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El hambre que quitaron las latas de conserva

El hambre que quitaron las latas de conserva

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Toño Morala | 03/06/2019 A A
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El hambre que quitaron las latas de conserva
Cultura Las latas de conserva vinieron a cambiar costumbres alimenticias y a quitar mucha hambre en épocas difíciles, muy prácticas para llevar al campo y al tajo, hasta vacías tenían numerosas utilidades. No se les ha hecho justicia
Hace años, pero muchos, aún recuerdo a algunos obreros de la construcción al lado de casa, que aparte de llevar la fiambrera, algunas veces, también llevaban alguna lata de conservas, sardinas en aceite, generalmente, y tiraban la lata, y los chavales las cogíamos para meter en ellas a bichos de toda clase y condición; tan pronto para meter una lagartija, como unos grillos… y además no les teníamos miedo, y si lo teníamos, nos lo aguantábamos para que no nos llamaran cobardes. El pundonor en aquellos años de pantalón corto y alpargatas, se las sabía todas; así y todo, alguna vez metía la mano uno donde no debía, y zas, picadura, y la mano hinchada… a la casa de socorro, y a otra cosa. También se metían gusanos para los pescadores, caracoles con un trozo de verdura o lechuga. Y también, a algunas, les hacíamos una tapa de cartón o madera, y metíamos las canicas, las chapas… todo lo que se le podía ocurrir a una pandilla de chavales, que en aquellos años éramos muchos en los barrios obreros (claro, no había televisión, y pocas radios, y ya se sabe…) No recuerda uno muy bien cuándo llegó a casa la primera lata de conserva, pero me da la espina que tengo de memoria, el ir a por las latas de atún a la tienda para la ensaladilla rusa tan buena que hacía madre; y muchas de ellas se abrían mal de narices, al final, tenía que meter un cuchillo fuerte de punta, porque no enganchaba bien la chaveta en el abrelatas de ranura. También, uno recuerda aquellas latas grandes, las del aceite de oliva,- que la usaban muy pocos- que los mayores le ponían un asa de alambre y allí se metían las pocas sobras para los perros de algunos vecinos que tenían en las pequeñas huertas y en patios cerrados. Me viene a la cabeza el ver a un hombre con un carro de mano de rueda ya de goma, lleno de latas grandes, y en ellas iban los despojos de las carnicerías, las del mercado de abastos, en fin , todo lo que los cerdos podían comer, y así le vimos durante años con su carro lleno de latas. Y cuando ibas a la tienda a un mandado de la madre, pues el tendero, tenía detrás del mostrador unas estanterías llenas de latas de conservas, pequeñas, medianas y de las de kilo… esas se guardaban para cuando veníamos al pueblo para dar de comer a los animales; no sé si harían el kilo de cereales… pero al abuelo le venían de maravilla para repartir la ración a cada animal. Se aprovechaba todo en aquellos años, hasta las puntas para clavar maderas varias; si estaban dobladas, se desdoblaban en el banco con el martillo y mucha paciencia, y se metían también en una lata. Y también se metían tornillos, remaches, tuercas y arandelas… todo andaba recogido en estanterías de madera en el viejo portalón cubierto, y muchas latas y de distintas capacidades y medidas, bien ordenadas hacían mucho avío en aquellos años. Y ya no comentamos sobre los hojalateros, que aprovechaban todas las latas de desecho para hacer múltiples apaños y cacharros, hasta juguetes.

