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El médico que se empeñó en ser paisano

El médico que se empeñó en ser paisano

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Fulgencio Fernández | 15/01/2017 A A
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El médico que se empeñó en ser paisano
Obituario Fue el médico de Cármenes de ‘toda la vida’ (38 años) y después decidió ser un vecino más del municipio donde también fue alcalde durante 12 años: ‘Don Antonino’
Lo tenías muy difícil si querías ser enemigo de Antonino, el médico. Jamás entró al trapo del cotilleo, la descalificación, la crítica del ausente. «Cada uno...», musitaba. Jamás nadie supo de los males o avatares de otros por un comentario suyo.

Antonio Fernández, Antonino para quien quisiera, Don Antonino para quienes fueron sus pacientes, era la discreción extrema. Fue 12 años alcalde —«por amistad me convencieron» y de la política sólo se llevó la amistad de algunos, como Julio González, quien le convenció, y Jaime Lobo, siempre tan cercano a los alcaldes de pequeños pueblos—y cuando todo sonaba a la vieja historia del médico, alcalde, medio dueño de todo apareció el Antonino que jamás mezcló al médico con el alcalde, el hombre que hizo lo que pudo pero, curiosamente, sin hacer política.

Con sangre del Curueño, de Santa Colomba, llegó a Cármenes siendo un joven licenciado en Medicina, «con miedo a la montaña, a la nieve», reconocía, y ocurrió como tantas veces con él, lo inesperado: «Me fui enamorando de esta tierra, que combatía el frío con el calor de sus gentes, me gustaron sus costumbres, hice algunos buenos amigos... y me di cuenta de que ya no me iba a ir de aquí jamás».

Y lo cumplió. Esas cosas de los destinos, los puntos... le obligaron a dejar la plaza poco más de un año y nada más que pudo regresó a ella. «Treinta y ocho años he sido médico de este ayuntamiento», recordaba el día que le hicieron un homenaje por su jubilación y porque se había aprobado en Pleno —gobernado por sus teóricos rivales—ponerle su nombre a una plaza. Era un homenaje por su jubilación pero no por su despedida pues este hombre de ley cumplió su juramento de fidelidad y se hizo una casa en el pueblo y pasó de ser médico a vecino. O, seguramente, siempre fue paisano. Allí se quedó con Mili, la otra cara de la moneda, la inquieta, la servicial, la que era capaz de recorrer el pueblo tres veces para llevarte una aspirina. Y con Gelín, «el chaval».

Este domingo lo incineran. Sus cenizas seguramente volverán allí, serán nieve entre la nieve a la que ya no tenía miedo. El bicho fue cruel con Antonino y no le dejó disfrutar esa merecida jubilación, jugando la partida con Jaimito, riendo sus bromas, caminando...

Hay días duros. La primera nevada del año fue liviana en la cantidad caída pero terrible para los ánimos. Tres vecinos se han ido juntos. Antonino, el médico;pero también Elena, de la casa del recordado Joaquín ‘El Pastor’; y Eugenio el de Pontedo, el último bastión del barcelonismo en la comarca, el padre de aquella frase fruto de la ira ante un madridista que le hurgaba en alguna herida: «Tu para Gete serás muy listo, pero en cuanto pasas el puente para acá, una burrina, te lo digo yo».

Allá, donde sea, se verán.
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