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El joven cazador de saberes viejos

El joven cazador de saberes viejos

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Fulgencio Fernández | 24/01/2021 A A
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El joven cazador de saberes viejos
LNC Domingo Miguel Ángel Blanco comenzó a estudiar las plantas de Omaña para entretener las horas de vigilancia de los fuegos desde una caseta y por vocación, ya que estudió Forestales, pero las historias que le van contando los vecinos le han fascinado y se ha embarcado en un gran proyecto de etnobotánica, que también es un homenaje a su abuelo Emiliano
«Una sebe, dura tres años / tres sebes, un perro/ tres perros, un caballo / tres caballos, una persona». Este refrán para saber la vida media de sebes, perros, caballos y personas era una de las muchas historias que el abuelo Emiliano, de Formigones, le contaba al niño Miguel Ángel, ya nacido en La Robla y que escuchaba como se escucha a los abuelos.

Pasó el tiempo. Miguel Ángel quería estudiar algo relacionado con la botánica, y el primer paso fue un módulo de FP, que le fue enganchando y animó a estudiar Forestales, que le animó y enganchó aún más y está en la actualidad en Lérida haciendo el máster «para ser Ingeniero de Montes».

Y en medio trabajaba de «escucha de incendios» en una de esas casetas ubicadas en lo alto de los montes. El joven roblano, lector empedernido, personaje inquieto, amigo de escuchar, empezó un proyecto que le apetecía. «Antes de subir a la caseta y en los días de descanso iba por los pueblos y le preguntaba a los más viejos sobre las plantas de la comarca, cómo se llamaban en cada lugar y, sobre todo, para qué se utilizaban, en medicina, en veterinaria, para usos domésticos...».

Se emociona escuchando. Recuerda al abuelo Emiliano, entiende aquel refrán que relacionaba ‘las sebes’ con las personas y se emociona con ese camino, aunque no siempre encuentra mucha colaboración pues a la gente le cuesta trabajo recordar, tienen presentes los tiempos en los que estas cosas parecían ‘antiguas’... y aparece alguien fundamental para ‘el proyecto’: Natalia, la gerente de la Reserva de la Biosfera de los Valles de Omaña y Luna, que cree en el proyecto, le facilita contactos, medios...

Y poco a poco va naciendo lo que ya tiene ‘nombre científico’: Etnobotánica en la reserva de la biosfera de los valles de Omaña y Luna y que ha calado muy hondo, «ha emocionado» se podría decir escuchando a este joven investigador que toma datos, realiza fichas pero en cada entrevista de alguna manera homenajea a su abuelo escuchando las historias que le cuentan: «Es verdad que muchas veces se me dispersan y en vez de hablar de la planta se van a sus recuerdos, a historias del pueblo y la infancia, y no les puedo cortar pues disfruto mucho, aprendo tanto, aunque no sea precisamente para el trabajo».

Hablar con Miguel Ángel Blanco es hacerlo con una esponja que quiere aprender cosas, que va camino de ser un ‘sabio de la tribu’ a base de ser un cazador de saberes antiguos. Y va saltando de un refrán —«Tienes al niño muerto y el apio en el huerto»— a la toponimia — «Sabugo hace referencia al saúco»— o a las personas que va conociendo o de las que le han hablado: «En esto que estoy estudiando yo fue una personalidad Amable, al que llamaban ‘el herbolario de Villanueva de Omaña’, que decía que ‘la provincia de León es la segunda en variedad y producción de hierbas medicinales en España’. Habla de él Julio Álvarez Rubio en uno de sus libros, qué pena que yo no llegué a conocerlo».

Así camina Miguel Ángel Blanco entre lo popular y lo científico, con apoyos como el ya citado de la Reserva de la Biosfera de los Valles de Omaña y Babia o la siempre activa y receptiva Estrella Alfaro, conservadora del Herbario de la Universidad de León, con la que colabora «recogiendo muestras en campo de plantas para herborizarlas y tener un pequeño herbario de la citada Reserva de la Biosfera».

Y del abuelo a la etnobotánica, en medio la pasión de Miguel Ángel que va acumulando datos con historia. «Hemos contabilizado, hasta el momento, 150 especies de plantas y árboles. Con un número de 170 nombres vernáculos diferentes (algunos de ellos inéditos en bibliografía). He recogido 250 usos diferentes entre ellos veterinario, medicinal, medioambiental, tóxico, para la construcción, etc». Y eso que el trabajo aún tiene mucho recorrido pues, señala, «he visitado 15 localidades del municipio de Riello y la Reserva tiene 86 localidades, que intentaré visitar todas y cada una de ellas».

