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El hombre que hizo de un abedul una empresa

El hombre que hizo de un abedul una empresa

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Amable ‘el herbolario’ en su casa de Villanueva de Omaña. | JULIO ÁLVAREZ RUBIO Ampliar imagen Amable ‘el herbolario’ en su casa de Villanueva de Omaña. | JULIO ÁLVAREZ RUBIO
Fulgencio Fernández | 24/01/2021 A A
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El hombre que hizo de un abedul una empresa
Los inolvidables En Villanueva de Omaña no había excesivas posibilidades de crear una empresa y, sin embargo, Amable la encontró, e importante. Con mucha imaginación y trabajo llegó a "gestionar hasta cinco toneladas de hoja de abedul por temporada"
Cuenta Miguel Ángel Blanco en un reportaje de este mismo suplemento cómo escuchando historias de gentes de Omaña le llamó la atención la de Amable ‘el herbolario’ , ya que él hacía un trabajo de botánica. «Hablan de él como una leyenda, logró hacer una empresa importante de la venta de plantas».

Otra historia singular que, siendo en Omaña, seguramente conocería un ‘Omañés del Año’, Julio Álvarez Rubio, que no solo la conoce sino que ha escrito sobre este personaje en su libro dedicado a Omaña.

Recuerda Julio de Amable ‘el herbolario’ como «un gran lector y un hombre ilustrado» con la suficiente iniciativa para sacar «unas pesetas en tiempos difíciles allí donde no era fácil, pues no había excesivas oportunidades en Villanueva de Omaña en aquellos duros años 50».

Es curioso cómo se inicio Amable en el negocio. El omañés observó a un forastero, cuenta Julio, «que recogía digitalis purpurea (dedalera o digital)» y el bueno de Amable discretamente apuntó el nombre de la empresa que se podía leer en los sacos. Se puso en contacto con ella y, le contó a Julio, «Al cabo de unos años el empresario era yo. Gestioné hasta cinco toneladas de hoja de abedul por temporada, y otras cinco de corteza de Salguero, para hacer aspirinas... y cuarenta toneladas de genciana».  

Puso en valor este paisano muchos frutos y plantas olvidadas en Omaña. Y así recuerda como «del Valle Gordo me bajaban la digital en carros; también trabajé la pulmonaria, la flor de saúco, el rizoma de helecho macho, la raíz de bardana, la valeriana, el cornezuelo del centeno y qué se yo». Y siempre recordaba que fue parte de una industria entonces pujante en León y que él desarrolló en Omaña: «Has de saber que esta provincia es la segunda de España en variedad y producción de hierbas medicinales».

Pero al margen de saber abrirse camino con esta empresa destaca la inteligencia e iniciativa de Amable para vender sus productos. «Iba a Telefónica, cogía las guías de grandes ciudades con puerto de mar, localizaba almacenes y destilerías y les ofrecía mis servicios», así dio salida a sus plantas y otras veces con viejos métodos de vecindad: «Primo, de Montrondo, que preparaba oposiciones a Magisterio en Sevilla me consiguió la dirección de Bordas Chinchurreta, que tiene alambiques por todo el país», escribe Rubio.

Todo un personaje, que dio trabajo a muchos mineros sacando genciana durante las huelgas mineras de Samario, Babia y Laciana.
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