Publicidad
El templario de la Encina se queda huérfano

El templario de la Encina se queda huérfano

CULTURAS IR

Ampliar imagen
Diana Martínez | 25/02/2018 A A
Imprimir
El templario de la Encina se queda huérfano
LNC Cultura El mundo del arte pierde al prestigioso escultor salmantino Venancio Blanco, fallecido esta semana. Es autor, entre muchísimas obras, del monumento del monje de la basílica de Ponferrada, un homenaje al origen de la patrona del Bierzo
El monje templario de la plaza de La Encina de Ponferrada parece estos días dedicar su tenso gesto de ofrenda y clamor al que fuera su creador, el escultor salmantino Venancio Blanco, una de las referencias artísticas nacionales, que falleció el pasado jueves en Madrid a los 94 años de edad.

La potente trayectoria creativa de Venancio Blanco, colmada de cargos, premios y reconocimientos a su obra, quedó marcada también en la capital berciana en junio del año 2003, con la instalación en la céntrica plaza de La Encina, centro turístico de la capital berciana, del Monje Templario, una escultura figurativa que recrea un hito histórico de la ciudad: el momento en el que en la época en la que se construía el castillo, un hermano de la Orden del Temple descubrió en el hueco de una encina una imagen de la Virgen.

Trascendió que ahí se había escondido la talla cristiana para ser protegida del avance de los sarracenos. La leyenda dio origen a la que devendría después en patrona del Bierzo.

Así queda reflejado en una inscripción a los pies de la obra, compuesta por un monje encapado y encapuchado y un árbol que representa a una encina. De este modo, se intenta explicar el significado de la escultura a tantos vecinos, visitantes y curiosos que se acercan a verla cada día y fotografiarla

La composición luce iluminada en las noches ponferradinas, enmarcada entre los chorros inquietos de una fuente vertical cuyo baile quiere dar vida al estático templario.

Cuando Venancio Blanco visitó Ponferrada para concebir y diseñar la obra, se sentaba largas horas en la plaza de la Encina contemplando el espacio para encontrar la mejor manera de encajar su diseño, según él mismo reconoció el día que se inauguró la escultura entre autoridades, vecinos y medios de comunicación el 19 de junio de 2003.

Con gran dosis de modestia, el artista declaraba por entonces a la prensa que el proyecto que le encargó el Ayuntamiento de Ponferrada era tan bonito, que el entusiasmo de ponerse a trabajar en él fue «el motivo de que la escultura se haya hecho sola. Yo no he hecho nada más que ser un espectador de lo que iba naciendo en torno a esa idea» contaba Blanco hace casi 15 años.

El arte llora ahora la desaparición de una figura esencial en la escultura de los siglos XX y XXI en Castilla y León. Numerosas figuras de la cultura a nivel nacional e internacional, y también políticos han querido poner en valor su legado.

La consejera de Cultura de la Junta, Josefa García Cirac, recordó tras al conocer su fallecimiento que para él «la escultura no solamente ha supuesto un elemento de expresión artística, sino una forma de vida. Su forma de vida que hace también latir a todo aquel que contempla su rotunda obra», sostuvo la máxima responsable de política cultural de la comunicad, con el orgullo de haber tenido entre los artistas de su tierra a un ilustre como Venancio Blanco.

Muchas de sus obras lucen en diversos museos e instituciones de la comunidad, recordó la consejera, así como en colecciones particulares de España y del extranjero.
La fundación que lleva el nombre del artista es la institución encargada de garantizando la preservación de su obra y divulgarlas desde la perspectiva didáctica que el escultor siempre buscó.

Y es que desde el año 1977 Venancio Blanco ostentó importantes cargos y responsabilidades en instituciones académicas del mundo del arte y la cultura. Fue miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y director de la Academia Española de Bellas Artes en Roma. En la capital italiana ocupó puestos en ‘Academia Artística dei Virtuosi al Panteón de Roma’ así como lo hizo en la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid, entre muchas otras.
Por su obra y trayectoria, recibió infinidad d premios artísticos tales como el Premio Nacional de Escultura en 1959 y la Primera Medalla de Escultura de la Exposición Nacional de Bellas Artes en 1962.

También está en su haber el Gran Premio de Escultura de la V Bienal de Arte de Alejandría, la Medalla de Oro de la IV Bienal de Arte Sacro de Salzburgo y la Medalla de Oro de la XI Exposición Las Artes en Europa de Bruselas.

Sus cristos, quijotes, toreros y grandes composiciones de arte sacro con su característico estilo quedan para la posteridad a lo largo de galerías, museos e instituciones de muchos lugares del mundo.
Volver arriba
Newsletter