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'El Graciosu' anda por Nogar

'El Graciosu' anda por Nogar

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El Graciosu tal y como lo recordaban los más ancianos de Nogar, como Benjamín Liñán, y el actual en medio del baile de la fiesta de San Lucas en el pueblo Ampliar imagen El Graciosu tal y como lo recordaban los más ancianos de Nogar, como Benjamín Liñán, y el actual en medio del baile de la fiesta de San Lucas en el pueblo
Fulgencio Fernández | 21/10/2019 A A
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'El Graciosu' anda por Nogar
Tradiciones La localidad cabreiresa de Nogar vivió este fin de semana sus fiestas de San Lucas y entre los actos celebrados estuvo la recuperada mascarada de El Graciosu, que acudió a su cita, esta vez en el baile
Todo comenzó, más bien recomenzó pues la tradición es muy vieja, en 2005 en un bar de Barcelona, propiedad de un descendiente de la localidad cabreiresa de Nogar, donde se leyó un texto que hablaba del Gracioso. Se había puesto la primera piedra para recuperar la mascarada de El graciosu de Ñogar (El Gracioso de Nogar), que se celebra en esta localidad al fin de semana siguiente a la fiesta de San Lucas, patrono del pueblo.

Iván M. Lobo, gran estudioso de las mascaradas y todas las costumbres cabreiresas, recuerda los siguientes pasos a aquella lectura en un bar de Barcelona (y en Nogar, a la vez): «Al año siguiente se pusieron manos a la obra y decidieron recuperar el traje, para que pudiera salir con él, y ya fue en el año 2007 cuando salió de nuevo. Como no conocían bien cómo era la antigua carátula, usaron una de plástico de un lobo. Pero ya en el año 2016 se reprodujo con cáscara de abedul una original, siguiendo las indicaciones de Benjamín Liñán, vecino de la localidad, que la recordaba». Una vez más fue la memoria de los más viejos del lugar la que permitió avanzar en la recuperación.

Y este pasado era el fin de semana de El Graciosu, después de la festividad de San Lucas. Y se celebró, con otros muchos actos, como una comida popular o la presentación del libro de Andrés Martínez OriaFlores de hinojo’, ya que se trata de un libro de viajes por Cabrera.

Estaba previsto que El Gracioso recorriera las calles de Nogar a lo largo de la tarde, pero la copiosa e insistente lluvia aconsejó que se guardara para la hora del baile y entonces apareció este personaje que, en su versión original, nos recuerda el citado Iván Lobo que «salía por la mañana el graciosu acompañado de los mozos del pueblo e iban pidiendo el aguinaldo, mientras el personaje central corría a los rapaces y a las mozas por las calles, provocando estruendo con los cencerros atados a la cintura. El graciosu entraba por las casas haciendo estropicios. Los mozos llevaban unos cestos para recoger los que le daban, normalmente legumbres, centeno, frutas, incluso algún chorizo y parte de la matanza». Pero no faltaba algo muy tradicional en Cabrera, la música: «Acompañaban al grupo los gaiteros de Odollo, Joaquín y Daniel, y posteriormente a la petición de aguinaldo había baile por la tarde. Con lo que sacaban pagaban a los gaiteros y luego hacían una cena o lo vendían (subastaban) y repartían el dinero entre los mozos».

De ahí que aunque la lluvia no le dejara el sábado recorrer las calles su presencia en el baile estaba más que justificada en esta tradición que para M. Lobo es «claramente un traslado de fecha de la celebración del solsticio a un fin de semana cercano a una fiesta de la localidad, como ocurrió en muchos otros pueblos de la provincia».

Lo importante parece que las gentes de Nogar ya asumen como parte de la fiesta nuevamente la presencia de este personaje, el único imprescindible de la mascarada y del que ya se conoce perfectamente su vestimenta: «La carátula era de carotxo, la cáscara del abedul, formando un tubo que se ataba por detrás y apoyaba sobre los hombros. El cartón desplazó los últimos años a la cáscara de abedul. Por arriba tenía una especie de picos recortados. El traje esta realizado con tela de piqué con flores rojas y de color ocre, con una capelina que llegaba a media espalda. A la espalda tenía cosidas unas alas de águila. Lleva en su mano un boto de mazar la leche inflado y atado a un palo para golpear. No llevaba guantes ni las manos entizñadas. El calzado solía ser botas de goma o en alguna ocasión zuecos».

En definitiva, una nueva tradición de las localidades de Cabrera que parece que se va asentando en su recuperación, como otras muchas, gracias al trabajo de grupos como el Instituto de Estudios Cabreireses, Faceira, El Teixu y otros que vienen trabajando con entusiasmo para que Cabrera potencie su identidad y tradiciones.
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