Esta web utiliza las cookies _ga/_utm propiedad de Google Analytics, persistentes durante 2 años, para habilitar la función de control de visitas únicas con el fin de facilitarle su navegación por el sitio web. Si continúa navegando consideramos que está de acuerdo con su uso. Podrá revocar el consentimiento y obtener más información consultando nuestra Política de cookies.
ACEPTAR
Publicidad

El médico que prometió descansar en Maragatería pero estaba en la guerra

El médico que prometió descansar en Maragatería pero estaba en la guerra

CULTURAS IR

Ampliar imagen
Fulgencio Fernández | 09/06/2019 A A
Imprimir
El médico que prometió descansar en Maragatería pero estaba en la guerra
LNC Domingo Doctor Delil (Marcos P.G.) vuelve a ser noticia. Una mina antipersona tiene entre la vida y la muerte a este médico y ex militar que regresó a Maragatería después de una terrible experiencia en la cárcel, se iba a quedar...
En 2017 el miliciano Doctor Delil (que significa Coraje en kurdo y Marcos P.G. es su nombre real) regresó a Rabanal del Camino para descansar en el negocio de hostelería que regenta su familia en esta localidad. Buscaba descansar y desconectar después de una experiencia terrible, 95 días de cautiverio en una cárcel kurda en Erbil (Irak) junto a otros dos españoles apodados Robín y Agir. Su compañera reconocía que los primeros días le resultó imposible dormir pues se despertaba continuamente con pesadillas.

Protagonizó entonces Doctor Delil un buen número de reportajes pues además de su terrible experiencia quería hacer llegar a todo el mundo la crueldad de aquellas cárceles y la connivencia del Consulado de España, cuyo cónsul «ni hablaba español». En uno de estos reportajes, le confesaba a Francisco Carrión, del suplemento Crónica: «Voy a hacer caso a mi pareja leonesa, que bastante enfadada está. Han sido meses eternos para ella. Quiero llevar una vida más tranquila, allí no quieren más extranjeros».

Marcos P.G. siempre explica que "no somos mercenarios, luchamos por convicción"Parecía lógico después de lo sufrido. Podía parecer que Marcos andaba por sus tierras de la Maragatería o las gallegas de Vigo... pero «los teletipos» volvieron a pitar en las redacciones con su nombre como protagonista. Su compañero Agir se puso en contacto con la Agencia Efe: «Hemos de comunicar una mala noticia. Nuestro amigo y camarada el doctor Delil fue victima el pasado martes 4 de una mina antipersona», indicó telefónicamente. La gravedad del estado del leonés es más que evidente: «Ha sufrido heridas de metralla en manos y brazos, pero las heridas mas graves son las que le han afectado a la cabeza. Tras la explosión entró en coma y permanece en esa situación desde entonces. Está inconsciente en un hospital de Hasaka».... decían los partes iniciales, se han ido sucediendo otros en los que la situación produce cierta esperanza, siempre dentro de la extrema gravedad. Explicaban que el leonés «Estaba limpiando el jardín con un pico y había una antigua mina antipersona de Sadam Husein con la mala fortuna de que no la vio y le explotó de lleno».

Y entre los comunicados se deslizan algunas frases, de sus compañeros milicianos, que explican cómo su compromiso pudo más que sus buenas intenciones de permanecer junto a los suyos, que vuelven a vivir «jornadas eternas», como él mismo decía hablando de sus meses en prisión. Una de estas frases explicaba: «Tras pasar un tiempo en un pueblo leonés, Doctor Delil decidió regresar a Sinyar para continuar atendiendo diferentes dispensarios médicos».

Marcos P.G. es un antiguo militar del Ejército español pero también es médico y esta condición es la que le da el apodo y la que le lleva a estar al lado de quienes combaten en la YBS (Unidades de Resistencia de Sinyar), un batallón formado en su mayoría por yazidíes, un pueblo víctima de un silenciado genocidio a manos del Daesh. Contemplarlo en directo fue lo que hizo «profundizar» en su compromiso con ellos. Como militar de la Brigada Paracaidista de Madrid conoció aquella realidad y esta Brigada fue la que le pagó la carrera de Medicina e, incluso, hizo prácticas en el Hospital Militar Gómez Ulla, aunque no ejerció nunca en España.

Dejó el Ejército «por motivos personales» y se dedicó a formar a policías y militares en intervención y primeros auxilios, recorrió varios países de Hispanoamérica y, finalmente, llegó a Irak: «Los vuelos desde España los he sufragado con mi dinero y en Irak ya te facilitaban todo lo que necesitabas: tabaco, comida, ropa y los desplazamientos internos. Si querías una televisión o una máquina de café te la proporcionaban. La comida sobraba...».

