundo, la Campaña contra el Hambre. Y, por extensión, me sigo preguntando por qué el grueso de los fondos que se acopian con ese fin tiene que ser recolectado en las Misas parroquiales de tal día como hoy y por medio de otras iniciativas también confesionales (rastrillos, comidas, mercadillos, conciertos… solidarios).

Ante el hecho de que más de 800 millones de personas en este planeta pasen hambre o vivan en estado de desnutrición, no parece razonable que sea un ente religioso el que asuma, casi en exclusiva, esta causa. Si hay suficientes alimentos para nutrir a cuantos poblamos el planeta, si aún no están agotadas todas las posibilidades de producción de alimentos, si son millones de Tm de comida los que se van a la basura cada día, que haya alguien que pase hambre es, para los demás, un delito de lesa humanidad, aunque no pueda penalizarse de manera formal.

Caminos habría para acabar con esta vergüenza de nuestra sociedad del bienestar. El primero y más eficaz sería el de un acuerdo universal entre todas las fuerzas políticas; sería… «dicho y hecho». Otro estaría en el consenso fáctico entre todas las instituciones sociales y cívicas que canalizaran una «globalización de la solidaridad»; igualmente rápido y eficaz. Otro, que podría ser la unión de los dos anteriores, llevaría a los políticos a poner en manos de las instancias intermedias (llamémoslas ONGs) los recursos suficientes para erradicar el hambre y la subalimentación; la solución llegaría en pocos meses. Pero… Caminos utópicos. Con los pies en el suelo, ocurrirá que la medida que objetivamente está a nuestro alcance, individual y familiar, es adoptar «otro estilo de vida», tal como pide el papa Francisco en su encíclica sobre «el cuidado de la casa común» (‘Laudato Si’).

Una tarea de hormiga en este asunto es la que lleva haciendo Manos Unidas, la ONG de la Iglesia frente a este drama, en sus 60 años, justos y cabales, de existencia. Saben como nadie del problema del hambre, pero también del subdesarrollo, de los descartes, de las demagogias, de las corrupciones, de las depredaciones, de los genocidios… La solución de la tragedia está en buenas manos. En buenas Manos Unidas. Pero necesitan nuestro apoyo. Afectivo y efectivo. Y, por favor, sin discriminaciones positivas hacia los católicos. Aunque estas los honren.
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