Y qué hay detrás de este gran invento, pues como casi siempre gente que le daba a la inteligencia natural, más la sobrevenida e inventaban cosas que realmente eran necesarias para la evolución más rápida del ser humano. En el caso de las latas de conserva, la historia es curiosa, porque ni el mismo inventor sabía muchas veces del porqué los alimentos se conservaban, primero en un tarro de cristal con tapa de corcho, que luego ponía a hervir al baño maría, y de esa manera lo que estaba haciendo era esterilizar los alimentos… él solo sabía que de esa manera los alimentos duraban mucho tiempo sin ponerse en mal estado. Habían nacido las conservas; primero en tarro de cristal y luego en lata. No hay que obviar que muchos alimentos se conservaban en grandes tinajas con aceites y otras grasas, como también el salazón, tanto para carne como para pescado, desde hace siglos. Pero la cosa era el tener comida rápida de hacer, en pequeño formato, y que durara mucho tiempo; de ahí viene la historia de Napoleón… el tarro de cristal era más pesado y además se rompía con facilidad, y se puso a darle vueltas a su úlcera y propuso en 1795, que estaba teniendo problemas con sus líneas de suministro. En concreto, eran demasiado largas para los métodos de conservación de alimentos de la época, lo que hacía difícil proveer a sus tropas de la comida que necesitaban. De este modo, se ofreció un premio de 12.000 francos para cualquier persona que inventara un método de conservación que permitiera que la comida de su ejército permaneciera intacta durante sus largos viajes.


En 1810, Nicholas Appert ganó el premio por su método para mantener los alimentos frescos por esterilización. Aunque no entendía exactamente por qué funcionaba, Appert descubrió que los alimentos se mantenían frescos durante largos períodos de tiempo si se sellaban herméticamente en un recipiente, en su caso, un frasco de vidrio, y luego se calentaban. Más tarde, ese mismo año, un inventor, Peter Durand, recibió una patente del Rey Jorge III por la primera lata del mundo hecha de hierro y estaño. En combinación con el método de esterilización de Appert, a largo plazo la conservación de alimentos enlatados se hizo posible. Cuenta la vida, que estas primeras latas sólo podían ser producidas a una velocidad de 6 por hora, incluso con los trabajadores más cualificados. Hubo un gran avance en la producción en unas pocas décadas y, en 1846, Henry Evans inventó un método para hacer una lata de un solo movimiento. Esto aumentó la producción a cerca de 60 latas por hora, una drástica mejora sobre los métodos anteriores. Un año más tarde, Allen Taylor patentó su método de sellado de la máquina de producción de envases de hojalata, lo que permitía hacer las latas más delgadas y más rápidamente; estas comenzaron a popularizarse, y ya se hizo necesario producir una herramienta específica y práctica para abrirlas. La primera herramienta de este tipo apareció en 1858, casi medio siglo después del invento de la lata, cuando Esdras Warner patentó el primer abridor de latas. Este diseño se hizo conocido como el abrelatas ‘bayoneta y hoz’. Se punzonaba la lata con la ‘bayoneta’, y luego la parte de ‘hoz’ abriría la tapa. El abridor dejaba bordes extremadamente duros y por lo tanto nunca tuvo éxito a largo plazo. Otro diseño, en 1866, fue hecho por J. Osterhoudt. Su patente combinaba el abridor y la lata en uno. En concreto, se trataba de una lata que venía con su propia llave de apertura. Esto es similar a muchas latas de sardinas que seguimos viendo en la actualidad. Y mira tú por dónde, en la historia de las latas de conservas, y apuntadas por varios expertos en legajos y papeles varios, coincide con el abrelatas que se está usando hoy en la actualidad; fue inventado en 1870 por William Lyman. Su diseño original tenía una rueda simple que rodaba por el borde de la lata, y el corte se abría a su paso. El diseño final para este invento se hizo añadiendo bordes dentados a la rueda. La primera versión eléctrica de este diseño no se produjo hasta medio siglo después, en diciembre de 1931. Si es que el ser humano somos la caraba, inventamos más cosas innecesarias que necesarias, y así nos va con tanto plástico, y tanta porquería que se vierte a los mares, ríos, enterrada y que se filtran los lixiviados a los pozos, y todo por el desmesurado consumo y el no querer reciclar absolutamente todo; una bolsa de plástico o botella tarda entre 150 a 500 años en descomponerse, y suelta sus materiales en partículas pequeñas que luego comen peces y otros animales. Una botella de cristal se recicla, una lata de conserva de hojalata, se recicla, y antiguamente, siempre las madres y abuelas llevaban una bolsa de la compra que les duraba años, luego el carrito… hay que tomar conciencia; y si compran conservas, cómprenlas siempre en tarro de cristal o lata de hojalata, los que vienen detrás lo agradecerán.
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