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El torcecuello

El torcecuello

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Antes de entrar al nido observa que no hay ningún peligro. | JAVIER VALLADARES Ampliar imagen Antes de entrar al nido observa que no hay ningún peligro. | JAVIER VALLADARES
Javier Valladares | 08/07/2020 A A
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El torcecuello
Naturaleza Puede girar el cuello hasta 180 grados, de donde le viene precisamente su nombre
El torcecuello es un pájaro de la familia de los pícidos, comúnmente conocidos como pájaros carpinteros. Sin embargo, dentro de estos es un caso aparte. Aunque comparte características con sus parientes, tiene un comportamiento muy similar al de cualquier ave paseriforme.

No posee la capacidad para taladrar la madera en busca de larvas de insectos o para construir sus nidos en los troncos de los árboles, habilidad tan característica de los pícidos.
Su nido se localiza en oquedades naturales de los árboles, y en nidos abandonados o usurpados a otros pájaros carpinteros. Trepa al igual que estos por los troncos, aunque también es frecuente verle posado en ramas horizontales como un ave paseriforme más.

Con un tamaño que ronda los 16 cm, y un plumaje de tonos pardos, con un barreado gris y negro, localizar a un torcecuello quieto en el tronco de un roble es prácticamente imposible dado el mimetismo que logran. De no ser por su llamativo canto pasarían totalmente desapercibidos.

Todas estas peculiaridades morfológicas y de comportamiento le hacen un ave muy interesante, aunque lo que más llama la atención es precisamente la capacidad de torcer el cuello 180 grados, y que utiliza para defenderse de posibles ataques o amenazas mientras se encuentra dentro del nido. Girando el cuello a un lado y a otro, y silbando como una serpiente, logra ahuyentar a potenciales enemigos.

Su alimentación fundamental son las hormigas y las larvas de insectos, que captura entre la madera en descomposición o en el suelo.

Este año mi amigo Marco Valcárcel encontró un nido en un poste parcialmente hueco al borde de un camino, de los que se usaban para dividir las parcelas, con un trozo aún de alambre de espino a su alrededor oxidado ya por el paso del tiempo, en una localidad de la montaña leonesa.

Con el coche a modo de escondite, y con una red de camuflaje cubriendo la ventanilla para disimular un poco nuestra posición, pudimos disfrutar durante horas de las idas y venidas de los dos progenitores cargados de larvas para sus polluelos ya a punto de abandonar el nido, sin molestarles en absoluto. Es increíble la cantidad de insectos que una sola nidada de cualquier ave insectívora puede consumir en una sola jornada. Razón de peso para que cuidemos entre todos mas si cabe de aves como el torcecuello tan beneficiosas para el ser humano.
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