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El sonido del agua de montaña

El sonido del agua de montaña

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Múltiples formas esculpidas por el tiempo. Ampliar imagen Múltiples formas esculpidas por el tiempo.
Alfonso Fernández Manso / Óscar Fernández Manso | 07/09/2019 A A
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El sonido del agua de montaña
Salvaje América El libro de Wallace Stegner acompaña al viajero en su periplo por el Parque Nacional de Capitol Reef
¿Qué impacto puede tener el paisaje natural en la obra de un escritor? ¿puede el entorno moldear su cosmovisión, sus temáticas o su estilo? ¿Qué huella puede dejar en un escritor escuchar el sonido del agua de las montañas?. La vida y obra del escritor estadounidense Wallace Stegner pueda ayudar a contestar estas preguntas. Stegner escuchó el sonido del agua de las montañas que están más allá del centésimo meridiano de Norteamérica. Para Stegner este meridiano es la línea geográfica que separa lo verde y húmedo, de lo ocre y seco. La frontera que separa el este del Oeste. Un límite ambiental que que también determina la condición humana.

‘El Sonido del Agua de Montaña’ es el libro de Wallace Stegner que me acompañará en mi periplo por el Parque Nacional de Capitol Reef en el estado de Utah. Un libro de ensayos, memorias, cartas y discursos entorno a la naturaleza del oeste y su conservación. Los textos fueron escritos durante un período de veinticinco años, una época en la que el oeste americano fue testigo de rápidos cambios en su patrimonio cultural y natural. ‘El Sonido del Agua de Montaña’ es tanto un himno al paisaje del Oeste, una afirmación de la esperanza encarnada en él, como una investigación cuidadosa del legado cultural y natural de este territorio.

Stegner encontró en el Oeste lugares tan sugerentes e inspiradores como el Parque Nacional de Capitol Reef. Un espacio de piedra viva, extraño e insólito. Como describió el geólogo Clarence Dutton: «Un lugar donde la luz parece fluir o brillar de la roca en lugar de reflejarse desde ella». Una paleta vibrante de color se derrama por todos los paisajes de Capitol Reef. En cada vista los matices de color cambian constantemente, alterados por el juego de la luz contra los imponentes acantilados, enormes bóvedas, arcos, puentes y tortuosos cañones.

Durante millones de años, las fuerzas geológicas formaron, levantaron y plegaron este paisaje, creando esta área remota y resistente conocida como el Pliegue Waterpocket. Fuerzas erosivas esculpieron elevadas capas de rocas. Gran parte del modelado se produjo entre uno y seis millones de años atrás. El agua es la principal fuerza erosiva del Parque Nacional. Las fuertes lluvias, inundaciones repentinas y los ciclos de congelación y descongelación aflojan, agrietan y arrastran piedra, creando cañones, acantilados, cúpulas y puentes. Por cierto, la forma de la montaña ‘Capitol Dome’ recordó a los primeros viajeros al edificio del Capitolio de los Estados Unidos inspirando el nombre del Parque Nacional.

Apasionado por la naturaleza el Oeste y por disfrutar de una vida en contacto con ella, Stegner compaginó la docencia y su actividad literaria con la participación en múltiples campañas en pro de la defensa de la naturaleza. Stegner se unió al movimiento de conservación en la década de 1950 mientras luchaba contra la construcción de una presa en el Green River del ‘Dinosaur National Monument’. En 1960, escribió su famosa ‘Wilderness Letter’ incluida en ‘El Sonido del Agua de Montaña’ que argumentaba la importancia de la protección federal de los lugares salvajes: «Algo habremos perdido nosotros, como personas, si alguna vez permitimos que lo que queda de nuestros páramos sea destruido; si permitimos que los últimos bosques vírgenes se conviertan en libros de historietas o paquetes de cigarrillos; si llevamos a los pocos ejemplares que quedan de las especies silvestres a los zoológicos o a la extinción; si contaminamos el aire puro y ensuciamos los últimos arroyos cristalinos y empujamos nuestros caminos allanados al último de los silencios, nunca más los norteamericanos estarán libres en su propio país del ruido, de la contaminación, de la hediondez de los desperdicios humanos y automotores». Esta carta se utilizó como referencia para la Ley de Áreas Salvajes (Wilderness Act of 1964) que estableció el Sistema Nacional de Preservación de Áreas Salvajes de los Estados Unidos.

