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El pan y las rosas

El pan y las rosas

OPINIóN IR

23/01/2021 A A
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El pan y las rosas
A principios del siglo veinte, cuando Helen Todd defendió, durante una campaña para pedir el derecho al voto de las mujeres, la importancia de que todo el mundo tuviera pan -trabajo y casa- y rosas -educación y cultura-, no era consciente de la trascendencia que tendría su hermosa metáfora. Helen Todd era inspectora de fábricas y conocía bien la penosidad de las condiciones laborales, entre ellas el empleo de niños. Todd trabajó toda su vida para mejorar la situación de los trabajadores y, con inteligencia y sensibilidad, entendió que no sólo había que pedir pan, sino que también las rosas eran necesarias si es que la vida aspira de verdad a merecer este nombre y a no ser sólo existencia.

De Helen Todd me he acordado estos días porque me ha llegado un libro que trae la memoria de tiempos en los que había algo de pan, pero desde luego muy pocas rosas. Se titula ‘Mineros de Bimenes’ y me lo ha enviado un lector, José Santana, desde la localidad asturiana de El Entrego. El origen del libro es maravilloso y viene del lado de las rosas. Se debe a la actividad que un maestro, Juan Fernando Rodríguez Calleja ‘Juánfer’ propuso a mediados de los años ochenta a sus alumnos de séptimo y octavo de EGB. El trabajo consistía en entrevistar a tres generaciones de mineros: sus abuelos, padres y hermanos, para hacer un ‘Perfil humano del minero’.

El resultado son unos valiosos testimonios de primera mano que gracias al interés de esos chicos y chicas y de su maestro -con mayúsculas- no se han perdido. Leerlos encoge el corazón por la precisión con la que describen esos días sin rosas en un trabajo agotador. «Aunque no estaba permitido a los menores de dieciséis años, yo me las arreglé para empezar a los trece. Nos pedían el nombre y lo que hacíamos los guajes era darlo cambiado». «En mi época no había vacaciones: teníamos que trabajar todos los días, por lo que nunca las disfruté». «Llevaba madreñes de clavos y alpargates, con este mismo calzado íbamos por la nieve que se acumulaba en los montes».

No hay comparación posible con esos años de miseria, aunque también en este momento se endurezca el pan y se estén secando demasiadas rosas.
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