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El mirador de La Cepeda

El mirador de La Cepeda

OPINIóN IR

12/05/2016 A A
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El mirador de La Cepeda
He comentado muchas veces que León tiene varias visitas excepcionales y que una de ellas son los miradores. Esta provincia dispone de un arco montañoso de más de 250 km que da un juego imponente al visitante. Y lo da porque el aire de León es cristalino, algo de lo que no se puede disfrutar en la vertiente al mar de la Cordillera Cantábrica. Y mucho más en estas fechas.

No existe un lugar con la cantidad y la calidad de miradores que existen en León, tanto hacia el llano como hacia la zona montañosa. La profundidad de campo rebasa los 100 kms los días claros, que son mayoría. El número de atalayas resulta espectacular: la Camperona, Santaya, Congosto, Villadangos, Velilla, Matadeón, Alija, Castrotierra, la Peregrina …; todos ellos accesibles en coche y transitables para cualquier persona sin necesidad de esfuerzos físicos fuera del alcance del gran público. Lo mismo se pueden visitar con personas mayores que con niños.

La semana pasada descubrí uno que pasa por estar entre los de vista más espectacular de los muchos que conozco. Es el Cueto de San Bartolo, el centro mágico de la comarca cepedana, la referencia de ese territorio tan desconocido para la mayoría y tan replegado en las raíces de su autenticidad y serena belleza. El monte, que debiera mudar su denominación por la de San Eolo, ya que ha sido tomado por gigantescos molinos de viento, cuenta a los pies de los mismos con una de las mejores vistas de León.

Abajo se aprecia el embalse de Villameca como un lago digitado y tortuoso. A media distancia observamos Astorga, con su catedral, o el polígono de Villadangos, con sus naves blancas. Al fondo, las fábricas de pienso de Benavente interrumpen la línea del horizonte por el sur. Al este, la cumbre del Espigüete, en la provincia de Palencia, muestra su picacho cubierto de nieve. Más cerca, el Polvoredo, más conocido como Correcillas, presenta su lomo gigantesco salpicado de manchas blancas. El Teleno parece estar al lado y hacia el oeste asoman las cumbres del Gistreo que anuncian la cuenca del Sil.

La Cepeda tiene en el recién bautizado cueto de San Eolo una cita a la que ningún leonés debiera faltar. El acceso desde las grandes vías hasta los pies del monte es sencillo, rápido y de buena calidad. El ascenso fácil en coche, el buen estado de la anchísima pista por la que subieron los camiones con los generadores eólicos y el amplísimo espacio para aparcar aconsejan que los ayuntamientos afectados y la diputación se dispongan a poner en valor esta atalaya excepcional, un recurso con el que muchas otras comarcas quisieran contar.
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