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El enigma de la mujer sin pasado ni destino

El enigma de la mujer sin pasado ni destino

LNC VERANO IR

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Fulgencio Fernández | 24/02/2019 A A
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El enigma de la mujer sin pasado ni destino
Los inolvidables Se llamaba Victoria pero para todos era La tía 14, un enigma con bolsas a cuestas, que vivía en su ‘chabolo’ en Santa Lucía de Gordón, vendía en los trenes y contaba historias enigmáticas y truculentas sobre un pasado tan incierto como su presente
Al pasar cerca del lugar donde ella tuvo ‘su chabolo’ siempre hay alguien que recuerda: «Ahí vivía la Tía 14». Y Benigno, viejo revisor de la Renfe, recuerda numerosos viajes en el tren: «Subía cargada de bolsas, vendía los viajeros lo que llevaba, la mayoría de ellos compraban porque la conocían y cuando le parecía se bajaba y regresaba en otro tren... al chabolo». Una casa en la que acumulaba todo lo que tenía, sacos, bolsas... ropa poca, pues la mayoría de la que tenía la llevaba encima, puesta.

- ¿Qué tren cogía?
- Cualquiera. No le cobrábamos y se bajaba cuando le apetecía.
Era una viajera a ninguna parte.

Apareció en Santa Lucía porque en Asturias le tiraron otro chabolo para hacer una autopista  Un buen día apareció en la comarca de Gordón. Igual que era una viajera sin destino también tenía una biografía cargada de enigmas, los que ella misma sembraba cuando se arrancaba a contar la historia de su vida, llena de pasajes realmente truculentos.

Cuando llegó decía venir de Asturias, donde vivía en un chabolo similar al que habitaba en Santa Lucía pero que le derribaron porque estaba ubicado en un lugar por el que iba a pasar una carretera. Y como ni era una construcción legal, ni ella quería saber nada de urbanismos y leyes, pues se quedó en la calle sin ninguna ayuda ni derecho.

Enterrado vivo

Esta historia sobre su procedencia asturiana sí tenía visos de realidad pues algún reportaje en la prensa asturiana recogía los trabajos para la construcción de la carretera y la existencia de alguna precaria construcción, que podría ser la de Victoria, curioso nombre para una mujer que caminaba de derrota en derrota hasta la más cruel, la final.

Sobre ese cercano pasado asturiano contaba La tía 14 una historia dura. Decía haber estado casada pero «a mi marido le hirieron y le enterraron vivo sus hermanos para cobrar la herencia y quedarse con la casa de la familia... por eso acabé en el chabolo», contaba en un reportaje de La Crónica de León de los años 90.

- ¿Sufriría mucho con lo del marido?
- Para qué te voy a engañar, no; no creas que me preocupó mucho porque era un badanas de cuidado, que se gastaba lo que yo ganaba en ir a ‘puntas’ ¿Me entiendes lo que te quiero decir?, puntas o lo que te imaginas».

Decía que a su marido le habían matado los hermanos por la herencia "y lo enterraron vivo" De la casa del marido al chabolo asturiano y de éste al leonés. Con la casa a cuestas. Con una cara en la que llamaba la atención que no le quedaba ni un hueco para otra arruga más. Y, sin embargo, Victoria hablaba otras veces de un pasado de belleza, tanto que —contaba ella— había llegado a ser modelo para los estudiantes de Arte de la Escuela de Burgos. «Hubo un concurso de mujeres desnudas para ser su modelo y gané yo».

- ¿No le daba vergüenza posar desnuda?
- Me da más andar ahora vestida, que cuando hay qué enseñar pues se enseña. Si vas a Burgos y ves a una mujer muy guapa en una escultura... esa soy yo, Victoria.

¿Quién lo sabe? Tal vez de aquella época de esplendor que igual vivió le quedaba el gusto por lucir collares y baratijas que pasaba de venderlas a ponerlas si no encontraba comprador.

Ella siempre caminó cargada de enigmas. Lo era su pasado, no tenía nada claro su presente y el futuro era evidente que no se presentaba luminoso, pero tampoco tan cruel como le deparó el destino.

De joven aseguraba haber sido muy bella, tanto que "gané un concurso para ser modelo de escultores" Un día se apeó de un tren, como tantas veces en su vida, con los problemas de movilidad que le causaban los abalorios que llevaba encima, la ropa, las bolsas con los productos que vendía en el tren. No se sabe muy bien qué le ocurrió pero pasaba un talgo, a gran velocidad, y con el rebufo engulló primero el menudo cuerpo de Victoria y después esparció trozos del mismo por la vía.

La noticia corrió por la comarca de Gordón y las vecinas, donde todo el mundo la conocía. También entre los viajeros que se extrañaban de que no subiera La tía 14 con sus bolsas.

Y aún hoy se sigue recordando la figura de esta mujer arrugada, que se había hecho entrañable entre las gentes, a los que contaba aquellas historias de un enigmático pasado y que llevaba el futuro escrito en esas lineas que eran las arrugas de su cara.
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