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El triplete tailandés del nómada leonés

El triplete tailandés del nómada leonés

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Diego Bardanca, con el trofeo de campeón de liga y celebrando el éxito en el césped. | BURIRAM Ampliar imagen Diego Bardanca, con el trofeo de campeón de liga y celebrando el éxito en el césped. | BURIRAM
Jesús Coca Aguilera | 26/06/2022 A A
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El triplete tailandés del nómada leonés
Fútbol Tras jugar en 8 países diferentes en las 5 últimas campañas, Diego Bardanca cierra su mejor año tras ganar liga y las dos Copas con el Buriram y debutando con la selección de Filipinas
Con 14 años, siendo todavía un jugador infantil que despuntaba en la cantera del Puente Castro, Diego Bardanca se fue de casa para brillar en el mundo del fútbol. Y desde entonces, aunque nunca ha dejado hacer gala de leonesismo y de apoyo a los equipos de la ciudad, no ha parado de moverse por España y desde hace años también por el extranjero.

Porque desde 2017, su vida se ha convertido en un carrusel de aventuras y experiencias, con las maletas siempre listas y un continuo ir y venir por diferentes países de Europa y Asia.

Hasta entonces, tras pasar por las canteras del Deportivo de la Coruña y el Valladolid o por el filial del Huelva, su carrera seguía un cariz habitual al jugar en equipos de Segunda División B como Eldense, Atlético Levante y Jaén.

«El fútbol es una escuela de vida para mí, es la forma de vivir mis pasiones y conocer culturas y puntos de vista» Pero en el verano del 2017 decidió arriesgar y firmar por el SJK Seinäjoki de Finlandia. La experiencia le gustó y fue el inicio de los ocho países distintos en los que ha jugado en las cinco últimas campañas. Volvió a España donde estuvo en Ibiza y Gimnástic, en dos etapas diferentes jugó en Polonia en el Bytovia Bytow y el Puszcza Niepołomice, se fue a Serbia donde militó en el Indija y a Eslovenia para vestir la camiseta del Gorica, se estrenó en Asia yéndose a Uzbekistán al Lokomotiv Tashkent y en esta campaña debutó con la selección de Filipinas ya que tiene también pasaporte de ese país y militó en Tailandia en el Buriram.

Y en ese equipo ha podido por fin, a sus 29 años, saborear los títulos. Había logrado un ascenso, perdido otro en la promoción así como una final de Copa en Finlandia, pero nunca había levantado un campeonato... hasta este año donde lo ha hecho por partida triple.

«La gente lo vive de forma tremenda aquí. En casa van  unas 30.000 personas, fuera se desplazan más de 5.000» El triplete tailandés del nómada leonés ha llegado con el Buriram, que llevaba cuatro años sin ganar nada y en esta campaña, con Bardanca siendo imprescindible en sus esquemas, se ha llevado tanto la liga como las dos Copas de ese país, la FA Cup y la Revo Cup, cayendo en la ‘Champions’ asiática en los penaltis ante uno de los grandes favoritos como era el Daegu coreano.

Un éxito rotundo que le ha llevado a encontrar en Tailandia la estabilidad que aún no había tenido en toda su carrera profesional, donde no había repetido temporada en el mismo equipo, algo que hará en un Buriram con el que ha renovado hasta 2024, y con quien tras diez días de vacaciones en su León ya se ha incorporado para preparar una nueva temporada en la que buscará repetir títulos y accederá directamente a la fase de grupos de esa Liga de Campeones de la AFC.

«Siempre digo que hablo con autoridad del fracaso, había estado cerca muchas veces de los éxitos sin lograrlos, pero este año se ha roto esa brecha de la mejor forma posible», asegura el leonés, que explica cómo el Buriram «ya me había sondeado varias veces aunque sin acabar de darse, pero sí tenía referencias mías. En principio firmé con un contrato más corto, les gustó mi partido de ‘Champions’ y seguí hasta final de temporada. Aunque es el equipo con más solera y prestigio del país le estaba constando volver a la senda vez de la victoria y ha terminado regresando con el triplete, que era la primera vez en su historia que lo consigue».

Desde 2017 jugó en Polonia, Finlandia, España, Eslovenia, Uzbekistán, Tailandia, Serbia y con la selección de Filipinas Tan bueno ha sido el año que ha extendido su vinculación por dos más, poniendo freno a esa ‘vorágine’ de cambios constantes de liga y país. «Para el mí el fútbol ha sido una escuela de la vida, la forma de vivir mis pasiones y a través del balón conocer otros países, otras culturas y formas de vida, de religión, de diferentes puntos de vista, de viajar que me entusiasma... Es un privilegio poder hacer de tu profesión tu pasión, pero se agradece no hacer la mudanza de un año al siguiente, que hasta ahora me tocaba siempre pero porque siempre prioricé lo que era mejor para mi futuro por encima de lo que me podía decir la mente o el corazón».

