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El último, que apague la luz

El último, que apague la luz

OPINIóN IR

16/09/2021 A A
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El último, que apague la luz
La frase que da título a estas líneas nace de un legendario grafiti que ilustraba la severa situación de miles de uruguayos a finales de los años 60, puesto que tuvieron que abandonar su país forzados por una dictadura militar y para no morir de hambre. He de reconocer que desconocía su origen, pero la frase me vino a la cabeza como conclusión de mis devaneos sobre lo que hemos vivido durante los últimos días en esta nuestra provincia, cuyo destino se escribe en buena medida a orillas del Pisuerga.

La cosa viene a resumirse en que una parte de la administración de esta nuestra comunidad ha pedido la retirada de la reforma sanitaria dibujada por la otra parte con el único fin de remover el estercolero político, porque al día siguiente todos se avalaban para mejorar el sistema con una propuesta que es en esencia la misma que se echó abajo a pesar de que ni siquiera estaba aprobada. Vamos, que no es que se vayan a cerrar los pequeños consultorios, sino simplemente que no se van a abrir.

Quizá suene un poco a la escena de la parte contratante de los hermanos Marx, pero lo cierto es que la política autonómica se parece cada día más a su mítico camarote, en el que aún queda sitio para un cabecilla de la oposición cuyo discurso clama al vacío y levita sobre la nada, salvo que tenga una chistera de la que salgan médicos en lugar de conejos.

Y no andamos mucho mejor a orillas del Bernesga, donde en vez de un camarote –recuerde la que se lió el día que se juntaron todos en la última visita del inefable exministro Ábalos– optamos por una yincana para que el responsable estatal de la cosa de internet explicase en cada institución las buenas intenciones de un plan que llega demasiado tarde. Poco después, cada uno quiso hablar de su libro –hubo incluso mensajes llegados desde tierras burgalesas– para colgarse la medalla sin dar explicación alguna sobre tanta promesa incumplida en materia de conectividad.

Y todo mientras nuestros pueblos se siguen desangrando y cada vez más jóvenes se ven obligados a hacer la maleta por la dictadura de la incompetencia política y del conformismo social. El último, que apague la luz, que está cara.
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