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El refrescante ‘butano’, un genuino invento leonés

El refrescante ‘butano’, un genuino invento leonés

OPINIóN IR

22/05/2016 A A
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El refrescante ‘butano’, un genuino invento leonés
Han pasado los años, muchos, y el término ‘butano’, para definir un refresco gasificado de naranja, continúa vigente en León. La denominación –hoy en día ya genérica– es común en cualquier establecimiento hostelero de la ciudad, aunque, para no caer en equívocos, tampoco se trata de aquel ‘butano’ original que, abrigado por todos los indicios y antecedentes al caso, comenzó a elaborarse en la fábrica de gaseosas ‘Hobares’, planta embotelladora que se encontraba en el número 7 de la calle Corredera, junto al antiguo Colegio de La Milagrosa –ahora, Colegio Leonés–, dependiente de la ‘Unión Espumosa Santa Marta’ –firma encadenada a la Cooperativa Provincial de Hostelería, con domicilio social en la calle Renueva–, sino que, al pedir un ‘butano’ en la barra del bar, la respuesta, al presente, es un vaso de refresco anaranjado, que nada tiene que ver –ni en el color, ni en el sabor– con el que se comercializó en su momento con tanto éxito de ventas.

‘Hobares’ –acrónimo de hoteles, bares y restaurantes– se dedicaba, por entonces, a la producción de gaseosas y otros espumosos, además de fabricar unas enormes barras de hielo con destino, de forma fundamental, a la hostelería. Eran los tiempos en los que, aún, los frigoríficos, en este caso industriales –y menos todavía en los domicilios–, no estaban muy extendidos entre el sector, por lo que ‘Hobares’ prestaba este servicio puntual y obligado a la mayoría de los establecimientos. Por el contrario, los particulares que disponían en sus casas –que tampoco eran tantos– de aquellas neveras tan básicas y simples en las que en su interior, arriba, se recibía una bandeja para colocar el hielo, también eran usuarios de la fábrica de gaseosas.

De manera, que, en su momento, ‘Hobares’ fue, posiblemente, lo que ahora se diría líder indiscutible de su actividad en la capital leonesa, pues así como otras fábricas de igual cuño asentadas en la capital –en la calle Santa Ana, sin ir más lejos, se embotellaba ‘La Flor del Órbigo’- debían poner en práctica una serie de estrategias que las hiciera competitivas, las elaboraciones de la calle Corredera tenían –y así puede afirmarse- una amplísima clientela fija en función de que servían, como su propio nombre referenciaba, a la mayoría del área hostelera de la ciudad.

La etiqueta de ‘Hobares’, serigrafiada sobre la botella de cristal, recogía, en su parte superior, donde se destacaba la leyenda ‘marca registrada’, el dibujo, en color rojo, de una familia en actitud feliz –los padres y dos hijos como bailando–; debajo ‘gaseosa familiar Hobares’, y, a continuación, ‘deliciosa en todo tiempo’. El tapón era de porcelana con junta de goma para que, al accionar el cierre mediante un sencillo sistema metálico, no se ‘escapara’ el gas.

Con todo y con eso y a pesar de que la actividad marchaba bien, había que dar un paso más, subir otro peldaño. Tocaba, en fin, innovar y, con ello, diversificar la embotelladora con nuevos productos. En el campo de los refrescos era por entonces muy celebrada la referencia ‘Anaical’ –Laciana, leído de derecha a izquierda–, cuyos botellines, envasados en la propia comarca citada, más en concreto, en Villablino, disfrutaban de una notable aceptación no sólo en su lugar de procedencia, sino en, prácticamente, toda la provincia. Eran, también, los años del ‘Orange’ que, al igual que el ‘Anaical’ tenía, como ahora se dice, su público.

En esta historia apresurada no hay que olvidar que en aquella época se envasaban en algunas plantas –por aquello de hacer más atractiva la manufactura– gaseosas con color –el amarillo primaba en este apartado–, pero, sin embargo, no era la respuesta que en ‘Hobares’ se pretendía. Había que pensar en cómo podría darse un aldabonazo, un golpe de efecto, con la hostelería, principalmente, como receptora del producto.

Al margen de que en otras fábricas de la provincia se elaborara algo parecido o muy similar al ‘butano’, lo cierto es que, por tradición oral referida en León, la idea de la gaseosa naranja se debió a Eliseo Gómez Omar, destacado miembro y competente secretario del Sindicato de Hostelería y Similares –Gómez Omar fue, a la vez, uno de los fundadores de la hermandad de Semana Santa bautizada en su erección como ‘Santa Marta’, nombre, al que, hace unos años, se acopló el añadido, ‘y de la Sagrada Cena’, de la que fue primer secretario y en el bienio 1957-1959 presidente–, quien dio siempre pruebas de ser una persona resolutiva y capaz.

De manera que en ‘Hobares’, Eliseo Gómez, en un ejercicio de superación, –se supone que con la colaboración de algún otro miembro de ‘Unión Espumosa Santa Marta’– piensa en una bebida envasada como la gaseosa pero con personalidad propia. El producto –la gaseosa– la tienen; ahora, queda vestirlo. Se le añade esencia con sabor a naranja y una tintada del color de la misma fruta. El resultado es una mezcla contundente que, con el cordón umbilical sin cortar, comienza a publicitarse y venderse en León. El nombre más apropiado para ponerla en el mercado, ‘Butano’. Su extraordinario parecido –la tonalidad– con la pintura que recubre las bombonas de gas es inmejorable. No hay duda. Ese será el reclamo.

A partir de entonces, cuando su nacimiento, el ‘butano’ se vende casi en la misma proporción –aunque con diferente y mejor beneficio– que el clarete leonés, al que, dicen los expertos, se debe denominar definitivamente como rosado. En León, por aquello de la tradición en el alterne, no ha desaparecido, ni desparecerá, esa manera de definirlo, a pesar de las razones –seguramente indiscutibles– que se alegan para modificar tan peculiar título.

José Antonio Blanco Farto, que fuera propietario del bar ‘El Ojo de gallo’, luego San Francisco, en la calle del mismo nombre, aseguraba que en su establecimiento había vendido miles y miles de litros, en vasos, del genuino ‘butano’. Como igual de cierto es que los jóvenes en León, los que se iniciaban en la liturgia del alterne, velaron sus primeros armas bebiendo la producción anaranjada de ‘Hobares’, antes de dar el salto definitivo al consumo de vino.

Si se intentara analizar o explicar –a pesar de los años transcurridos– el por qué se mantiene viva la marca ‘butano’ –que ha sobrevivido al tiempo– seguramente no habrá, ni podrá hallarse, un argumento concluyente que lo revele. Aquí, en León, el ‘butano’ es sinónimo de pequeño refresco para los infantes y adolescentes –también para alguna fémina que otra, como demuestra, en la petición personalizada de la barra, la práctica–, y así continuará siempre. Del nombre de ‘butano’ el gran invento hostelero leonés auspiciado por ‘Hobares’, bien puede decirse que es inmortal. Porque ahí sigue. Con unos cuantos años encima… y tan campante. Tan feliz.
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