El secreto anhelo que colman las palabras

Berta Pichel cree en la importancia del trabajo como "capacidad de lograr un mundo propio que se transmita al lector, a la sociedad"

Mercedes G. Rojo
02/06/2020
 Actualizado a 02/06/2020
La escritora Berta Pichel.
La escritora Berta Pichel.
«Abrazar el silencio,/
sigilosamente,/   
dejarse mecer por el embeleso/
de la quietud»
. (Berta Pichel. Escritora)

Esa quietud a la que aluden estos primeros versos, ese silencio que embarga tantos pequeños pueblos bercianos de la orilla del Valcarce, por los que pasa el Camino de Santiago con todo lo que del mismo trasciende, son los que marcan la obra de Berta Pichel (La Portela, el Bierzo, 1951), repleta de poemas y de microrrelatos con los que va jalonando una vida que ve entrecortado el profundo interés por la escritura, en el que se inicia tempranamente, por sus ocupaciones profesionales, la maternidad o diferentes adversidades de distinta índole.

Comienza su vida en este pequeño pueblecito berciano, lejos del ambiente del Madrid en el que entonces vivían sus padres, para instalarse en Ponferrada con apenas ocho años, para que pudieran estudiar, una obsesión de su madre «convencida de que el estudio nos haría más independientes, tal vez más libres», cuenta Berta. Luego llegarían Sant Cugat del Vallés, Oviedo y Barcelona, donde se licencia en Historia Moderna y Contemporánea, para ejercer como docente en L’Hospitalet de Llobregat, durante más de cuarenta años. No es sino hasta el final de este periplo cuando Berta Pichel vuelve de lleno a la literatura, reconociendo su tardía dedicación a ella por los motivos antes expuestos a pesar de que «la vocación literaria es una semillita con la que camino desde niña», una vocación que deambula –dice– entre la prosa y el verso, siendo el poético el género que más le gusta, «en especial, la poesía intimista y comprometida con el hombre y la Naturaleza»; aunque no le dedique tanto tiempo como al género novelístico, en el que sigue inmersa tras la publicación de su primera y exitosa novela 'Cicatrices de charol', mientras última ya la próxima. De su estilo al respecto ella misma nos cuenta que «me gusta combinar en la trama elementos de naturaleza histórica, filosófica y psicológica. En un estilo natural, pero cuidado».

Escritora exigente consigo misma, reconoce como una dificultad en el camino literario emprendido «encontrar el tiempo necesario para lograr que mi obra sea digna», y agradece a sus maestros y compañeros de la Escola d’escriptura de l’Ateneu barcelonès, en la que se matriculó tras su jubilación en la docencia, la posibilidad de encontrarse con el clima adecuado para «reflexionar sobre las técnicas de escritura y su práctica», lo que, en parte, le permitió crecer y recuperar el placer por la misma. Y lo hizo por la puerta grande con esa primera novela en la que confluyen varios aspectos en los que está muy presente la realidad de la mujer en una época histórica especialmente difícil y en un entorno tan próximo a ella como es el Bierzo, del que –a través de la elección de personajes representativos de todos sus sectores sociales– consigue hacernos un magnífico retrato social, histórico y político. Y es que, para Berta Pichel, El Bierzo no deja de ser «el territorio donde nací y donde nacieron mis antepasados», donde cada nueva visita le supone un reencuentro con ellos, con sus paisajes, con sus «experiencias verdaderamente espirituales», y aspectos como los que describe en el libro forman parte también de lo histórico de esa realidad.

En otro orden de cosas, Pichel, considera que «al igual que en otros campos, y afortunadamente, las mujeres hemos ido superando esa invisibilidad histórica de nuestro sexo para hacer acto de presencia en el mundo literario (aunque) el dominio sigue siendo masculino» –como lo demuestran tantas listas de premios importantes como el Nobel u otros– fruto del «patriarcado» que durante siglos ha barrido «prácticamente a la mujer del mundo artístico y de otros muchos del ámbito público a fin de reducirla al mundo privado». Este es un buen momento para ellas en el mundo de la literatura, en el que su aportación no se «diferencie en demasía de la de los hombres, (ni) en la capacidad de armar una trama, crear unos personajes, lograr una buena ambientación…».

En relación con ese mundo artístico del que lo literario forma parte, B. Pichel cree en la importancia del trabajo como «capacidad de lograr un mundo propio que se transmita al lector, a la sociedad» y, consciente de la dificultad de acceso al mercado porque «los canales (…) están saturados», le gustaría que la sociedad capitalista no «trabajara pensando (tanto) en la ganancia (como) en el arte como inversión». Y así tiene un doble sueño en el que las instituciones se esfuerzan más en respaldar las actividades artísticas, y nuestra sociedad en crisis en encontrar «nuevos paradigmas que valoren lo artístico como uno de los grandes bienes de la misma».

Aprovechando que, si las actuales circunstancia lo permiten, espera ver publicado su primer poemario para el mes de octubre, acabo con su reflexión sobre la poesía, esa que, más allá de los versos, transciende en muchos de sus escritos: «Para mí, la Poesía es una semilla fértil con fuerza cósmica que, cuando la escuchas, resuena al compás del latido del corazón», porque para Berta, el hecho de la escritura es ya en sí mismo un particular «anhelo» que la ha acompañado toda su vida:

«(…)Vuelan las palabras y las miro./
Y ellas me acarician y me envuelven,/
juguetean con un anhelo secreto,/
solo mío»
.
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