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Elisa, Carles, Sobredo: Arte... Sano

Elisa, Carles, Sobredo: Arte... Sano

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Carles y Elisa explican con evidente pasión de artesanos alguna de las piezas que tiene en su taller. | F. FERNÁNDEZ Ampliar imagen Carles y Elisa explican con evidente pasión de artesanos alguna de las piezas que tiene en su taller. | F. FERNÁNDEZ
Fulgencio Fernández | 13/02/2022 A A
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Elisa, Carles, Sobredo: Arte... Sano
Artesanía Treinta años llevan afincados en este casi vacío pueblo del Bierzo en su taller A Noitiña
Llegar a Sobredo, en el municipio de Sobrado, es fascinante, por cualquiera de las dos entradas. O bien por una estrecha carretera envuelta en bosques de madroños, encinas y robles o también por otra estrecha carretera desde la que puedes ver y disfrutar «todo el Bierzo» en un golpe de vista, a tiro de un disparo de fotografía. Avanzando por el camino se te disipan las dudas que te planteaba pensar qué harían en Sobredo Carles y Elisa, en su taller de cerámica y vida A Noitiña. El catalán Carles Morant, que se encarga del taller de cerámica, la leonesa Elisa Vidal, un torrente imparable que rige los destinos del taller sin edificio de vida que también allí existe.

— ¿A noitiña?

— En traducción textual sería la nochecita; en traducción libre sería el anochecer, el crepúsculo... todos ellos son conceptos bellos y la belleza de las cosas buscamos aquí.

Carles llevaba la cerámica en la sangre. Su padre no solo era artesano, era de la tierra de la artesanía. «Los recuerdos más nítidos de mi infancia son los de las mañanas de domingo con mi padre, inmigrante de Agost, que era un conocido centro alfarero de Alicante y que hacía demostraciones de torno. Y  antes las había hecho su padre, mi abuelo, en el Pueblo Español de Montjuïc en Barcelona».

Y en Barcelona ya nació Carles.

Mi destino parecía vinculado al negocio de la familia en la hostelería; pero a los 18 años sentí la necesidad de volar, primero a Barcelona y desde hace 35 años a la ‘soledad’ de SobredoElisa es miembro de una conocida familia de hosteleros leoneses, hermana del popular Marquitos, de La Bodega Regia, y aunque le llamaban la cocina y sus secretos, que le siguen gustando, con 18 años sintió la necesidad de volar. Y su vuelo desembocó en Barcelona, se formó y vivió, trabajó en el mundo de la sanidad, se podría decir que tenía la vida resuelta pero nuevamente sintió la necesidad de volar y ahora su vuelo llegó a este rincón espectacular de Sobredo. Hace 35 años.

Tres o cuatro años después Sobredo se convirtió en el destino de los dos, de Carles y Elisa, del Taller de Cerámica ‘A noitiña’ un lugar de creación y vida.

No es ningún milagro. Carles llega a tierras leonesas arropado con una solida formación, después de estudiar en la Escuela Massana y en la Escuela de Cerámica de La Bisbal, entre el 1981-1988, con profesores que son verdaderas leyendas en el oficio. «El carácter diferente y las formas de hacer de estas profesoras —María Bofill, Rosa Amorós, Elisenda Sala, Isabel Barba, Teresa Magrià, Conxita Payero...— marca mi futuro aprendizaje, amplio y complejo (y de forma continuada) y la línea de todo mi trabajo. La cerámica en la Massana está marcada por la importante aportación del primer profesor titular, Josep Llorens Artigas, un artista muy influyente en la cerámica contemporánea mundial», y así abrió su primer taller «en mi vivienda particular en el barrio del Carmel de Barcelona con la ayuda de Rafael Teixidó, antiguo ayudante, como tornero profesional».

Estos dos años con la pandemia estaremos seis u ocho personas pero nos habíamos quedado casi solos... y felicesHabría mucho más que contar de Carles Morant pero hoy nos trae hasta él su taller en Sobredo, donde son (él y Elisa) prácticamente los únicos vecinos estables. «Estos dos años con la pandemia estaremos seis u ocho personas pero nos habíamos quedado casi solos... y felices», explica Carles y Elisa añade, o matiza: «Que también somos felices con que haya más gente, por supuesto, lo que queremos decir es que el lugar es fascinante en sí mismo». De hecho, en ese momento, Elisa nos deja un rato pues se va con una vecina para que pueda tener una videoconferencia con su médico «porque tenemos mejor cobertura». Lo hace encantada y detiene a dos vecinos que van de paseo para conversar y ofrecerles un café o unos lirios, que ya han florecido en este rincón que, explica, «es como una hoya y está muy protegido».

Con Carles vamos recorriendo el taller, lleno de piezas muy diversas, pues «me pongo a trabajar, ensimismado, y no me entero del tiempo. E investigo, investigo mucho, me encanta probar. Mi filosofía es que todo se puede hacer, cuando alguien me dice ‘¿se podría hacer...?’ no le dejo seguir y le digo ‘sí se puede’, ahora dime el qué y ya nos ponemos a mirarlo».
Junto a ese sí se puede ‘de lo imposible’ trabaja las piezas cotidianas y necesarias, útiles: platos, lavabos realmente singulares, jarras, bisutería...

Y crea. Se nota en sus trabajos. Su último descubrimiento es con la tradicional pizarra de la comarca, la metió en el horno a más de 1200 grados de temperatura y salen unas piezas con las que hace numerosos trabajos. «A fin de cuentas la pizarra es una roca metamórfica. Hay que darle su punto». Y se lo dio.

- ¿Y esta máquina de coser?

- Pues también la metí en el horno a ver qué ocurría y ha quedado una pieza que me ofrece todas las posibilidades del mundo, ahora le estoy dando vueltas a ver qué hago con ella, por dónde sigo.

Y así convive con llamativas piezas de fotocerámica, esmaltes, porcelana, joyería, piezas personalizadas por ejemplo de carteles de casas rurales o jarras de cerveza... y piezas creadas con una impresora 3D. «Bueno, con dos impresoras. Algunas de las que hay por aquí las he hecho con una que me compré y ahora me estoy construyendo otra a la medida para mí». Y allí la tiene, a punto de ponerse a parir piezas «como churros», dice bromeando pues una de las piezas, en la que introduce ‘el barro’, se parece a cuerpo central de las viejas churreras. Pero en A noitiña nada se hace «como churros», todo lo contrario, de hecho Morant reflexiona cómo se ha prostituido la palabra «artesano. Ahora se le llama artesano a todo, incluso a cosas que por definición no lo son. La artesanía es otra cosa, los artesanos somos otra cosa, somos gente que estamos aquí desde el principio de los tiempos y estaremos siempre, porque somos otro fruto de la misma tierra que trabajamos».

Carles, que también ofrece talleres y realiza exposiciones, acude a ferias, cumple encargos, sigue a lo suyo, Elisa bromea con que «hay que pedirle que pare un poco, que le de descanso a la cabeza porque no deja de darle vueltas a lo que trae en mente». Elisa sigue a sus cosas, a sus flores y sus conversaciones, a su forma de ver el mundo y sus gentes, a su buen rollo y proyectos tan bellos como las pequeñas lápidas que hacen «para el cementerio de animales del Bierzo, en vez de poner su el nombre de las mascotas hacemos su huella».

Y pasean por el pueblo, convencidos de que «Sobredo está en nuestras obras».
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