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El trabajo intelectual

El trabajo intelectual

OPINIóN IR

25/06/2019 A A
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El trabajo intelectual
He terminado de leer un pequeño ensayo de Jean Guitton (1901-1999) titulado ‘El trabajo intelectual. Consejos a los que estudian y a los que escriben’. Miembro de la Academia francesa y de la Academia de ciencias morales y políticas de Francia, este escritor y filósofo participó activamente en el Concilio Vaticano II y escribió numerosos libros. Escrito en primer término para los estudiantes, en un intento de liberarles de toda sensación de inferioridad o de angustia, se dirige también a los que «en medio del ajetreo de la existencia moderna, no han renunciado a leer, a escribir, a pensar».

El autor es consciente de que la experiencia del saber hacer es incomunicable y que «cada uno debe despellejarse en sus propios espinos», pero aún así, cree que puede aportar algo sobre el método de trabajo y cita una serie de reglas inmutables sobre el arte de trabajar. El libro tiene diez capítulos y un prólogo donde cita a Nietzsche: «Las verdades más valiosas son las que se descubren en último lugar; pero las verdades más valiosas son los métodos».

A mí, últimamente, me ha dado por subrayar y la verdad es que en este librito son muchas las frases que he querido guardar para el recuerdo: «La prueba de que se sabe algo, decía Aristóteles, consiste en que se puede enseñar». «Me he dado cuenta (…) de lo poco que sabían los más sabios; pero ese poco, cuando provenía de sus entrañas, lo enseñaban bien». «La mente es una potencia perpleja; cuando sabe por fin en qué debe interesarse preferentemente y hacia qué objetivo debe dirigir su punta, se siente medio aliviada. El más abrumador de los pesos para el alma es no saber qué es lo que hay que hacer». «Todo esto implicaría en el trabajo intelectual máximas como estas: Sabe desechar algunas cosas. No intentes comprenderlo todo. Agárrate a un solo punto y haz piruetas a su alrededor». «El espectáculo mismo de la imbecilidad, estúpida y tan reiterativa como el océano o el viento, debe poder ayudarnos».

El libro termina con una carta a un joven de este tiempo, y lo hace con esta última recomendación: «Lo principal es hacer lo que aconsejaba el viejo Eclesiástico: darse a la alegría en el trabajo, hacer gozar al alma en medio del trabajo».

Les recomiendo este ensayo de 150 páginas para sus vacaciones, pues les hará valorar el trabajo intelectual, sobre todo el de la lectura y el de la escritura.
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