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El secreto de las niñas a las que llamaron Nieves

El secreto de las niñas a las que llamaron Nieves

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La historia empezaba tocando a espalada. Las campanas congregan a sus vecinos y van avisando al pueblo siguiente, que hace los mismo, abre camino. Ampliar imagen La historia empezaba tocando a espalada. Las campanas congregan a sus vecinos y van avisando al pueblo siguiente, que hace los mismo, abre camino.
Fulgencio Fernández | 17/11/2019 A A
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El secreto de las niñas a las que llamaron Nieves
Nombre de la semana Nieves Aladro cumple 90 años dentro de 10 días. Ese 26 de noviembre de 1929 su madre tuvo que ser evacuada sobre una escalera para poder dar a luz. Tocaron a espalada en Cistierna, llegó a Quintana y en coche a León y su padre le puso... Nieves
Y hace unos años que la enfermedad más cruel le robó a Nieves los recuerdos. Pero antes, la historia que más repetía era la de su nombre: «Me iba a llamar Araceli, como mi madrina, pero cuando mi madre iba a dar a luz cayó una gran nevada. El parto no venía bien y el médico dijo que había que evacuarme». No existía en aquellos años la posibilidad de ambulancias, quitanieves o similares, pero sí una tradición comunal muy vieja.

Sonaron las campanas, rápidas cómo a fuego pero en invierno y con nieve eso era a espalada. Salieron todos los vecinos con palas, los más respetados organizaron los grupos y enviaron a dos mozos jóvenes al pueblo de al lado, Sorriba, para que también sonaran sus campanas y cuando llegara la comitiva de la parturienta ya estuviera el camino abierto. De allí salieron otros dos mozos que avisaron al siguiente pueblo... hasta que un coche ya pudiera llevarla, en Quintana de Rueda.

Otra brigada hizo de una escalera una camilla. La acolcharon con mantas, taparon a la madre con otras, y así emprendió el camino aquella mujer que pudo dar a luz. El padre, guardia civil en Cistierna, decidió que «en homenajee a todos los que han trabajado para sacarla se llame Nieves».

Y Nieves se llama, aunque no se acuerde. Y Nieves se llama su hija, que recuerda «las veces que le escuché esta historia. Y como mi padre murió joven me pidió que mi primera hija se llamara Nieves... Y Nieves se llama y mil veces le he contado la historia de su nombre, que llevamos con orgullo».

No es un caso único. Son muchas las mujeres a las que sacaron para dar a luz gracias a la vieja tradición comunal de la espalada. También a algunos enfermos graves, pero el caso de las madres que van a dar a luz siempre despierta muchos más sentimientos de solidaridad, unión.

O de la solidaridad. El guardia Cayetano, que estuvo en varios cuarteles de la Montaña, cada vez que se encuentra con Fernando Salcedo le dice: «Esta hija vive gracias a tí». Y Fernando cuenta cómo sacó a su mujer en una vieja furgoneta, bregando sobre la nieve, «debimos tardar seis horas para 16 kilómetros».

Una pena que Nieves no lo lea.
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