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El frío viaja en coche

El frío viaja en coche

OPINIóN IR

06/10/2021 A A
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El frío viaja en coche
Para empezar, nos remitimos al coche de San Fernando, que consistía en ir «un pasito a pie y otro andando». A pesar de su simpleza, no hay que descartarlo pues, además de económico, es saludable y está a salvo de cualquier crisis, recesión o escasez de combustibles. Y libre del proceso de disolución del país, emprendido por el gobierno sanchista. Salvo que dicte otro confinamiento.

Hoy, los concesionarios de automóviles están al borde del colapso, porque apenas se vende, a pesar de la gran inversión en publicidad, en todos los medios y plataformas.

En las plantas de montaje se congela la producción, a falta de los repuestos necesarios para los dispositivos electrónicos, imprescindibles en los coches de hoy. El cordón chino, nos vuelve a segar la yugular, acaparando los contenedores y materias primas, para vendernos sus productos. Tampoco es ajeno a esta ruina, el desconcierto montado por el gobierno. Con las restricciones de circulación, la caducidad de los motores de gasolina y los peores presagios, para el diesel. El resultado es que los ciudadanos no saben a qué atenerse y no compran.

Un gobierno con las manos tiznadas por sus infames socios y escasa credibilidad –dime de qué presumes y te diré quien eres– tiene que presumir de limpio en algo: la energía. Entonces, dinamita, las térmicas y arruina las cuencas; mientras en Alemania –con un nutrido partido Verde– se mantienen y montan más. Y respecto a la energía nuclear, que compran a Francia, lo mismo. En lo tocante al automóvil, el gobierno opta por el motor eléctrico, que sólo ha calado en los patinetes (téngase en cuenta, como futuro vehículo).

Mirando afuera, el caso de los ingleses, que montan peleas –con la intervención del ejercito– ante la escasez de combustibles.

Como en Mad Max. ¡Imagino lo que pasaría si les faltara la cerveza! Por si fuera poco, también faltan camioneros. No me lo explico, pues los británicos cuentan con pozos de petróleo, en el Mar del Norte, e importantes refinerías, como la British Petroleum. Si esto les pasa a los ingleses, ya podemos ir poniendo las barbas a remojar.

Para el próximo invierno, que será más frío que nunca, deberíamos pensar en cambiar el nombre al San Froilán por San Friolán.

Volviendo al mercado automovilístico, el punto culminante lo tuvo con la aparición del 600. Símbolo del despegue desarrollo económico del país. Para adquirirlo, había que esperar varios meses y en cuanto al color, el que te tocaba. Su mecánica era sencilla y duradera -sin chips- al alcance de cualquier manitas. No era muy amplio, pero con la baca, bien cabíamos cinco personas. Entonces nació el turismo y los españoles, empezamos a viajar y conocer España. Incluso, en los viajes, los conductores nos saludábamos en ruta.

Caso sublime, el de la primera mujer taxista de España y posiblemente, de medio mundo, que tenía la parada en la Plaza de las Palomas. Aquella señora nos transportaba sin necesidad de una ministra Montero, sin complejos ni aspavientos de los otros conductores. El mío, era de color azul celeste; un 25 mil, más o menos, de VA. Y ante la insistencia de mi madre, nos regalaron las alfombrillas.

Entre el discurso de Sánchez o de Manrique, me quedo con el segundo. Éramos jóvenes e ilusos ante la democracia, que venía... para agonizar hoy, en la Moncloa. Cualquier tiempo pasado fue mejor: como ‘la medalla del amor’ pero al revés.
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