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El milpiés gigante que se paseó por la cuenca de Fabero

El milpiés gigante que se paseó por la cuenca de Fabero

EL BIERZO IR

Imagen del Aula Paleobotánica de Fabero de la pieza de Arthopleura armata encontrada en los pasados días. | FOTO: José Angles Correa Ampliar imagen Imagen del Aula Paleobotánica de Fabero de la pieza de Arthopleura armata encontrada en los pasados días. | FOTO: José Angles Correa
Diana Martínez | 21/10/2021 A A
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El milpiés gigante que se paseó por la cuenca de Fabero
Patrimonio El colectivo Aula Paleobotánica halla en la gran corta un llamativo fósil animal de Arthropleura armata, un miriápodo del Carbonífero Estefaniense que podía medir 2,5 metros
Que el subsuelo de las cuencas mineras esconde tesoros de otras épocas es algo que ya estaba claro. En ocasiones, eso tesoros van apareciendo poco a poco gracias al trabajo de voluntarios y aficionados en este caso a la paleontología y a la geología, los de la Asociación Aula Paleobotánica de Fabero, que desde hace unos tres años rescatan, analizan y ponen en valor los llamativos fósiles de la explotación minera a cielo abierto de la gran corta de Fabero.

Hora sin actividad extractiva de carbón, ellos son los que dan vida a este gran agujero ganado a la montaña para arrancar mineral durante años, pero que desde su abandono ha servido incluso ya de entorno artístico y de rodajes audiovisuales.

Pero si a menudo encuentran allí llamativos fósiles vegetales de distintos tipos, lo destacado de uno de sus últimos descubrimientos es que se trata de un fósil animal. Son los restos petrificados de un ejemplar de Arthropleura armata, un miriápodo, similar a un ciempiés o un milpiés, pero de grandiosas dimensiones.
José Joaquín Ramón, presidente del colectivo y uno de los impulsores del Aula Paleobotánica de Fabero, explica que, por ejemplares hallados en otras localizaciones e investigaciones ya realizadas, “esta especie contaba con ejemplares que podían llegar a medir 2,5 metros de largo”.

Y es que, cuando se habla del Carbonífero, siempre las dimensiones son otras. “los árboles, las plantas, los insectos, los anfibios…” todo era más grande debido a la atmósfera y a la gran cantidad de oxígeno que albergaba.
Desde el Aula Paleobotánica de Fabero apuntan que parece pertenecer a la parte del tórax del animal, que tenía protegido por una carcasa que cubriría también parte de sus patas. Está por estudiar cuál era su alimentación, si era un animal herbívoro “que posiblemente lo sea”, explica José Joaquín Ramón. O si tenía otro tipo de alimentación. Individuos de esa especie vivieron y pasearon por las cuencas de Fabero hace unos 306 millones de años- en el carbonífero Estefaniense- y han quedado grabados en las piedras junto a helechos y otras especies vegetales más comunes.

Es un hallazgo de gran valor por sus especiales características y su escasa presencia en fósiles hasta el momento en la zona, de ahí la importancia de estas piezas.

No obstante, no es éste el único fósil animal que han encontrado. Cuentan con lo que pueden ser algún resto de alas de insectos que se están estudiando, así como las huellas, ignitas, encontradas hace un año de un gran anfibio tetrápodo, similar a una salamandra pero del tamaño de un gato, por el que ya han mostrado interés en su estudio científicos especialistas de universidades de Cataluña.

Con el estudio de estas piezas y el desarrollo de otros proyectos, la asociación busca “dar una dimensión más grande al Aula, una dimensión científica, de divulgación, didáctica, de ampliación del conocimiento sobre nuestra cuenca, y no sólo una exposición de fósiles”.


La controversia de la restauración

A la expectativa están de lo que ocurra con el yacimiento cuando comience la restauración de la montaña prevista con los fondos europeos de Transición Justa. Aunque el proyecto ha incluido algunas de las ideas sugeridas desde el aula Paleobotánica, Joaquín Ramón apunta que “el núcleo del yacimiento va desaparecer, y esperamos que pueda haber un entendimiento con las empresas que van a trabajar con las máquinas para poder estar pendientes de posibles piezas interesantes que puedan aparecer, para recuperarlas y estudiarlas”. Sí habrá un espacio para los fósiles y la paleontología, pero aún así, desde el colectivo entienden que “la restauración, aunque es necesaria, podría ir en otra línea” que “pusiera aún más en valor esta riqueza que tenemos en esta cuenca”.

Estarán atentos, no obstante, para ver si es posible que se mantengan dos taludes que conservan destacadas piezas y estructuras y de todas las ideas que puedan aportar para que la gran corta pueda seguir siendo un yacimiento interesante.
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