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El Ritual de la Serpiente

El Ritual de la Serpiente

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Árboles pretéricos hijos de la roca. Ampliar imagen Árboles pretéricos hijos de la roca.
Alfonso Fernández Manso y Óscar Fernández Manso | 03/08/2019 A A
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El Ritual de la Serpiente
Salvaje América El viajero visita el Gran Cañón del Colorado acompañado de los recuerdos de Aby Warburg en su viaje al territorio de los indios
Aby Warburg, el gran intelectual alemán también sintió la llamada de lo salvaje. Estimulado por diversos estudios etnográficos que analizaban las relaciones entre el pensamiento mágico y el pensamiento racional en 1895 viajó a Estados Unidos. Aby Warburg realizará lo que él mismo habrá de llamar «el viaje de su vida», convivió durante seis meses entre los indios Pueblo y Navajo. El erudito alemán pudo ser testigo de danzas rituales para el crecimiento del maíz o la llegada de las lluvias. Las ceremonias y los aderezos de los indios Pueblo y Navajo le sirvieron para reflexionar sobre las relaciones cruzadas entre la religión, los ritos, la naturaleza y las representaciones figurativas y simbólicas. Fruto de aquella experiencia que marcó su vida escribió dos libros singulares: ‘Recuerdos del viaje al territorio de los indios Pueblo en Norteamérica’ y ‘El Ritual de la Serpiente’.

El libro que acompañara al viajero en su periplo por el Parque Nacional del Gran Cañón del Colorado es el segundo: ‘El Ritual de la Serpiente’. El libro es una forma de purificación, una confesión y un testamento, resaltando así los orígenes del paganismo y de la magia. «Lo que me interesaba como historiador de las culturas era el hecho de que en un país como Estados Unidos que había puesto la tecnología al alcance del ser humano, como una admirable arma de precisión, había sido posible que se conservase el recinto de una clase humana, primitiva y pagana, que aún continúa ejerciendo con inconmovible firmeza sus prácticas mágicas de caza y agricultura, costumbres que los europeos solemos juzgar como síntomas del atraso humano. Sin embargo, aquí la llamada superstición va de la mano de las actividades cotidianas. La adoración de fenómenos naturales, animales y plantas, a la que los indios atribuyen una vida anímica propia que creen poder influenciar a través de sus danzas y sus máscaras». Como en todo gran sabio el desplazamiento territorial motivó en él un constante desplazamiento transdisciplinar. Su curiosidad fue de la historia del arte a la historia de las religiones, de la antropología a la biología.

Posiblemente Aby Warburg visitó el Gran Cañón, habitado por Pueblos y Navajos. Las leyendas de esta atractiva y escarpada garganta del norte de Arizona eran ya conocidas en el siglo XIX después de que John Wesley Powell en su mítica expedición descendiera por primera vez en botes el río Colorado. Cuando Aby Warburg visitó a los indígenas de estas tierras la consolidación de la industria minera y otras actividades económicas estaban acabando con aquellas culturas pretéritas. Para evitar la degradación ambiental de estos territorios en 1919, hace un siglo, fue declarado Parque Nacional. La meritoria conservación del patrimonio natural no sirvió para mantener el patrimonio cultural.

Aby Warburg quedó maravillado por aquellas culturas antiguas. En su libro ‘El Ritual de la Serpiente’ hace un reconocimiento al poder que la imagen tiene para los indios, la imagen que sana y que mata, la imagen que libera o domina. Así, la serpiente, la más inmediata imagen del mal, se convierte en la salvadora: «La forma más destacada de los acercamientos a la naturaleza a través del contacto con el animal, puede encontrarse en la danza con serpientes vivas. Este ritual es tanto danza de animales como culto a las estaciones del año. En agosto, cuando surge la crisis de la agricultura y la cosecha entera depende de las escasas y eventuales lluvias, se intenta invocar a la tormenta benefactora a través de las danzas con serpientes vivas. Sorprende como los indios han aprendido a dominar, sin hacer uso de la fuerza, al más peligroso de los animales, la serpiente de cascabel».

