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Empresarios

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OPINIóN IR

18/02/2021 A A
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Anda David Rubio, director del periódico en el que uno escribe, con un rebote importante a cuenta de la desmemoria de nuestros políticos y el sesgo ideológico de los empresarios leoneses. ¡Ay, hombre de mucha fe!, ¡cuántos batacazos te quedan por recibir por esperar algo de esta panda de vividores! Uno, que es bastante más viejo que tú y que ha conocido a muchos representantes de ambos colectivos, tiene la seguridad de que es como pedir peras al olmo: un desastre.

Los empresarios leoneses, la mayoría, heredaron su negocio o su empresa de sus padres y éstos de sus abuelos. No han tenido que esforzarse nada en absoluto para conseguir algo provechoso en la vida: les ha venido dado. Sabido es, también, que cuándo un abuelo crea una empresa, los hijos, mal que bien, la mantienen, y los nietos la cierran. Estoy generalizando y sé que no es justo hacerlo. También, entre esa gente, las hay con iniciativa y con imaginación y que logran, con mucho esfuerzo y trabajo, que su empresa sea productiva y crear puestos de trabajo. Hoy en día, para nuestra desgracia, el único sector que tiene futuro en la provincia es el hostelero, y ni eso, con este cristo de la pandemia, y los trabajadores a los que puede contratar un bar o un restaurante son, por desgracia, pocos. Se fueron, para no volver, las minas; se destruyeron cientos y cientos de explotaciones agrícolas y ganaderas, porque lo que podemos producir aquí lo producen en otros lugares mucho más barato y mejor. Los agricultores y los ganaderos sobreviven gracias a la PAC y a otras escasas ayudas de la Unión Europea, no porque sean rentables sus explotaciones. ¿Cómo va a competir un labrador berciano, con sus pimientos, contra un murciano que tiene todo el sol que necesita, que no sabe lo que son las heladas y que los puede cosechar en marzo? Lo que no puede ser, no puede ser y, además, es imposible. Y que no me hablen de la calidad y esas bobadas. Hoy en día, los pimientos del Bierzo son primos hermanos de los navarros y de los levantinos. Además está la picaresca. Hace ya tiempo, en una de las visitas que solíamos hacer a Médulas, me encontré con unos paisanos que vendían sus productos al pie de la carretera. Pregunté lo que costaban y compré dos botes de pimientos. Al llegar al pueblo, un amigo me vio cargado con esa impedimenta y me inquirió dónde los había adquirido. Cuando se lo dije, se ‘escojonó’ de la risa. «Incauto, –me llamó–, este elemento va a Ponferrada, al súper, y allí compra un bote de cinco kilos de pimientos de los de Martínez. En casa, los traspasa a botes de cristal y los vende como suyos; con dos que venda, paga la compra, y el resto son ganancias». Me llamé a mi mismo inútil y zopenco todo lo que quedaba de día.

David, estamos derrotados por nuestra complacencia y nuestro silencio. Somos cómplices de todo lo que no hacen nuestros políticos y nuestros empresarios; es un delito de omisión el que cometemos con estar callados como putas.

Si uno no espera nada de los empresarios, ¡que decirte de los políticos! En estos cuarenta y pico años de democracia, lo único que han hecho es nada. No han defendido a sus votantes y a su tierra nunca. Han defendido, con uñas y dientes, su puesto. Y herniarse, para que nos vamos a engañar, no se hernian trabajando. Ellos y el Partido; nada más tiene importancia. Escribí, hace dos años, una columna dónde contaba como habían conseguido en las Tierras Altas escocesas vencer la despoblación crónica que padecían durante decenios. Fue muy sencillo: crearon ‘una mesa’ en la que fueron excluidos los políticos. Los que mandaban, los que tomaban las decisiones, eran los profesores de la Universidad de Inverness y los jóvenes emprendedores que querían llevar una vida lejos de las grandes ciudades. En pocos años, las Tierras Altas aumentaron su población en sesenta mil personas. Una de las cosas que más me llamó la atención, fue una foto en la que los veinte habitantes de una aldea inauguran un aerogenerador con el que consiguieron la luz gratis para el pueblo y sus negocios. Vale, también, que cuentan con un entorno envidiable y maravilloso, pero aquí estamos sobrados de belleza natural y mira para lo que nos sirve. El éxito de aquel proyecto llevó a los sorianos y a los turolenses, que están bastante peor que nosotros, a copiarlo y, ¿sabéis lo que ocurrió?: fue un desastre, mayormente porque se olvidaron de cerrar la puerta cuando entraban los políticos. Las revoluciones siempre tienen que empezar en el pueblo; cuándo los que mandan son los que las promueven, fracasan o de alejan de sus metas iniciales. Por eso, y por otras muchas cosas más, debemos ponernos en marcha para quitarles ese poder que consideran suyo y que, por supuesto, no lo es. El poder siempre, siempre, debe de ser patrimonio del pueblo. Salud y anarquía.
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