Esta web utiliza las cookies _ga/_utm propiedad de Google Analytics, persistentes durante 2 años, para habilitar la función de control de visitas únicas con el fin de facilitarle su navegación por el sitio web. Si continúa navegando consideramos que está de acuerdo con su uso. Podrá revocar el consentimiento y obtener más información consultando nuestra Política de cookies.
ACEPTAR
Publicidad

El hombre que hacía hombres

El hombre que hacía hombres

DEPORTES IR

Ampliar imagen
Fulgencio Fernández | 13/06/2019 A A
Imprimir
El hombre que hacía hombres
Balonmano Fallece a los 91 años el Hermano Tomás, profesor de los Maristas y creador de la rica cantera del Ademar, en la que estuvo "en el frente" hasta sus últimos días
No estuvo en la cena anual de Maristas, en la que el escultor Amancio González presentó el busto que la ciudad de León y las gentes del balonmano le van a dedicar… Y eso era muy mala señal.

No estaba en el palco mirando orgulloso la despedida de Juanín… y eso era muy mala señal.

Porque si de algo estaba orgulloso el hermano Tomás es de lo que había hecho y había logrado en la vida y de los jugadores de balonmano que había formado, que él insistía en que formaba, no entrenaba.

Por eso la noticia de la madrugada del miércoles, el fallecimiento del Hermano Tomás, Tomás Salvador Higarza, no sorprendió en exceso. Tenía 91 años pero, sobre todo, hacía unos meses que faltaba de las canchas, del pabellón, de la calle, aquel fraile sincero que siempre te cogía por el brazo para hablarte: «¿Tú crees que merezco el busto que me van a poner? Yo creo que sí, algo habré hecho bien».

La anécdota de su vida es su apodo: El Oso de Teverga, concejo asturiano al que pertenecía Monteciello, el pequeño pueblo en el que había nacido el día de Reyes de 1928. «Fui un regalo», bromeaba recordando que pertenecía a «lo que llaman una familia humilde, no éramos una familia humilde, éramos una familia como todas las del pueblo, de trabajadores… y yo me fui a los frailes».

"En verano siego la hierba a guadaña, como un oso", decía a los alumnos, así ganó el apodo, ‘El Oso’ de TevergaCada verano regresaba a casa, ayudaba en las faenas del campo como el primero, mostrando la tremenda fuerza de la que siempre hizo gala, segando a guadaña, cargando el carro de la hierba. Y al comenzar las clases cogía por el brazo a alguno de sus alumnos de matemáticas, a algún interno de la sección de mayores o a algún jugador de balonmano, y le apretaba. Cuando éste se retorcía para intentar zafarse sin lograrlo decía orgulloso: «¿Qué te crees amigo? Todo el verano segando a guadaña… como un oso». Que el oso es el animal referente en su tierra, allí donde todavía hoy su principal reclamo turístico es ‘La senda del oso’.

Siendo profesor y además en la tierra de los motes, pasó a ser para todos ‘El oso de Teverga’, en la distancia larga. Y cuando se acercaba, el Hermano Tomás.

Ya no segaba. Ya no apretaba igual el brazo cuando te preguntaba si sería justo el busto que cuando te preguntaba hace décadas si habías sido bueno en verano, si habías andado mucho por las discotecas, si fumabas… No apretaba igual, pero era el mismo paisano, seguía recordando a las familias de los internos, los avatares de sus numerosas vidas, las carreras de los jugadores que había ahormado con sus manos de oso.

Y sus técnicas de oso. No se complicaba la vida. De un padre de alumno, militar, había aprendido una frase que convirtió en otro lema de vida: «La insistencia en los reveses dio la victoria a los cartagineses». Y él insistía. Daba igual enseñando matemáticas que entrenando a balonmano. Y siempre con velocidad.

En sus clases de matemáticas valoraba la velocidad. Decía en clase: «El problema de los ladrillos, el del albañil que tiene 680 ladrillos... ya tenías que saber la respuesta ¿cuánto tarda en hacer la pared?».

- Catorce horas hermano.
- Exacto. Si tiene 680 ladrillos y coloca…

Decía el enunciado después de conocer la respuesta. «Si te cae en la revalidad no tienes que perder el tiempo».

Entrenaba igual. Con velocidad si eres extremo; con fuerza si lateral… «Ya tenías que haber llegado hace media hora, a correr… Cuando acabe el entrenamiento lanzas contra la pared hasta que retumbe…».

Y si necesitaba un pivote grande y fuerte pues miraba para la cancha de baloncesto hasta que veía a uno que le gustaba.

- Tú, ¿cómo te llamas?
- Gustavo.
- Bien. Gustavo, ponte de pivote.

Y siempre con el mismo latiguillo. «Voy a hacer un hombre de tí».

Entrenar era jugar y jugar. Un partido tras otro. Hasta que saliera… «la insistencia en los reveses». Y él en un lateral hacía cuatro cosas a la vez. Atendía a un padre que venía a verlo, reprendía a un interno, preguntaba por el que no estaba y controlaba a los que se querían escapar.

Desembarcó en el balonmano como lo podía haber hecho en otro deporte, pues reconocía que lo que buscaba era «una fórmula para estar cerca de los jóvenes». De hecho también tenía los títulos de entrenador de baloncesto y árbitro de lo que entonces se llamaba balón volea.

Su frase favorita para un nuevo alumno o un jugador de balonmano era "voy a hacer un hombre de tí"Llegó a los Maristas de León en 1953, estuvo 10 años y regresó a Lugo, de donde venía, para volver a León en 1968 y no moverse más. Ya había hecho del deporte su pasión, del balonmano su obsesión, de la victoria la meta y del esfuerzo el camino. A veces rondaba la épica cuando pedía a los extremos que se tiraran al suelo de cemento, sin rodilleras.

Y era el que mejor le comía la cabeza a los árbitros desde la banda. «Menuda rezadera que nos daba todo el partido», le decía el ex colegiado López Castellanos en una conversación informal. Y «el hermano» sonreía pícaro.

Lo que no conocía, todo hay que decirlo, era la compasión con el rival, si le podía meter 50 goles no se conformaba con 40, ni con 49… una jugada sin tensión y el protagonista al banquillo.

Y así construyó una historia de campeones de España, aquel famoso subcampeonato de Europa en Francia, así convirtió su despacho en el álbum de cromos de una fábrica de sueños: «Mira, en estos están Ángel y Pistolo, ¡qué animalico!... Estos son los de Francia, ahí está Burgueño, tuvieron que crear un premio especial para él como mejor distribuidor de juego. Y Del Canto, el de Caja España. Mira Maxi, que es general, viene a verme». Repasa los nombres de Cascallana, que fue preparador físico en todos los equipos de Luis Aragonés y la selección; Llaneza, El Chovo… y los que hicieron historia: Cabanas, Manolo Castro, Estrella... aquellos a los que tuvo padre e hijo: Suso y Mario López; Beni Castro y Juan Castro...

Y torcía el gesto al hablar de los ausentes: Sahelices, César, Juan Arias, Fernando Algorri, Carlos Álvarez... «Se podía hacer con ellos, el equipo de los que más raza tenían». Tal vez ya les haya puesto a entrenar hoy y le haya dicho a Julián: «Déjame a mí que a ti te torean».

Tenía todas las medallas y reconocimientos, pero seguro que sus últimas preguntas antes de irse fueron para saber cómo habían quedado los cadetes, qué tal los juveniles o si ya firmó Cadenas.

No sabía ser de otra manera.
Volver arriba
Newsletter