Stegner también fundó el Comité para las Colinas Verdes, en el condado de Santa Clara, California, y participó en el Club Sierra y la Sociedad de Áreas Silvestres. Su pasión por la necesidad de proteger los lugares silvestres y su respeto por los paisajes son los temas que expresa con elocuencia en su carta en defensa de la naturaleza salvaje. A propósito de las consecuencias de la perdida de la vida silvestre afirma: «Y de este modo, nunca más tendremos la oportunidad de vernos a nosotros mismos únicos, separados, verticales e individuales en el mundo, parte del medio ambiente de árboles y rocas y tierra, hermanos de los animales, parte del mundo natural, y preparados para pertenecer a él. Sin restos de vida silvestre, estamos enteramente destinados, sin oportunidad siquiera para una reflexión o descanso momentáneo, a una carrera precipitada hacia nuestra vida de termita tecnológica, el Valiente Nuevo Mundo de un medio ambiente completamente controlado por el hombre—lo que quede de él, y en sus tantas formas—porque fue el desafío contra el cual se formó nuestro carácter como pueblo. El recuerdo y el consuelo de que todavía esté allí le hacen bien a nuestra salud espiritual, aunque no tengamos oportunidad de visitarlo por diez años. Es bueno para nosotros cuando somos jóvenes, gracias a la incomparable cordura que puede ofrecer brevemente, como vacación o reposo, a nuestras vidas de locos. Es importante para nosotros cuando somos viejos, simplemente porque está allí –eso es lo importante, simplemente la idea de que está allí».

En lugares como el Parque Nacional de Capitol Reef Stegner pudo disfrutar de una grandísima amalgama de vida silvestre cerca. Aunque el paisaje está dominado por una imponente geología generalmente desnuda de vegetación. Este paisaje puede ser engañoso. Puede parecer estéril y sin vida, pero es el hogar de una rica diversidad de especies de plantas y animales. Las variaciones en la topografía, geología, elevación y la precipitación se combinan para crear siete zonas llenas de vida. Este alto reservorio de vida silvestre es un mosaico de bosque de enebro, pino ponderosa y bosque mixto de coníferas. Junto a estos nos podemos encontrar pastizales, hábitats ribereños, zonas de matorral muy diversas y frías parameras. El Parque Nacional cobija más de cien especies de mamíferos, reptiles, anfibios y peces. En él habitan también más de doscientas especies de aves y de casi mil especies de plantas. Vivir en Capitol Reef tiene sus desafíos. Las plantas y los animales se han adaptado, físicamente y conductualmente, para sobrevivir en esta tierra de excesivo calor, inundaciones repentinas estacionales, nieve en invierno y precipitaciones variables y bajas.

Stegner dijo una vez sobre su escritura: «Creo que en la ficción no debemos tener una intención distinta a la de decir la verdad”. Él encontró una de sus grandes verdades en la necesidad de conservar la vida salvaje en su contemplación decía que el hombre encontraba «una sensación de grandeza fuera de él mismo». Una grandeza que le hacía verdaderamente humano. Su vida y su obra inspiraron a varias generaciones de escritores y lectores estadounidenses a buscar su propia verdad. Stegner nos dejó un legado como escritor, profesor y ambientalista que alguna vez hizo que Edward Abbey lo nombrara «el único escritor vivo norteamericano digno del premio Nobel».

Hoy muchos años después de que Stegner nos dejara, el cambio climático está provocando un aumento de las temperaturas, precipitaciones más erráticas y una intensa radiación solar que están afectando radicalmente a la vida de Capitol Reef. ¿Cómo lo enfrentarán y se adaptarán su especies a estos nuevos escenarios? ¿qué será del borrego cimarrón, la marmota, el león de montaña o el halcón peregrino? ¿cómo sobrevivirán los cactus de “claretcup” o los enebros de Utah? Parece que el Hombre ha olvido ya las palabras de Wallace Stegner, parece que el Ser Humano ha dejado de conmoverse al escuchar el sonido del agua de montaña.
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