En 1944 se promovió desde León la primera recogida organizada en España de gorbizo (para la ginebra) y se exportaron por primera vez estas bayas por valor de un millón de pesetasBlanco ha ido encontrando numerosas y variadas utilidades para las plantas de aquellas comarcas; le han llamado la atención algunas singulares. «Me han contado cómo las flores del espino mayolar se utilizan como reguladoras de la tensión, tanto para tensiones altas como bajas. El pericón se puede utilizar hasta para la depresión, en infusión. Las hojas de las malvas se usan como expectorantes. Las flores de la escoba que  tanto abunda en nuestros montes son buenas para el corazón. El beleño es bueno para el dolor de muelas, en infusión».

Y Miguel Ángel siempre vincula el uso de las plantas al recuerdo de quien le informó; así cuando habla del beleño y el dolor de muelas matiza la autoridad moral de quien se lo contó: «Me lo dijo Federico, que es un sabio de Manzaneda de Omaña».

- Las gentes de los pueblos son muy de refranes; te habrán aliñado algunas informaciones con ellos.
- Claro, muchísimos, desde los más conocidos a otros para casos singulares. Te digo algunos: «Que te aproveche, como a la trucha la morga”; la morga es una planta que tiene propiedades ictiotóxicas y era utilizada por los pescadores de la comarca para atontar a las truchas y poder sacarlas con mayor facilidad; otro, «tienes al niño muerto y el apio en el huerto”, pues el apio es una planta muy conocida que aliviaba la incomodidad de los gusanos que tenían los niños cuando eran pequeños...
- ¿Y los que ellos llaman arimates?
- También, hay 3 para las temidas tormentas: ‘Arímate al piorno, que allí está San Antonio’; ‘Arímate a la urz, que allí está el niño Jesús’ y ‘Arímate a la escoba, que allí está nuestra Señora’; en ellos te recomiendan no acercarte a los animales con pelo ni a los árboles solitarios cuando hay tormenta, de ahí que se protejan de los rayos ‘agarrados” a la urz, el piorno y la escoba.

Según va avanzando el proyecto Miguel Ángel Blanco se va sumando a otros proyectos paralelos, como «la recogida de frutales y cultivos antiguos que se cultivaban en estos pueblos y están en peligro de desaparición (algunas de ellas ya no existen). Es importante recoger semillas de estos árboles y plantas para conservarlos en un futuro ya que son ‘joyas ocultas’. Un ejemplo es la pera morcillera, un tipo de pera particular con la que se hacía la tradicional morcilla omañesa. Estas semillas se guardarán en banco de germoplasma de la Universidad de León, con la colaboración con Estrella Alfaro». Y también está muy interesado en la fitonimia, la vinculación de los nombres de pueblos o parajes con la botánica —Sabugo (hace referencia al saúco), Rosales, Folloso (lugar frondoso, bosque denso), Robledo de Omaña (masa de robles de gran importancia, comprobado in situ), Salce (proviene del nombre vernáculo del sauce)— y un largo etcétera, con montes, etc.

- Decía Amable que León era una potencia nacional en plantas ¿Es cierto? ¿hay antecedentes, datos?
- Amable era un sabio y tenía razón. Te doy algún dato: En 1944 se promovió desde León la primera recogida organizada de gorbizo (arbusto rastreo que da las bayas que se utilizan para la ginebra) en nuestro país, se exportaron por primera vez estas bayas por el precio de 1 millón de pesetas y en los años 50, se estableció el primer campo de ensayo de menta del país. Este campo se localizaba en la localidad de los Barrios de Gordón. Fuimos uno de los principales exportadores a Inglaterra durante aquellos años (primera potencia mundial). En la zona del Condado (Vegas, Secos, etc) y el Órbigo se vivía de este recurso del campo».

Y lo que llegará, que Miguel Ángel Blanco dice que no ha hecho más que empezar esta historia que realmente comenzó cuando el abuelo Emiliano le dijo aquello que le pareció mágico: «Una sebe, dura tres años / tres sebes, un perro/ tres perros, un caballo / tres caballos, una persona».
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