Doctor Delil siempre mantuvo vivos sus principios de médico incluso por encima de la guerra, recuerda lo prometido en su Juramento Hipocrático y presume de ello: «En prisión estaba recluido en una celda con 120 personas. Había presos que pertenecían al Daesh y sí, tuve que atenderlos. Una noche uno de los yihadistas sufrió tres infartos consecutivos. Lo pude reanimar en dos ocasiones pero no sobrevivió al tercero. En otra ocasión, auxilié a otro militante por un infarto antes de que lo trasladaran al hospital. Ambos eran iraquíes detenidos en Hawija (ciudad a 240 kilómetros al norte de Bagdad). Yo lo siento mucho pero no puedo quedarme quieto si veo delante de mí a una persona que está sufriendo un infarto. En esto no hay bandos ni enemigos», le contaba al periodista Ferrán Barber.

Doctor Delil describía situaciones en las que jugarse la vida por atender a enfermos y heridos era habitual, de ahí la paradoja de cómo ha sufrido esta explosión, lejos de la batalla: «Recuerdo las noches en la que teníamos que ir a socorrer a víctimas de las minas plantadas por el Daesh (Estado Islámico, en árabe). Había que cruzar zonas de combate y siempre atormentaba la duda de si, en el camino de regreso, no acabaríamos volando también nosotros por los aires».

Otra de sus experiencias se la relataba al citado Francisco Carrión antes de regresar a España, sobre el terreno. «Los militares son muy reacios a atender a la población civil pero yo jamás hice excepciones. Atendí a muchos niños. Había semanas que estaba varios días sin dormir porque no paraba de llegar gente», relataba a Crónica este leonés de 47 años (hoy 49) que preparaba su retorno a España desde la ciudad kurda de Suleimaniya, tras prestar asistencia sanitaria durante los últimos dos años. «En una ocasión le explotó una mina a unos campesinos en su camino al trabajo. Un niño pisó el artefacto y el padre acudió a nosotros. ¿Cómo no iba a auxiliarle?», se interroga. Seguramente por ello, en el tranquilo relato de su experiencia médica y de lucha sólo le incomoda el uso de la expresión «mercenarios» o que se piense en un lucro personal, tanto suyo como de sus habituales compañeros Robin y Ager o de tantos otros europeos que se suman a causas justas y nobles. «No luchamos por dinero, lo hacemos por convicción», le decía a nuestra compañera de Diario de León Cristina Fanjul.

95 días en prisión

Pero el relato que le llevó a los medios de comunicación de varios países y que también grabó en vídeo es el de su terrible experiencia —junto a Robin y Ager— en la cárcel. Las frases sacadas de la citada grabación dejan muy claro lo que Doctor Delil pasó en aquellos 95 días confinado y torturado sin conocer los motivos y ponen mucho más en valor la realidad de su compromiso y la injusticia de vincular su nombre con mercenario. Vamos con algunas de las frases tanto de Marcos como de su compañero Egir: 

- Había un único servicio por celda, cubierto de excrementos. Los días en los que disponíamos de espacio suficiente, dormíamos uno para cada lado y de costado, pero cuando traían a más gente teníamos que yacer apoyados unos sobre otros. Ponían una televisión que sólo emitía versos del Corán recitados a un volumen brutal y música turca. Querían privarnos del sueño para que acabáramos volviéndonos locos.
- Y luego estaba el hambre: un poco de yogur para desayunar, arroz para comer y una pieza de fruta que debíamos compartir para cenar.
- Pasábamos el día de pie o tumbados a turnos excepto los 20 minutos que nos dejaban salir a un patio interior con un pequeño enrejado a unos 15 metros de altura. Caminábamos en círculo porque el espacio no daba para más.
- Debido a las durísimas condiciones de este centro de detención reconvertido en penal, varios compañeros de celda trataron de suicidarse con la costura de las mantas o, en el caso de un turco, con un cable eléctrico. Cuando retiraron las costuras para impedir que alguien más lo intentara, algunos comenzaron a recurrir a los tapes afilados de los botes de yogur.

Se podrían extraer muchas más, pero es suficiente; sin embargo, hay una que ya parece una broma si no fuera por las condiciones en las que ocurre: «Para poder volar de regreso a España, vía Bagdad, hay que abonar una multa de algo más de 3.000 euros por exceder el tiempo de estancia legal que establecía su visado de 30 días»... olvidando que son ellos quienes les han retenido en una terrible cárcel del Kurdistan.

Este es Doctor Delil, Marcos P.G., el leonés que se debate entre la vida y la muerte por mantener firme su compromiso de lucha como voluntarios contra el Daesh... sin dejar nunca de ser médico y su compromiso con la vida.
Volver arriba
Newsletter