El regalo a los recuerdos en un filandón

El regalo a los recuerdos en un filandón

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Uno de los fotogramas de la película. Ampliar imagen Uno de los fotogramas de la película.
Ruy Vega | 01/08/2017 A A
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El regalo a los recuerdos en un filandón
UNA PROVINCIA DE CINE/ PELÍCULAS RODADAS EN LEÓN Puedo afirmar sin riesgo a equivocarme que Filandón Fornelo es un regalo a los recuerdos, memoria viva en imágenes de lo que son los pueblos, singularidades imprescindibles que tanta armonía y belleza han entregado a las montañas y a los valles leoneses
No es habitual lograr la simbiosis lograda por Alejandro López Riesgo en este documental. No es fácil porque mientras en la mayoría de los que nos rodean el espectador asiste cual ojo de ‘gran hermano’ al propio desarrollo de los mismos, en este caso el espectador pasa a ser uno más de la historia participando en el propio filandón. Entre las primeras imágenes destaca el valle del pueblo de Guímara.

Las cámaras son un elemento más del entorno, inapreciables. Así debió ser y así se palpaUna experiencia visual incomparable indicativa del grito silencioso que te espera. Un ‘ey, no te olvides que aquí estás ahora’, desde la primera imagen de Juan Tizón hacia los ojos del ya no viajero, sino vecino, espectador. Mágico, pura magia. Al igual que me ocurrió con Ancestral Delicatessen, también comentado en esta misma sección, he podido sentir el aroma de mi infancia, la cocina de mis abuelos, el calor del hogar, el ruido de los recuerdos de mi niñez por Balboa. Este tipo de sensaciones no son fáciles de lograr y menos teniendo en cuenta que golpean tu cabeza directamente, sin haber pronunciado ni una sola palabra. Pero aquí aparecen y es algo tan natural que poco más queda que seguir volando hacia el interior de uno mismo a bordo de las primeras imágenes y los primeros sonidos. Me encanta.

Como si fueras uno más del grupo te sientas alrededor del fuego que los pocos habitantes que quedan en el pueblo han preparado. Calor combustionado por las miradas familiares de cada uno de ellos. Las cámaras son un elemento más del entorno, inapreciables. Así debió ser y así se palpa. No son actores, son realidad. No son guiones, son conversaciones entre vecinos. No miran al objetivo, se miran unos a los otros a los ojos. No hay nada que no ocurra o se sienta que no pasaría sin las cámaras. Se puede notar la realidad, la sinceridad, la facilidad de cada acción y cada frase. Y así, en un acto directo, el espectador pasa a ser uno más, sentado como el resto en el corro que rodea el fuego, uno más que también podría coger el embutido que se reparte.

El espectador pasa a ser uno más, sentado como el resto en el corro que rodea el fuegoUno más… Hablan entre ellos y casi te dan ganas de intervenir. Como si de la propia vida se tratase, la conversación va y viene, llevándonos por momentos de gran felicidad para pasar por anécdotas o instantes de dolor. La vida. Eso es la vida. Son varios los que intervienen, otros los que escuchan. Nos llevan a recuerdos de la posguerra, de trampas de la vida que acabaron en muerte. Pero también tanto a cómicos instantes allí vividos como a otros de extrañas vivencias, como la de aquel que se encontró de frente con una osa y su cría y estuvo tiempo sin hablar tras no sufrir daño alguno pero sí un enorme susto que todavía debe de guardar en su interior. Te emocionas con ellos cuando hablan de aquellos que ya no están. Ríes con ellos en los momentos de broma espontánea.

Casi levantas la mano para intervenir. Pero quizás aún pudiendo no sería oportuno. Puedes sentir que no son solo vecinos o amigos. Puedes notar que son una familia. Cómo se miran, cómo se hablan, cómo se ayudan, cómo se reparten trabajos, cómo se animan, cómo sonríen, cómo bromean… tan penetrante como solo aquellos que se admiran pueden hacerlo.Creo que los pueblos que mantienen la unión seguirán siempre vivos, sus recuerdos y memoria nunca se perderán, pues estará siempre presente en aquellos que allí viven o vivieron y en los hijos y nietos de éstos. Y así es Guímara. Ahora, tras disfrutar de este gran documental, creo que no hay duda de que aquellos que lo hemos visto con ojos melancólicos formaremos ya para siempre parte de la llama que, al igual que el fuego que ha reunido en un nuevo filandón a sus vecinos, solo se apagará cuando ellos mismos lo decidan.

No es habitual lograr la simbiosis lograda por Alejandro López Riesgo en este documentalQuizás el filandón, el pueblo y sus gentes, imperecederos en el tiempo rodeados por un maravilloso entorno sean inmortales gracias a documentales como éste. No deberíamos olvidar que una de las diferencias entre el ser humano y otros animales es la capacidad de enfatizar con el que nos rodea, de sentirlo como parte de ti y de poder hablar con él, transmitiendo experiencias que no necesitan una explicación o reflexión, sino alguien que las escuche para hacerte sentir parte de un grupo, de un conjunto de personas que sin ser de consanguinidad sea una única familia.

Y eso Filandón Fornelo no solo lo plantea, sino que lo logra y te hace sentir parte de ello. Puede que magia, puede que realidad, puede que sinceridad, puede que perfección, puede que sea un documental que podría durar una eternidad y no cansarte. ¿Y saben por qué? Porque aún enmarcado en un entorno concreto, habla de los sentimientos y la realidad de cada uno de nosotros.
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