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El deseo y quedarse con las ganas

El deseo y quedarse con las ganas

OPINIóN IR

09/02/2018 A A
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El deseo y quedarse con las ganas
Con un par de comentarios sobre la novela ‘La uruguaya’ me tentaron tanto que fui corriendo a Alejandría a pillármelo. Y el librín, que se lee en un suspiro, adelantó por la escuadra a todos los que aguardan a ser terminados en mi mesita, donde un buen montón de librazos hacen cola hasta el día en que llego a la piltra menos rendida. ¿Que si merece la pena leer al argentino Pedro Mairal? Te partes con la vida atropellada de un escritor cuarentón un poco paranoico y en crisis con su matrimonio, su paternidad, su economía... El protagonista divaga en primera persona sobre las promesas incumplidas, lo que somos y lo que nos gustaría ser, lo que tenemos y lo que nos hubiera gustado conseguir. Con una melancolía que lleva más a la risa que a la pena, el prota Lucas hace un viaje a Montevideo que podría cambiar su suerte y enloquece un poco con una amante que puede que sea otra cosa. Las traiciones, las rutinas, las dudas, las deudas, las casualidades y las ganas que no llegan a nada cobran protagonismo en una historia que deja caer cómo a veces no sabemos valorar lo que tenemos y cuánto atrae lo ajeno... No hago spoilers.

«Ahora lee ‘El amor dura tres años’, y flipa con la tentación del deseo». Pico. Y ando echándome unas risas con las peripecias de un francés tocapelotas con teorías delirantes sobre el amor, la vida y los gilipollas. «La felicidad no existe. El amor es imposible. Nada es grave», escribe Beigbeder.

Chorradas. Pero mañana soplo velas y cada año tengo más claro que la vida es demasiado corta para quedarse con las ganas...
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