«Cuando el indio imita los movimientos y las expresiones de la serpiente, no se introduce al cuerpo de la presa para divertirse, sino para poder apropiarse de un elemento mágico de la naturaleza a través de la metamorfosis personal, algo que no podría obtener sin ampliar y modificar su condición humana. En la danza de la serpiente, ésta no es sacrificada sino transformada en mediador, a través de la consagración y de la danza mimética. Por ello, regresa a las almas de los muertos y, en forma de rayo, produce la tormenta en el cielo».



Todo el Gran Cañón es un espacio mágico y singular. Sus paisajes fueron creados por el río Colorado, cuyo cauce socavó el terreno durante millones de años. Algunas de las coloridas rocas sedimentarias que se pueden observar en el Gran Cañón tienen más de dos mil millones de años de antigüedad. Mucho más reciente es el modelado del propio cañón. La erosión provocada por el río que ha creado una de las más complejas columnas geológicas del planeta tiene probablemente menos de seis millones de años. El río sigue en la actualidad erosionando activamente su cauce, sacando a la luz rocas cada vez más antiguas. El paisaje es inmenso e inabarcable, tiene más 446 kilómetros de longitud, con distancias entre paredes de 6 a 29 kilómetros y profundidades de más de 1600 metros.

El viajero se encuentra en su caminata por el Gran Cañón cuando una serpiente desaparece debajo de la tierra, se oculta. Espera y enseguida observa como vuelve a aparecer en la superficie. Para los indios está imagen observada está llena de significado. La serpiente regresó desde el subsuelo, que es el lugar donde descansan los muertos. La serpiente en el símbolo más natural de la inmortalidad y de la resurrección de una enfermedad o de un peligro mortal.

Pero en el Gran Cañón habitan muchos otros animales míticos. Si para los indios la serpiente era el animal más poderoso del subsuelo, el bisonte era el rey de la tierra y el águila el dueño de los cielos. La riqueza del Gran Cañón es impresionante, es el hábitat de 447 especies de aves, 91 de mamíferos, 18 especies de peces y 58 de reptiles. Por cierto, allí hay más de 8500 invertebrados y 1750 especies de plantas.

El viajero acaba de ver sobrevolando una impresionante águila. Recuerdo que tras una de sus visiones, Alce Negro tomó el nombre de Ala de Águila que se despliega. El indio decora su cabeza, sus armas y objetos rituales con plumas de águila. Las plumas prueban la valentía del guerrero pero también representan los rayos solares y pueden hacer referencia al legendario Pájaro del Trueno, Thunderbird.

El Gran Cañón del Colorado ha sido siempre un territorio mítico en el que la leyenda ha precedido a la realidad. Las sucesivas invasiones a lo largo de cinco siglos produjeron una profunda y dramática transformación cultural que acabó con muchas de las tribus indias y que redujo a las reservas a las que sobrevivieron.

El paisaje fue sometido a mutaciones radicales, a través de las actividades agrícolas y ganaderas de los colonos y de la fundación de pueblos y ciudades, y la fauna sufrió la depredación de cazadores y tramperos. Aby Warburg constata la gran diferencia entre la actitud de los indios y la de los colonizadores como “La actitud interior del indio hacia el animal es muy diferente a la del europeo. Considera al animal como un ser superior, porque la integridad de su naturaleza lo convierte en un ser mucho mejor dotado que el débil ser humano. ¿Por qué razón deberíamos creer que el hombre está por encima del animal? Observa al antílope que es puro correr y corre tanto mejor que el hombre, u observa al oso que es la fuerza pura: Los hombres sólo hacen en parte lo que el animal es enteramente».

Aby Warburg recurrió a la serpiente, símbolo por excelencia de la amenaza contra la racionalidad humana. Pero descubre que la serpiente, la más inmediata imagen del mal, se convierte en la salvadora. Él mismo fue salvado en aquellos exóticos cañones, las palabras de ‘El Ritual de la Serpiente’ lo confirman.
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