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El lobo: dialéctica y simbolismo

El lobo: dialéctica y simbolismo

OPINIóN IR

07/03/2021 A A
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El lobo: dialéctica y simbolismo
Estos días se ha reavivado la polémica sobre si el lobo debe ser extinguido, protegido o controlado para evitar el daño que pueda ocasionar. En el aspecto dialéctico, por un lado está el Gobierno, al incluir al lobo en el Listado de Especie en Régimen de Protección Especial, lo que ha provocado; por otro, una reacción de ganaderos en las comunidades autónomas más afectadas: Galicia, Asturias, Cantabria y Castilla y León, debido al estropicio causado por el lobo en la ganadería extensiva. Ambas posiciones tienen sus razones.

Motivo por lo que dejo aparte la polémica y me centro en la simbología del lobo. Su simbolismo entraña dos aspectos: uno feroz y satánico, benéfico el otro. Para el primero, sirve de ejemplo marcar la cualidad negativa del ser humano: «Homo homini lupus» (el hombre es un lobo para el hombre), expresión que fue creada por el comediógrafo latino Plauto en su obra ‘Asinaria’, frase que en el siglo XVII popularizó el filósofo inglés Thomas Hobbes, para referirse a que el estado natural del egoísmo humano le lleva a una lucha contra su prójimo. En el aspecto benéfico el lobo es símbolo de la luz, a la vez que también lo es como símbolo solar. El simbolismo luminoso del lobo, usual en los países septentrionales, no aparee, sin embargo, en el dominio céltico.

En el aspecto negativo, el lobo es un obstáculo en la ruta del peregrino árabe y la loba en la de Dante donde toma las dimensiones de la bestia del Apocalípsis. También la iconografía indú lo ve como alimaña de mal augurio y lo atribuye a las divinidades en su aspecto siniestro. La voracidad del animal se expresa por la relación del lobo con el pecado y de la loba con la pasión y el deseo sensual.

La boca del lobo, en la mitología escandinava, es un símbolo de la reintegración cíclica, lo que sin duda nos remite al lobo que devora. La boca del lobo es la noche, la caverna, los infiernos. En catalán, es todavía expresión corriente «fosc com uma gola de llop», la liberación de las fauces del lobo es la aurora, la luz iniciática que sucede al descendimiento a los infiernos. En la tradición nórdica, los lobos simbolizan la muerte cósmica: son devoradores de astros. La monstruosa boca del lobo, de la que la princesa y psicoanalista Marie Bonaparte habla en su autoanálisis y que asocia con los terrores de la infancia consecutivos a la muerte de su madre, recuerda al conocido cuento de Perrault sobre Caperucita Roja: «¡Abuela, qué dientes más grades tienes! ¡Abuela qué boca más grade tienes!»

Al lobo azul celeste, creador de las dinastías mongolas y chinas, se opone la loba de Rómulo y Remo como emblema de Roma. En Anatolia aún se ve a las mujeres estériles invocar al lobo para tener hijos.

El lobo, en la imagineria europea de la edad media es también la forma que revisten más frecuentemente los brujos, mientras que las brujas, en las mismas ocasiones llevan ligas de piel de lobo. En España es la montura del brujo. La creencia en los licántropos u hombres-lobo está atestiguada en Europa desde la antigüedad; Virgilio ya lo menciona. En Francia apenas comenzaba a dudarse de ello en el reinado de Luis XIV. Es una de las componentes de las creencias, uno de los aspectos que sin duda revisten los espíritus de los bosques.

En resumen, ya sea devorador de astros, de niños o señor de los infiernos, el lobo en Europa ocupa un papel simbólico análogo al jaguar para los centroamericanos, esencialmente el que lleva la boca de los infiernos, que se abre de par en par en el horizonte de la tierra.
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