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Embajadores de la Venatoria

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07/07/2018 A A
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Embajadores de la Venatoria
Ustedes ya saben, porque lo he repetido hasta la saciedad que no me gustan las piscinas. Y hoy pretendo explicarles el motivo por el que evito esos lugares donde sí están bien empleadas ‘las chanclas’.

Consciente de que esta columna me traerá alguna regañina de mis queridos padres, pretendo contarles que yo participé, un poco, de los 50 años del equipo de natación de la Venatoria.

Nunca fui un gran nadador, engrosaba la lista de lo que popularmente se dice ‘del montón’. A diferencia de otros chicos a los que sí les gustaba ir a entrenar, a mi la natación nunca me gustó mucho, pero cuando eres pequeño tus padres te obligan a hacer ciertas cosas, que siempre van unidas al «es por tu bien». Por lo tanto no te queda más remedio que joderte e intentar llevarlo de la mejor manera. No voy cuestionar frases como que la natación es el deporte más completo y el más saludable, pero que dichas por personas que aún guardan el Meyba en el cajón, no hacían más que alimentar un rechazo que bien podría haberse evitado, por ejemplo predicando con ejemplo y haciéndose unos metros a mariposa.

Dejando a un lado el ‘trauma’, el mero hecho de ir a entrenar casi todos los días, organizar la bolsa de deportes, vestirte y desvestirte varias veces al día, secarte el pelo a la fresca con cero grados, y el sacrificio que todo ello conlleva (no nos olvidemos de que es un deporte individual, donde no existe el escaqueo), son hábitos o buenas maneras, que ahora vistas desde la distancia son necesarios para la completa formación de un ser humano.

Recuerdo aquellas tardes y lo cansado que llegabas a casa y sobre todo la puta campana, que nos avisaba de los últimos 50 metros en las grandes pruebas. Todo esto y más, hace que no sea aficionado a las piscinas climatizadas y a los centros deportivos en general, para desgracia de Dimas y de la madre en apuros.

La Venatoria celebra 50 años de natación, y su equipo de natación a lo largo de estos años ha sido uno de sus referentes y seguramente el mejor embajador de la sociedad.

Por eso el jueves cuando vi en la prensa al equipo recibido por las autoridades, magníficamente dirigido por los hermanos Jesús y Óscar Martínez, por cierto ahí sí tienen un gran ejemplo de jóvenes empresarios, me vienen a la memoria grandes personas y por encima de todo recuerdos, como el día que debutamos junto a mi hermana y mi primo, frente a otros chicos en la climatizada del hispánico, los viajes a Salamanca, Torrelavega y por supuesto mi abuelo Armando que se compró un cronómetro profesional para tomar los tiempos.
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