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El cónsul y el binguero

El cónsul y el binguero

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| MAURICIO PEÑA Ampliar imagen | MAURICIO PEÑA
| 12/04/2022 A A
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El cónsul y el binguero
Los otros y yo (15) Por José Javier Carrasco
La vida tiene, en ocasiones, sorpresas desconcertantes, vuelcos imprevistos. El 27 de junio de 2018, la página web de Digital Melomanía daba cuenta de la actuación del orfeón de Pamplona en la ciudad de San Petersburgo en sus Noches Blancas. Se destacaba en la noticia la asistencia al acto del cónsul español en la ciudad, el señor Juan Antonio Martínez Cattáneo Hingston. Su padre, el ingeniero Antonio Martínez Cattánero, antes de ser nombrado gobernador civil de León entre los años 1942 y 1944, participó como oficial alistado en la División Azul en el sitio de la ciudad de Leningrado. De ahí la alusión a las sorpresas desconcertantes: un padre divisionario en Rusia y un hijo cónsul en el mismo país. Durante el desempeño de su cargo ocurrió el accidente del túnel 20, en Torre del Bierzo. Preguntado por el impacto que le habían producido la escenas de los muertos y heridos, Antonio Martínez Cattánero respondió que no le impresionaban demasiado porque las había vivido mucho peores en el frente ruso. Y este sería el vuelco imprevisto, un hijo escuchando tranquilamente una actuación musical y un padre testigo, años antes, de un terrible asedio en la misma ciudad. A Cattánero le sucedió Carlos Arias Navarro, nombrado por Real Decreto de Octubre de 1944. Durante el mandato de su predecesor ya se acariciaba la idea de levantar un edificio acorde con los cambios que merecía León. El proyecto acaba materializándose después de que el Ayuntamiento ceda unos terrenos en la entonces Plaza de Calvo Sotelo. Se encarga el diseño de la obra al arquitecto López Izquierdo. En 1947 se inaugura el nuevo Gobierno Civil; según la prensa local disponía de unas cuidadas dependencias dignas del servicio que el edificio albergaba, con un lujoso y severo salón de recepciones.

Se puede considerar el decreto de Javier de Burgos de 1833 como el arranque de la figura de los gobernadores civiles, que se mantendrían hasta 1997, continuación de los jefes políticos surgidos en las Cortes de Cádiz de 1812. Sus cometidos durante el franquismo se perfilan en el Estatuto de Gobernadores Civiles de 1958. A ellos correspondían tareas esenciales como jefes de la fuerzas de orden público con responsabilidad en el control de reuniones, asociaciones y expresión de ideas. A su cargo iba aparejado el de Jefes Provinciales de la Falange. Eran nombrados directamente por el jefe del Estado a propuesta del Ministro de Gobernación. Terminada la guerra civil, son elegidos para desempeñar esa función, militares condecorados o miembros destacados de la Falange.

Solo he estado en dos ocasiones en el edificio del Gobierno Civil de León, actual sede de la subdelegación de Gobierno, el año 1981. Una, para solicitar el carnet de locutor-vendedor de bingo y, otra, para retirarlo. Pensaba en la posibilidad de volver a Madrid y los bingos proliferaban entonces como setas. Miro la firma del gobernador en el carnet y es ilegible. Tendría que consultar Internet para descifrarla y aumentar con un nuevo nombre mi cultura política. Curiosidad quizá gratuita.
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