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El mínimo vital

El mínimo vital

OPINIóN IR

02/06/2020 A A
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El mínimo vital
Para poder vivir dignamente, son necesarias unas condiciones mínimas. La primera es poder nacer. No todos los niños tienen este derecho. Los hijos del vicepresidente Pablo, sí lo han tenido. Se ve que lo de la igualdad es mera teoría. La segunda es poder respirar. Que se lo pregunten a más de treinta mil españoles que no han podido respirar y se han muerto. España es líder en muertos por el Covid-19. Se podrían haber evitado bastantes. Se ha comprobado que el ser anciano da menos derecho a vivir.

En tercer lugar está la comida. Si no se come se muere. Las grandes colas en busca de alimento parece que están sobre todo en las parroquias y otras instituciones de la Iglesia. Mientras no haya otra solución, estamos de acuerdo en que es necesaria la caridad y la existencia de un ingreso mínimo vital, que no es un regalo del gobierno, sino una aportación de la sociedad. No son los catorce mil euros mensuales que entran en el chalet de Galapagar, pero menos da una piedra.

Fundamental el tema de la vivienda. Esa sí que es una cuestión urgente en la que todos los partidos políticos deberían ponerse de acuerdo, porque, solucionado este problema, es mucho menor el agobio. No debería permitirse tanta especulación. España tiene terreno suficiente y materiales para que haya viviendas para todos, aunque sea un pequeño piso estilo vallecano.

Nadie duda la urgencia del ingreso mínimo vital en este momento. Pero inevitablemente surge una pregunta: ¿De dónde va a salir el dinero para pagarlo? Además de estas pagas, hay que hacer frente a pensiones, a pagos por desempleo, Erte, Sanidad, Educación… y al mantenimiento de los políticos. Pues bien, solamente mediante la creación de riqueza, de puestos de trabajo, de favorecer a las empresas en lugar de ahogarlas, es posible sufragar estos gastos. Lo que sí parece indecente a todas luces es pretender tener asegurado el voto de quienes, aun pudiendo trabajar, se conformarían con esta paga, o a lo sumo completando con economía sumergida. Y, lo que es peor, la falta de interés en crear de riqueza.

Aunque suene a tópico repetitivo, no deseamos que España se convirtiera en Cuba o Venezuela. La historia demuestra que la pretendida solución comunista ha sido el gran timo de quienes se aprovechan de la miseria ajena y de la ignorancia para situarse ellos en la opulencia. Y, además, es imposible un mínimo de vida digna si no se facilitan las condiciones para realizarse mediante el trabajo, en lugar de fomentar parasitismo crónico.
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