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El recuerdo de una gesta para la historia

El recuerdo de una gesta para la historia

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Alineación que presentó la Cultural ante el Avilés. Ampliar imagen Alineación que presentó la Cultural ante el Avilés.
L.N.C. | 24/11/2022 A A
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El recuerdo de una gesta para la historia
Fútbol Con motivo de la edición de un imán del ascenso a Primera de la Cultural, que se puede conseguir desde el sábado por 1 €, recuperamos la crónica de aquel partido
Hay fechas que permanecen en la memoria de miles de leoneses de una forma tan intensa que las recuerdan no sólo quienes las vivieron, sino también aquellos que las han oído contar en tantísimas ocasiones. Es el caso del ascenso a Primera División de la Cultural y Deportiva Leonesa, un día que marcó un antes y un después en el fútbol provincial y que supuso la llegada a la élite del fútbol nacional, por primera y última vez, de un club de la provincia leonesa. La Cultural celebra a lo largo de toda esta temporada su centenario y La Nueva Crónica se quiere sumar a las numeras iniciativas que se han organizado desde el club ofreciendo a sus lectores, desde el sábado 26 de noviembre y hasta el domingo 11 de diciembre, un imán conmemorativo de aquel ascenso, en el que se reproduce la postal que se editó en las fechas posteriores a aquel de 11 abril de 1955.

En la imagen no aparecen exactamente los jugadores que fueron titulares en aquel partido que terminó desatando la locura en toda la provincia, sino los once que fueron los más habituales a lo largo de aquella temporada, junto al entrenador Román Galarraga y al histórico presidente Antonio Amilivia.

Son muchos los leoneses que recuerdan de memoria una alineación de la Cultural, cada uno probablemente la más cercana a su generación, pero los Amaro, Macario, Foces, Barbeito, Clemen, Miche, Pueyo, Gallo, Vallejo y Chas son parte de la historia del fútbol leonés porque consiguieron algo que ya entonces se venía que era importantísimo, pero que el paso del tiempo no ha hecho más que demostrar que fue todo un hito, sin precedentes y sin secuelas, porque León al fin se codeaba con los más grandes del fútbol español y por el estadio de La Puentecilla fueron destilando las que sin duda eran las figuras del momento.

La Cultural, campeón de grupo, es ya de Primera (diario Proa, 11 de abril de 1955)


Es difícil contar esto. Las sensaciones de esta tarde, únicas, las emociones que hasta llegar al victorioso final pasamos los diez o doce mil leoneses que abarrotamos el Ejido hasta la saciedad, son sólo para vivirlas.

Una tarde espléndida, tibia y casi veraniega. Un lleno apoteósico en el pequeño campo del Ejido. Y una afición magnífica, digna del mejor elogio, ardorosamente entusiasmada ante el intuido triunfo. Todos estábamos nerviosos, inquietos. El corazón palpitando aceleradamente por el ansia de acabar con esta pugna deportiva que, con sus altibajos estaba a punto de destrozar nuestros nervios. En este ambiente indescriptible en el que las más emotivas sensaciones tenían su expresión exterior con gritos y aplausos, comenzó el encuentro. La lucha, alterna, avivaba nuestra inquietud y nerviosismo. Cuando llegó el primer gol favorable a la Cultural la explosión de entusiasmo debió resonar en todos los ámbitos de la expectante ciudad. Aquel gol enardeció los ánimos de jugadores y aficionados. El campo del Ejido puede decirse que abrasaba.

Momentos de inquietud


Pero inesperadamente llegó el primer gol avilesino. La desilusión duró unos momentos, porque el público, que no se resignaba con otra cosa que no fuese la victoria, reaccionó animando a los jugadores, pidiéndoles con ansias un esfuerzo más.

Tampoco se desmoralizó la afición ante la igualdad del segundo tanto. La desilusión fue tremenda, pero muy corta. Enseguida las voces de aliento se sobrepusieron y sin desmayo siguieron colaborando al triunfo.

Fueron unos minutos de inquietud indecible. Contra nuestra voluntad, casi sin fuerzas para vocear.

Pero los jugadores, animados por los miles de espectadores, supieron sobreponerse a la adversidad. Pese al esfuerzo avilesino para cerrar su puerta, uno tras otro llegaron los dos goles que significaban el triunfo final de una etapa gloriosa en la vida de la Cultural.

El gran triunfo

El entusiasmo del gentío era incontenible. Costaba trabajo sujetar los nervios, que nos hacían saltar del asiento. El público, ya sin temor, esperaba el momento de la explosión final. Y llegó. Llegó un desbordamiento incontenible. La ovación y los gritos culturalistas resonaron poderosos.

Jugadores y aficionados se mezclaron en un gigantesco abrazo de felicitación. Fueron unos instantes, largos instantes de emoción extraordinaria. Los cohetes, los aplausos, lo gritos...

La gente saltaba, se abrazaba y mientras unos llevaban en hombros al entrenador Galarraga, uno de los grandes vencedores, otros hacían lo propio con los jugadores, sin olvidar a Ponte, que lesionado ocho días antes, se había tenido que contentar con aquel mar de emociones desde la banda.

