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El hombre que inventaba la solución

El hombre que inventaba la solución

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Fulgencio Fernández | 05/04/2020 A A
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El hombre que inventaba la solución
Los inolvidables El creador de Grúas Sánchez ideó todo tipo de grandes inventos para hacer posible lo imposible en el mundo de las grúas en los años 50 y 60, cuando la maquinaria era muy limitada pero su imaginación no, es una leyenda en el sector
«Para montar aquella grúa teníamos el chasis de un Pegaso cuatro ejes que había quedado malparado en un accidente, un camión que venía con pescado y al que le pusimos un doble carro para convertirlo en un camión 8x4... así hasta que logramos que con su pluma hidráulica —de tres tramos y dos plumines— pudo alcanzar los 32 metros de altura, y también logramos que una máquina de 25 toneladas de capacidad cumpliera trabajos propios de maquinaria de 50 toneladas. Algo que en nuestra comarca no existía y en el noroeste de España tampoco». Así explicaba el ponferradino Adolfo Sánchez, creador de Grúas Sánchez, uno fe sus inventos en la publicación especializada en el mundo de la maquinaria pesada. encamion.com, donde hablan del berciano como un verdadero genio o, cuando menos, un gran inventor autodidacta: «Al ver sus inventos cabría la pregunta de dónde estudió Ingeniería, pero hacerlo sería no conocer la realidad de aquellos tiempos». Y es que Adolfo Sánchez iba inventando la solución a los problemas que se le presentaban en su trabajo.

Él mismo lo explicaba (era en 2015 y falleció en 2018). «Ahora te encargan un trabajo y puedes acudir con una máquina de 25 toneladas de capacidad, si resulta que no es suficiente pues pides otra de 50 toneladas y si todavía se queda corta pues usas a la vez dos grúas de 50 toneladas... hoy en día prácticamente no hay límite técnico. Pero en los años 60 muchas veces simplemente sucedía que no había otra máquina mayor y debías ingeniártelas con el material disponible para acometer el desafío que te ponían delante».

Y eso es lo que se pasó haciendo este inventor que comenzó en el sector los años 50, en el Bierzo, que tenía entonces unas carreteras que complicaban mucho más el trabajo, el acceso a las obras o a los accidentes. «La primera grúa que tuve era realmente un Land Rover 4x4, que yo mismo fui adaptando a las necesidades que se me presentaban. Después la vendí y con aquel dinero y muchas horas en el taller logré adaptar un camión que ya tenía mayor capacidad para realizar las mismas funciones de grúa que el Land Rover». Y recordaba que no sólo eran muchas horas de taller, había que crear la mayoría de las piezas que te iban haciendo falta.

Así le contaba al periodista Joan Garriga, especializado en motor —y alucinado con los inventos del berciano, que «Entre aquellos primeros camiones, de mayor capacidad, hubo dos de origen americano, un GMC y un Mack que durante décadas participaron en las principales construcciones de la zona y en infinidad de rescates de vehículos en carretera».

Y cuando habla de las principales construcciones de la comarca no debemos olvidar que está hablando de la época del desarrollismo y en el Bierzo se crearon muchas infraestructuras hidroeléctricas y, sobre todo, los primeros viaductos de las carreteras, que muchos se atreven a afirmar que no hubieran sido posibles sin el material y el ingenio de Grúas Sánchez. Así recuerda la citada publicación encamion.com que «los cilindros hidráulicos que alzaban la pluma provenían de una excavadora, uno de los cabrestantes formaba parte de la antigua estación de metro del Sol en Madrid, reformada entonces e incluso el rodamiento que permitía el giro de la grúa provenía de un cañón de artillería...».

Ymiles de historias más de un verdadero inventor, trabajador y singular empresario. Historias como la de un mítico Pegaso, conocido en todo El Bierzo y símbolo de la empresa.

Pero es que Adolfo Sánchez, al margen de su evidente ingenio, llevaba toda la vida entre la grasa de los motores y fue siempre un enorme trabajador, como a él mismo le gustaba recordar. «Trabajo desde niño, desde muy niño, pues a los siete años ya me dedicaba a a repartir pan. A los 16 años pude estudiar para ser especialista tornero de taller y luego por correspondencia obtuve el título de encargado de taller. Me hubiera gustado pero no tuve tiempo para formarme más, al margen de la experiencia y las horas de taller, que son muchas pues cuando una máquina para tu no ganas nada. No paré de trabajar y no pude hacer mis primeras vacaciones hasta que mi hijo se fue al servicio militar».

Realmente fue uno de esos tipos que podemos catalogar de inolvidables, pero seguramente también de irrepetible, sus historias son su mejor aval.
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