Publicidad
El perfil malo

El perfil malo

OPINIóN IR

02/02/2021 A A
Imprimir
El perfil malo
Vocifera a las puertas de un colegio como si le fuera la vida en cada sílaba. Y la baba sorprende al vacío en un empuje que la dirige en línea recta. La saliva libre no es bienvenida en tiempos de pandemia, en los que se esperan los barrotes de la mascarilla para retenerla. Y grita, sin calabozos, durante el recreo de los escolares. Suena el teléfono en el despacho policial. Agentes, las voces se han convertido en amenazas inconexas, las babas también y el tercer bastón de alerta, el hombre lleva entre sus ropas un cuchillo envuelto en una funda peculiar, un calcetín de lana adecuado al filo. Son los desequilibrios con los que la pandemia va regando las calles ponferradinas. Un conductor no tiene duelo por subir su pobre vehículo destartalado de revoluciones hasta oler a quemado. Hacerlo por el medio de la ciudad tampoco es un problema para él cuando la ceguera que entra por la nariz se hace fuerte y agua el cerebro. Pisa a fondo, sortea a otros coches, trompea, deja la rueda tatuada en el asfalto y encalla en el barro. Agentes, el conductor está loco. Ni el uniforme les salva de un bofetón, porque el delincuente se ha trasladado a un mundo paralelo. Otro daño colateral del Covid. En un bar de Toral alguien canta, no no, son «alguienes». Escucha. Pero hay que cantar que no solo meando se disuelve la «garimba». Policía, creo que esto de las reuniones matemáticamente labradas y consensuando el censo aquí no ha llegado. Quince personas se ocultan en el bajo. Se han pasado por el forro de la jeta un problema social por el que la UCI se ha contagiado de agonía. Y los sanitarios se agotan, los respiradores cuentan el aire que sortea la muerte. El espacio del hospital se ha convertido en un campo de minas. Dentro, la guerra, fuera, el infierno…y más allá ¿existe más allá? El confinamiento perimetral deja poco espacio para la panorámica. Pero permite mirarse por dentro y en primer plano, la cámara no encuentra el perfil bueno de la sociedad. ¿Será que nunca lo tuvo?
Volver arriba
Newsletter