No nos consideramos con fuerzas para relatar exactamente aquellos momentos. Nuestra emoción era pareja a la de los mejores aficionados, en cuyos ojos la victoria había puesto humedad.

Y luego todo el público desde el invadido terreno de juego se concentró frente a la tribuna para tributar una gran ovación al Excelentísimo señor gobernador civil y jefe provincial del Movimiento, don Juan Victoriano Barquero y Barquero, también entre los más destacados triunfadores en la gloriosa jornada. Y el señor Barquero habló, habló emocionado para agradecer la espontánea manifestación del pueblo y también para desahogar su emoción de leonés adoptivo.

Ya estamos en Primera División. León, el pueblo leonés ha logrado un gran triunfo en los terrenos deportivos. Un triunfo que aunque no tenga una trascendencia material tangible para esta gran provincia, supone un honor, un laurel, que a todos nos honra y enorgullece.
¡Viva León! ¡Viva la Cultural!

Un partido muy difícil


Si difícil resulta contar lo que hemos reseñado, aún lo es más hablar del partido. Porque la emoción, el nerviosismo también hacen presa, acaso más intensamente, que el periodista.

Nosotros, que vivimos los azares del club desde hace ya muchos años, que hemos sido testigos de tantos acontecimientos buenos y malos, no podemos sustraernos a la emotividad del instante, de un instante que nos apunta tanta gloria como responsabilidad. Porque inevitablemente nuestro pensamiento avanza rápido y nos coloca ante el porvenir.

Todas estas sensaciones pusieron un velo ante nosotros que nos impide hacer una crítica muy ajustada del encuentro. Sin embargo, vamos a intentarlo.

El partido, por la trascendencia que para los dos cuadros encerraba era muy difícil. De los clásicamente designados como de cara y cruz.
Contra todos los pronósticos el Avilés no salió a defenderse. Exclusivamente con coraje, decisión y entusiasmo se lanzó desde la primera jugada al ataque, confiando en la labor principal, la de enlazar y llevar el balón a las zonas más peligrosas, al leonés Rabadán.

Como es natural los culturalistas plantearon igual táctica. Vallejo llevaba un poco la responsabilidad de dirección del ataque, ayudado por Nino y Clemen, avanzados casi siempre.

Pero los intentos de uno y otro equipo se malograban por el nerviosismo de los dos bandos. Nerviosismo que por lo que se refiere a los leoneses, tenía sus puntos reunidos en la defensa y en la delantera.

Con pases largos, levantando casi siempre el balón, uno y otro equipo pugnaban por acercarse a la portería contraria. Aunque lo conseguían con frecuencia, ni uno ni otro tenían profundidad porque faltaba la necesaria serenidad para aprovechar cualquier contienda favorable.

La iniciativa del juego pasó de uno a otro equipo reiteradamente. En el Avilés era Rabadán el director; en la Cultural Nino, Gallo y Miche. Y el marcador sin moverse hasta que faltando diez minutos para el descanso, Pueyo logró el primer tanto leonés.

El Avilés, que había tenido que replegarse ante el impetuoso ataque de los locales, intentó replicar. Y lo consiguió aunque un poco embarulladamente porque ahora las prisas estaban de su lado.

Un segundo tiempo intenso

Apenas reanudado el juego después del descanso, empató el Avilés. Inmediatamente se replegó a la defensiva, sin renunciar a las arrancadas esporádicas, con algún peligro porque la defensa local estaba desacertada.

Por lo general se juega en unos metros de terreno casi dentro del área avilesina. Pero los defensores asturianos, ayudados por Rabadán y por sus medios, rechazan el ataque sin contemplaciones. El juego tiene mucha emoción y poca calidad. La pelota anda siempre por las nubes o en el córner. Y pese al dominio culturalista, un descuido de los leoneses al creer que había habido falta pone la pelota a los pies de Eriz, que sabe llevar la máxima inquietud a las filas blancas. El repliegue general de nueve o diez hombres coincidió con un ataque en tromba de la Cultural. El dominio es absoluto, pero los nuestros, muy nerviosos se embarullan y no aciertan a aprovechar las excelentes ocasiones. Se producen córner y más córner.

Pero cuando ya iba vencida la mitad de esta segunda fase se produjo la gran reacción de la Cultural. Se serenaron los ánimos sin perder la decisión y el entusiasmo e iniciaron un juego brioso, brillante, con jugadas precisas y preciosas que tuvieron su fruto poco después en la segunda igualada de la tarde.

Y aquí fue donde vimos a la Cultural, a la gran Cultural que ha ganado por méritos propios el ascenso a la División de Honor. Con el equipo contrario replegado en una tenaz y a ratos violenta defensa, nuestros delanteros realizaron combinaciones ligadas con control y acierto, en pases rápidos, mirando la puerta contraria, que pasó sus peores apuros.

Hasta que vino el gol de la victoria, que pese a la reacción del Avilés se convirtió en definitiva, porque la Cultural en estos minutos finales fue muy superior a los asturianos e hizo méritos para que el triunfo, aunque corto en número, no tenga posibilidad de discusión.
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