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El día del día

El día del día

OPINIóN IR

17/03/2017 A A
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El día del día
De poco tiempo a esta parte parece que el bombardeo constante de los días dedicados a esta o aquella causa proliferan, aparentemente, sin mucho criterio. El pasado 8 de marzo se celebró, con el soporte de la ONU, el Día Internacional de la Mujer, seguido este pasado martes por el día del Número PI y que preceden al Día Internacional de la Lengua Francesa o de la Felicidad, que coinciden los dos en el próximo 20 de marzo. Este aparente batido de fechas, eventos y recuerdos tiene su origen en el interés de Naciones Unidas por sensibilizar a la población sobre la existencia de un problema concreto e importante, de tal manera que dando publicidad al hecho los gobiernos, a través de sus instituciones, actúen en favor de su resolución y los ciudadanos reclamen esta salida. Así, por ejemplo el Día Internacional de la Mujer, no de la mujer trabajadora, fórmula adoptada por muchos medios, pretende poner el foco en la igualdad de género. Otros casos que con el gancho de un nombre llamativo buscan centrar la atención sobre un problema real, como el Día Internacional de la Población, a la sazón el 11 de julio, que con tan sorprendente título parece abrir un paraguas en el que cabe todo, pero cuyo motivo es tan noble como concienciar de los problemas demográficos globales, o el Día Internacional del Retrete, 19 de noviembre, y que nos recuerda que nada menos que 2.400 millones de personas viven sin ese bien tan infravalorado.

Fuera del aval solidario de Naciones Unidas aparecen celebraciones de sobra conocidas y que arrastran una actividad comercial que, con los grandes almacenes a la cabeza, vienen a recordarnos que en febrero nos enamoramos, en marzo tenemos un padre, una madre en mayo o unos reyes en enero, que lejos de connotaciones religiosas, que no están de moda, se pasan por los grandes almacenes por un presente con el precio inflado para la ocasión.

Semejante mezcla de celebraciones nobles y mundanas llevan a la confusión y al cansancio del personal que finalmente deriva en desinterés, harto de que sea una organización, prestigiosa o no, la que le diga cuando acordarse de los niños de África o de dar un beso a su pareja. Quizás convendría no poner en la misma clasificación las fechas importantes señaladas por entidades de la talla de Naciones Unidas, a la que se le supone buena intención, con las decretadas por otros organismos que se mueven por otros intereses, porque al final nos pasará como al pastor del cuento, que cuando vino el lobo de verdad se quedó durmiendo y sin ovejas.
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