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El silencio de los corderos

El silencio de los corderos

OPINIóN IR

13/09/2019 A A
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El silencio de los corderos
No hay datos precisos de la conducta sexual del hombre hasta el Paleolítico superior, época a la que pertenecen los primeros selfies hallados en las cavernas. Este vacío histórico y que lo de la manzana no acaba de convencer, convirtió nuestro origen en un misterio hasta hace días. Fue una información inesperada, ofrecida por el Homo sapiens Albert Boadella, reencarnado en el siglo XXI en actor y director de cine, ‘objeto de deseo’ desde entonces, de los directivos del Proyecto Atapuerca. «Las manos de un macho no están para estar quietas precisamente. De lo contrario los humanos no existiríamos como especie». Con esta simple revelación explicó nuestra procedencia y provocó la búsqueda de indicios, en esas primeras grafías cavernarias, de que las manos del macho tengan el poder de procrear. Búsqueda abortada, por su siguiente frase «O sea, que no le propinó un guantazo como cualquier mujer sensata que no desea ligar». Dato más concreto y gráfico que sitúa al reencarnado en la Edad de Piedra, época aún sin selfies, y que nos permite imaginar a Pedro y Pablo (mira, que no quería mencionarlos hoy) arrastrando por los pelos a las Sras. Picapiedra, hasta que éstas les arrebatan el garrote y les dan lo suyo, como mujeres sensatas.

Con estas palabras defiende el Homo Boadella a Plácido Domingo de las acusaciones de abuso, por parte de varias mujeres. Con defensores como éste, el tenor no necesita enemigos. Sin entrar en este caso, y en un ejercicio de contención extrema, abordo el tema desde el humor porque es muy difícil hacerlo en serio, siendo políticamente correcta. Intentaré retroceder a su era para aclarar al primate el motivo por el que no se denuncian estos casos. Señor Homo, la historia está llena de mujeres silenciadas por seres como usted, con mentes apolilladas ocultas en personas de apariencia respetable, con prestigio y cargos relevantes. ‘Machos’ incapaces de dominar sus instintos primarios y que después, abusando del crédito que les da su status, utilizan el manido y zafio recurso que usted ha usado «Que no han dicho nada por intereses materiales». Se saben derrotadas ante inmaduros narcisistas con poder, complejo de superioridad y traumas encubiertos, que se atribuyen méritos ajenos si una mujer cercana tiene reconocimiento, convencidos de que su éxito es gracias a ellos. Mujeres que recurren al silencio como única defensa ante manadas con corbata, más peligrosas aún que las manadas de portales.

Y como agravante, mujeres que les ríen las gracias.
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