Esa mentalidad ha hecho que los contrastes hayan sido evidentes entre las diferentes ligas, y aunque «la esencia sea la misma, los goles se celebran igual y se pierde con la misma decepción», en Tailandia por ejemplo «los partidos están muy rotos desde el primer minuto, son encuentros de ida y vuelta y alocados desde el primer minuto», y también se debe «tener mucho cuidado, aquí es más fácil ser delantero que defensa, los arbitrajes son muy diferentes y si tocas a uno con un dedo ya te penaliza esa imagen, de hecho al llevar un golpe o ir a balones divididos la gente se tira mucho al suelo y hay mucha parafernalia y demasiado tiempo parado».

De hecho Bardanca, que siempre destacó por ser un central contundente, eso lo nota «hasta en los entrenos, que yo no es que vaya al límite pero sí me gusta entrenar de la forma en la que compito, pero aquí vas con un poco más de cuidado, no es como Finlandia, Serbia, Eslovenia o sobre todo Polonia que nos dábamos unas leches terribles, al final te adaptas a lo que demanda el técnico».

«Llevo desde los 14 años fuera pero tengo un apego terrible a mi tierra. Sigo a tope a la Cultural y Ademar» «Nuestro club tiene el objetivo de ser de los más grandes de Asia», donde tradicionalmente en ‘Champions’ dominan los equipos de Corea del Sur y Japón, y desde luego lo que tienen es una amplia masa social detrás apoyando, pues «la gente lo vive mucho y de media en los últimos partidos había 30.000 personas en el campo, pero es que en algunos desplazamientos nos acompañaban entre 5.000 y 8.000. Me gusta lo que hay aquí, intento aprender tailandés, cada día algunas palabras, e incluso adentrarme en el budismo que más que una religión me parece un modo de vida muy interesante para afrontar el día a día».

Una repercusión tremenda en un año inolvidable, pues también hizo su debut internacional con Filipinas. «Tenía pasaporte y se habían puesto en contacto conmigo en 2019, pero coincidió con la pandemia y se paró. Ahora se retomó y fue de las experiencias más gratificantes e inolvidables de mi vida. Debuté contra Malasia en Singapur y, aunque a nivel colectivo no fue bien, en lo individual todavía me pone la piel de gallina pensar en la salida, la gente, el himno... Ahora hay nuevo seleccionador y he hablado con él y tiene predisposición para contar conmigo.

Su vida seguirá por tanto ligada a Asia, lejos de su León y su Cultural, a donde no llegar nunca «no es una espina clavada porque las cosas son como son y no como nos gustarían, pero tengo un apego terrible a mi tierra, me pasa con la Cultural y más ahora con el centenario, pero también sigo a tope al Ademar, al Cleba, lo hacía con el Baloncesto León... Ojalá algún día jugando o como entrenador, porque me gustaría seguir ligado al fútbol, se crucen nuestros caminos. Tengo el convencimiento de que algún día entrenaré a la Cultural».

Uzbekistán, la experiencia más diferente y llena de anécdotas


Tailandia no es el primer destino asiático de Diego Bardanca. Ese fue Uzbekistán, donde militó en un Lokomotiv que le brindó su experiencia más diferente y que estuvo cargada de anécdotas.

«No sabría ni por dónde empezar. Por ejemplo en los descansos igual entraba el míster todo cabreado, pero tenía que esperar a hablar porque la mayoría del equipo estaba rezando. Y luego, cuando hubo una mala racha, hacen el sacrificio de un cordero e incluso algún equipo lo cuelga en el estadio, que nosotros enlazamos tras ello seis o siete victorias seguidas y cualquiera les dice nada», cuenta entre risas.

Peores eran los desplazamientos, puesto que el equipo «era como si Renfe tuviera un club aquí en España, así que íbamos en tren prácticamente a todos los sitios. Llegué a tardar en un partido, que el rival estaba casi en la frontera con Afganistán, 17 horas de viaje, que además un compañero recuerdo que venía a decirme mira, este es el tren más seguro del mundo, y yo le contestaba que normal, ¡si va a 80 kilómetros por hora!».

Pero es que además «igual no teníamos para volver, lo hacíamos en furgonetas y aquello era como competir en un rally. Pero es que yo iba en taxi al campo y cada día era una aventura nueva, igual se equivocaba de camino y daba marcha atrás en medio de la autopista, o a mitad de camino se paraba a hacer la compra y yo quedaba esperando. La verdad es que ahora son risas, pero de aquella se hacía duro».

Eso sí, también se queda con «un momento duro que me marcó, el fallecimiento de la hija de un compañero. Ahí te das cuenta que en las cosas más capitales de la vida el sentimiento humano, el respeto y la compasión están por encima de toda religión y nos acerca».
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