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El molino que nació porque los nietos querían ver "el diablo"

El molino que nació porque los nietos querían ver "el diablo"

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Jesús Martínez Hernández, de 98 años, ante la maqueta de su viejo molino de linaza de arder  que, como repite él, \ Ampliar imagen Jesús Martínez Hernández, de 98 años, ante la maqueta de su viejo molino de linaza de arder que, como repite él, \"aquí funciona todo\". | MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 22/05/2022 A A
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El molino que nació porque los nietos querían ver "el diablo"
LNC Domingo Jesús Martínez, de 98 años, es Jesús ‘El de los molinos’ de Castrillo de las Piedras y tan orgulloso de haberlo sido que ha construido una fiel maqueta a escala de su antiguo molino de linaza de arder en la que, dice con evidente orgullo, "todo funciona". Lo enchufa... y todo funciona, como su cabeza y su memoria
«Los nietos me preguntaban cosas como ¿qué es el diablo ese del que hablas, abuelo? y otras del molino y dije: voy a hacer una maqueta a escala para que lo vean todo». Así explica Jesús Martínez Hernández, ‘Jesús el de los molinos’, de 98 años, cómo nació ese molino «a escala» en el que, insiste, «aquí funciona todo» y se queda con la mirada fija en tí para ver cómo reaccionas cuando enchufa ‘el invento’ y, efectivamente, todo echa a andar cuando él lo anuncia: «Ahora empieza a golpear el cantiago, mira el famoso infierno, ahora saldrán las primeras gotas de aceite de linaza...». Y ocurre. Para una justificada satisfacción de Jesús que se le nota en los ojos.

- ¿Y qué era el diablo?
- Para que el aceite fluya necesita una olla de vapor con una hélice que da vueltas, ése es el diablo, porque lleva el calor.

Solo es una historia. Tiene mil el viejo molino de Jesús, hasta el nombre, que llama la atención: «Igual que hay molinos de sangre, éste es un molino de linaza o de arder, porque se utilizaba la linaza para los candiles», explica; y su hijo Jesús Antonio explica que no es ningún invento y que ya en el famoso Madoz se hablaba de los molinos de linaza de arder en lugares como Saldaña, por ejemplo.

Y si tiene historia el molino, que volveremos a él, también el pueblo que lo acoge, Castrillo de las Piedras, el lugar donde el poeta Leopoldo Panero tuvo su casa de descanso y también con una curiosa historia que acercó al poeta y al molinero, la de Juan Pintor, al que llamaban ‘El pobre’ y a quien Panero dedicó un poema. Y es que Juan, en quien Leopoldo intuyó una sabiduría que existía, trabajó en el molino, como contaba, por ejemplo, Martín Martínez: « Juan Pintor, berciano que un día apareció por Castrillo, donde asentó sus reales para dedicarse a la molienda, cuidando caz y muelas en el molino del señor Miguel», que era el padre de Jesús.

Y lo que nació como una ‘concesión’ a los nietos se convirtió en un orgullo para su creador, Jesús el de los Molinos, que curiosamente incide en las novedades y adelantos que fueron llegando al viejo molino: la electrificación, en 1920; cuando se desmonta el cantiago para colocar la prensa hidráulica, en 1942... mientras a su hijo le entusiasma más la historia anterior, la antigua .

- Voy a hacer de nieto y no le pregunto por el diablo, pero ¿qué es el cantiago, del que tanto habla?

Jesús sonríe. Mira para la maqueta y dice: «escucha». Entonces pone en funcionamiento y el citado cantiago comienza a funcionar, las dos vigas que lo forman golpean sobre las cuñas con ritmo uniforme... «Este sonido se producía en el molino y se escuchaba perfectamente en el pueblo, cuyos vecinos le llamaban el cantiago, de cante».

Según va hablando este molinero de 98 años te envuelve en sus recuerdos, en sus historias, en la historia del molino de arder. «Tiene documentado Jesús Antonio que en 1864 cuando el Ferrocarril del Norte llegó a Astorga el Marqués de la Dehesa de Hinojo le vendió el molino de arder de Castrillo a dos tíos de la abuela Lucía, Rosendo y Antonio. Al marqués le pagaban un Foro de 13 pesetas hasta que cuando yo (Jesús) tenía 25 años liberaron este foro pagando un canon de 1000 pesetas al último de los señores de la comarca».

Jesús Martínez cuenta y cuenta dejando en el aire palabras cargadas de fuerza y ecos antiguos: zague o zalla (el cauce que mueve al molino), la presa de los Tres Concejos, el desnaguadero a la quinta comporta, la rodera, la mota o la piedra volandera; entre otras muchas palabras de su mundo molinero.

Llama la atención algo que salta a la vista. Jesús va arrancando recuerdos de trabajos duros pero cuando acaba sus explicaciones y se queda en silencio, pensando, musita, casi se le escapa un «qué feliz fui», que debía ser algo parecido a lo que trasmite cuando habla y habla de su molino a través de su maqueta.

- Hablamos de los molinos de linaza de arder, ¿qué son? ¿qué producen?
- Son molinos. La diferencia es que ‘se nutren’ de linaza, recogida en los linares de la comarca y que producían aceite de linaza, que en tiempos tuvo su utilidad. «Pero también íbamos por semilla donde la hubiera buena; por ejemplo, a por esta que conservo en esta botella y que era de Sevilla, era de las más productivas. «Hasta Andalucía bajaba en un Ford Cuatro que había comprado de segunda mano, un camión que antes se usaba para transportar antracita de las minas del Bierzo. Pero merecía la pena, aquellas semillas producían hasta cuatro veces más de aceite que las de aquí».

Y recuerda el casi centenario molinero de Castrillo de las Piedras las tres utilidades principales de aquel aceite de linaza: «Las fundamentales eran: luz, piensos, emplastos y cataplasmas», añadiendo que incluso llegó a ser utilizado este aceite de linaza en la alimentación humana: «A veces, antes de ir a trabajar al campo, bien temprano, se extendía sobre una rabanada de pan un poco de aceite de linaza bien caliente, para que penetrara en el pan, y con un poco de azúcar, lo tomaban los campesinos. Algunos también comían los peces del río fritos con este aceite».

Pero los usos más habituales fueron, primero, para luz en los candiles y posteriormente como ‘barniz’, dando a la madera este aceite, que era un buen protector. «Pero la llegada de la luz a las casas, primero; y la irrupción de los barnices y las pinturas industriales allá por los años 60 del pasado siglo fueron un duro golpe para los molinos de arder». Aunque siempre vivirán, en el recuerdo de gentes como ‘Jesús el de los Molinos’ o en la maqueta que en su casa recuerda aquellos tiempos con absoluta fidelidad pues, como a él le gusta repetir: «Lo voy a enchufar, estate atento porque aquí funciona todo».
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