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El niño del tejado de Riaño: "Tenía 11 años y subí porque destrozaban mi paraíso"

El niño del tejado de Riaño: "Tenía 11 años y subí porque destrozaban mi paraíso"

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José Francisco Alonso, con solo 11 años, vigila desde el tejado los movimientos de las máquinas, a su lado, agachado, su tío Jesús. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen José Francisco Alonso, con solo 11 años, vigila desde el tejado los movimientos de las máquinas, a su lado, agachado, su tío Jesús. | MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 12/07/2020 A A
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El niño del tejado de Riaño: "Tenía 11 años y subí porque destrozaban mi paraíso"
LNC Verano José Francisco tenía solo once años cuando las máquinas del Mopu no dejaron piedra sobre piedra en su pueblo, Riaño. Aunque en su familia todos eran contrarios al pantano él recuerda que subió por un impulso propio, y en su mano llevaba un juguete que tenía en el desván de la casa que le iban a derribar
El tiempo va borrando la memoria de la muerte del viejo Riaño, de aquellos días de dura batalla de la que ahora se cumplen 33 años, de aquel siete del siete del ochenta y siete.
Hay muchos riañeses a los que no se les ha borrado ni un minuto de aquellos días. Y, además, hay imágenes que son eternas, testigos a perpetuidad de que aquello pasó. Como la de Vicente y Paz, aquel hombre en madreñas con la ijada levantada contra un pelotón de la guardia civil. Vive la imagen aunque Vicente y Paz ya no.
Pero hay más. Otras dos repetidas una y mil veces son la del niño tejadista y la de los dos hermanos jugando tranquilamente al lado de un guardia civil que se ha quitado su casco antidisturbios y lo ha colocado sobre su arma reglamentaria.

Tres niños en medio de la batalla, ¿quiénes son?, ¿qué fue de ellos?

El niño tejadista es José Francisco Alonso Álvarez, tenía entonces 11 años y en la actualidad, con 44, está afincado en Valladolid, donde ya vivía en aquel año 1987. «Realmente no vivíamos en Valladolid, se puede decir que vivíamos en Riaño. Mi padre tuvo que irse a causa del pantano y encontró trabajo en Valladolid, pero regresábamos todos los fines de semana, todos, además de las vacaciones, por supuesto, incluso con buen tiempo veníamos para un día que fuera fiesta. Riaño era una pasión familiar».

En aquel mes de julio José Francisco estaba de vacaciones en Riaño cuando empezaron los derribos. «Tengo muy fresco cómo era mi vida en aquel lugar que era mi paraíso. Incluso te diré que recuerdo mejor la vida que llevaba que los propios derribos; aunque sí recuerdo aquel día, cómo subí al tejado, cómo bajé... todo. Incluso recuerdo que al bajar llevaba una pequeña caja de cartón con un juguete mío, uno que había encontrado en el desván cuando miramos para ver qué se podía salvar».

José Francisco es sobrino de Jesús Álvarez, uno de los riañeses que con más ahínco luchó contra los derribos. Por ello, dice el niño tejadista, «muchos decían que me había subido mi tío Jesús, que es el que está tumbado a mi lado, pero no es cierto, fue un impulso mío, una reacción contra unas máquinas que estaban destrozando mi paraíso y, como hacen todos los niños, reaccionas con rabia».

También su tío Jesús fue noticia en aquellos días pues, en otro gesto de rebeldía, decidió quemar su casa antes de que la fueran a derribar las máquinas del Ministerio. «Yentre los nervios, la rabia, sufrí algunas quemaduras y es cierto que salía una foto más en La Crónica con la nariz abrasada».

Ni Jesús, Ni José Francisco, ni otros muchos de los enfrascados en aquella batalla han regresado a Riaño. «Los que estábamos en contra del pantano estábamos en contra del Nuevo Riaño y no teníamos nada allí. Muchos regresamos unos días por Quintanilla (las fiestas) pero de hotel; Huberto, el que fue alcalde, también viene de vacaciones pero tampoco tiene casa; Lipi pasa muchas temporadas en Salamón;Carmen Sopeña también regresa cerca, a tierras de la Reina... Los que más contacto mantienen son Fernando, que tiene un bar en Burón o Porfirio, que lleva de alcalde de Burón casi desde el pantano».

Los citados, y alguno más como Luis Rodríguez, de Pedrosa; Luis Ángel y el grupo de Las Salas, el hermano de Huberto o Manolo, que vive en Riaño, eran el grupo de ‘lugareños’ que luchaban contra los derribos con escasas armas. «En un momento dado pensamos en meternos en la política municipal para ver si se podía hacer algo y creo que Luis Rodríguez fue el último alcalde de Pedrosa del Rey; Huberto fue alcalde de Riaño y Porfirio creo que no salió a la primera pero ahí sigue», cuenta Jesús Álvarez, quien recuerda una reunión en Hormas y poco más. «Casi ninguno tenemos casa en Riaño y el tiempo nos va llevando a cada uno por un camino diferente... pero con Riaño en la memoria».
José Francisco, el niño tejadista, es contundente: «Cada vez que alguien me dice que voy para el pueblo me da un escalofrío pues yo siento que no tengo pueblo, el Nuevo Riaño no es mi pueblo, me gusta volver, ver a los amigos, ir a lo de los arvejos... pero soy del Riaño viejo».

La otra foto, la de los niños con el guardia, es otra estampa del desarraigo. El niño de la pelota es Raúl, la niña que se atusa la melena es Isabel y hoy, rondando los cuarenta, apenas regresan a Riaño; «uno vive en La Coruña y otro en Málaga», su tío Fernando, otro viejo luchador.

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