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Elites decepcionantes

Elites decepcionantes

OPINIóN IR

28/01/2020 A A
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Elites decepcionantes
Los acontecimientos históricos de nuestra Patria señalan evidencias que deberían sonrojarnos a todos y especialmente a los cuadros directivos de la nación, comenzando por las altas instancias y terminando por el último responsable político del país, sobre todo cuando se ha desprendido de todo ello un complejo de inferioridad manifiesto para todo un pueblo que sostuvo con orgullo ser el faro mundial durante una época prolongada de la historia.

Hay una dejadez y una práctica adocenada del ejercicio público que clama al cielo y que se refleja de forma insistente en nuestras formaciones políticas y que señala la dinámica que debemos soportar actualmente todos los ciudadanos.

La escritora e historiadora Elvira Roca Barea, y autora del libro ‘Imperiofobia y leyenda negra’ fue muy clara y meridiana al expresar en la clausura del Foro Cultural de ABC Córdoba cómo surgió la mala fama de España, explicando que no es que los españoles sean buenos o malos en comparación con sus vecinos de ubicación europea, sino que son éstos los que tratan de arrebatar ese prestigio y las elites españolas se dejan sustraer lo que habían logrado de forma asombrosa y renunciado al orgullo y el ejercicio de soberanía, en un acto legítimo en todos los pueblos que luchan por conseguir un lugar de influencia en el mundo. Habría que investigar de que manera se dejan convencer y que reciben a cambio.

Todas las potencias sufren consecuencias de su expansión y ambición porque al conseguir territorios extensos no consiguen administrarlos con eficiencia y seguridad pero se pueden mantener vínculos e influencias sin perderlos de forma onerosa como ha sido el caso español y sobre todo por el varapalo confiscatorio de sus vecinos ingleses, franceses, holandeses, alemanes, etc. Y, lo que es peor, aceptando de manera humillante el ser potencia de segundo orden ninguneada constantemente en Europa.

La profesora Barea afirma: «España tiró la tolla en el siglo VIII y ahí sigue tirada».

España además gestionó mal el cambio de dinastía y el virus del nacionalismo, demostrando así que sus elites no estuvieron a la altura de las circunstancias y siguen en ello de forma cazurra y recalcitrante. Con el espectáculo lamentable que se está ofreciendo hoy viviendo los acontecimientos en vivo y dejando con las vergüenzas al aire a muchos protagonistas de nuestra sociedad que vuelven a repetir actos de cobardía, traición y dejadez de sobra conocidos.

En este comienzo de siglo quedan de manifiesto todas las veleidades y sinrazones de la sempiterna gestión política española: organización territorial, nacionalismos, Constitución, desigualdad, aumento de la burocracia, crecimiento de la deuda pública, debilidad educativa, extensión de la corrupción y desprestigio de los gestores que siempre ansían el poder que predican una cosa y cuando se sientan en el sillón practican otra.

Lo cierto es que España siempre ha experimentado momentos excelentes y otros vergonzantes .Su trayectoria representa una curva en sierra, donde las elites no han estado a la altura de las circunstancias porque los enfrentamientos civiles han colmado los anaqueles de la Historia.

De lo que estamos seguros es que de este marasmo no se saldrá con estas elites que avergüenzan al ciudadano normal que tributa y cumple las leyes, frente a los que las tuercen, retuercen y no las cumplen, sino con el trabajo de siempre, la honradez de siempre y el amor por su país de siempre, y que de todo ello es depositario el pueblo español del que saldrá, alguna vez, el grupo que liderará el cambio de verdad, sin proselitismos excluyentes y demagogias caducas.

No hay nada más explícito y más sabio que el refranero español que dice: «el que mal anda mal acaba», «el que la hace la paga» o «no hay mal que cien años dure». Aunque algunos por pisar moqueta unas horas dan hasta la vida.
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