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El silencio de los héroes

El silencio de los héroes

OPINIóN IR

22/11/2019 A A
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El silencio de los héroes
Porque desciendo de padre minero y llevo carbón en la sangre, hoy escribo emocionada, incapaz de resumir tanto como siento, porque conocí a héroes de esos que te reconcilian con la vida. Fue en el Castillo de los Templarios, pero no saltaban desde las torres, huyendo con princesas, ni llevaban capa. Eran hombres sencillos, de carne y hueso, mineros especialmente preparados para rescates bajo tierra, miembros de la Brigada de Salvamento del Bierzo Alto, a los que La Nueva Crónica entregó la Negrilla de Oro del 2019, que ellos dedicaron a sus compañeros muertos. Su lema: «Mientras haya un minero dentro, habrá un brigadista esperándole fuera». Ahí están, dispuestos, formando equipo, dejando fuera egos y temores que ocupan y pesan demasiado. A ellos les basta la barrena, el coraje y la esperanza para lanzarse a las entrañas de la tierra, al rescate de vidas ajenas sin pensar en las suyas, abriéndose paso por agujeros en los que apenas caben el aire y sus cuerpos y por los que no cabría el miedo. Saben que están en desventaja y se enfrentan a varios enemigos aliados, que además juegan en casa. Se encaran con la oscuridad que esconde al compañero, cómplice de la tierra que lo oculta y que ellos arrancan con uñas y dientes si hace falta, trozo a trozo, palmo a palmo, metro a metro, avanzando lo más rápido posible, porque hasta el tiempo juega en su contra. Saben que la muerte acecha en las tinieblas, es más rápida y busca lo mismo que ellos, pero le plantan cara y avanzan sin tregua, en un pulso por alcanzar la vida del compañero atrapado, antes que ella.

Oyendo al jefe del equipo de brigadistas, Federico Fernández, recordando el día que recibieron el premio del Trono a la Labor Callada, uno entiende su filosofía de trabajo. «Nosotros hablamos para decir que nos gusta estar callados». Así se expresa la humildad de los grandes. Tan arraigado tienen el coraje, que nos habló de su durísima labor, con la misma entereza y modestia que trabajan. Sólo se le rompió la voz, recordando el reencuentro con la mujer que espera en casa, en su propio túnel, agotando su propio miedo y echando mano del que su marido deja en casa porque sabe que, a enfrentarse con la muerte, hay que ir ligero.

Sólo estoy en desacuerdo con algo de lo que dijo Federico Fernández «Cuando contéis algo de lo que hacemos en la mina, no digáis ni más ni menos». Orden imposible de cumplir porque digan lo que digan estos hombres, siempre será de menos. Lástima que sólo consigan salvar vidas humanas, mientras la minería se les muere entre las manos.
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