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El economato de Lillo vuelve a la vida

El economato de Lillo vuelve a la vida

EL BIERZO IR

El economato parece resurgir de los años sesenta, cuando era la base de venta para las familias mineras. Ampliar imagen El economato parece resurgir de los años sesenta, cuando era la base de venta para las familias mineras.
Mar Iglesias | 28/02/2021 A A
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El economato de Lillo vuelve a la vida
Sociedad El proyecto ha culminado tras dos años desde que se cedieran las instalaciones y ya es visitable, con aportaciones de los vecinos y la reparación efectuada por el Ayuntamiento
Le llaman el economato de Antracitas de Marrón o de Marrón a secas, porque, en casa, acortar los nombres es acercarlos. Hace dos años que la familia García decidió que ese centro logístico minero que le servía a las familias para solventar sus necesidades básicas y del que ahora eran propietarios, debía ser de todos. La cesión generosa que agradece la alcaldesa de Fabero, Mari Paz Martínez, por parte de la familia Tomás García, empresario del sector del transporte, natural de Otero de Naraguantes, hizo que se comenzara a cocer la recuperación de un enclave testigo de los años 60, cuando la Mina de Marrón a la que «surtía» estaba en su apogeo.

«Estaba muy bien conservado y era cuestión de ponerlo al día, incluso tenía material, documentos, que se han aprovechado como un libro donde se ponía lo que compraban las familias». Quitado el polvo que va dejando el pasado, el economato ya comienza a ser visitado «en Reyes ya hicimos una primera visita, tiene que ser en grupos muy pequeños, pero la gente se animó».

Son recuerdos para muchos, para otros curiosidad, pero forma parte del patrimonio minero y engorda el Bien de Interés Cultural Minero con el que cuenta la cuenca de Fabero.

Martínez destaca piezas como libros, incluso alguno de los años treinta, con los que estudiaban los niños, sus libretas, sus zapatos. Las botas de agua o el sistema de cortado del bacalao; las botellas de gaseosa, publicaciones de la época… Y al proyecto se unirá la recuperación de una vivienda minera en el poblado de «Diego Pérez», «está igual que estaban las viviendas mineras de los años 50», con su inodoro en el suelo y sus peculiaridades de la época.

Martínez reconoce que ha sido un proyecto que ha interesado e implicado a los vecinos «incluso ha colaborado gente de Villablino». Ahora espera que la vivienda esté lista para ser visitable este año, lo que completará el proyecto del economato, ahora ya dispuesto a la visita, que debe ser concertada, llamando al pozo Julia para ello.

Es un espacio tan atractivo que Equipamientos Turísticos de Mieres lo ha destacado en su reciente visita. Aseguran estos profesionales que los economatos de consumos de las empresas mineras forman parte de los aspectos sociales que más se han quedado prendidos en la memoria «y que más emociones despiertan, algo que desde la perspectiva del turismo cultural tiene un enorme potencial».

Fabero tuvo varios de estos establecimientos vinculados a distintas firmas, y se ha optado por la recuperación de este «con su organización espacial primitiva que se había conservado felizmente». La sensación que aseguran que proporciona al visitante es «de realizar un viaje en el tiempo con solo pasar su umbral». Todo un éxito, dicen estos profesionales, en el que destacan que «el compromiso de las instituciones ha ido de la mano de los ciudadanos que se implican así en su museografía».

También destacan el interés que tiene la recuperación de una vivienda minera en el poblado «Diego Pérez» que homenajea, desde su nombre, al fundador de «Antracitas de Fabero». En 1955 se organizó este complejo, con 250 viviendas que a pesar de su aspecto homogéneo se adaptaban al número de miembros de la familia. Es un conjunto de planta baja, homogéneas, con una tipología y estética rasgo propio de su condición industrial». «Con su baldosín hidráulico, su cocina de carbón y su sencillez, sabemos que se podrá hacer memoria de lo que fue en su día un avance indiscutible en la vida cotidiana de los trabajadores y sus familias», apuntan.

Será una apuesta más de futuro de una cuenca que se mira en el pasado para verse en un futuro turístico de la mano de varios proyectos. Al lado del pozo Julia y el pozo Viejo, la recuperación del Hospitalillo, las escuelas del ayer, que testimonian cómo era la educación de postguerra o el aula paleobotánica que recoge los fósiles aparecidos en la Gran Corta. Será el recuerdo que quede de esa gran escombrera tras su recuperación en cuatro años que ya se ha anunciado con una aportación de cuatro millones por la empresa Tragsa dentro de un gran proyecto global para Fabero con 38 millones para revitalizarlo tras su adiós minero y ser nombrado el primer Bien de Interés Cultural de la minería en la comunidad.
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