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El cielo siempre está lejos

El cielo siempre está lejos

UN VERANO SIN LUCHA IR

El corro de Posada de Valdeón siempre propicia una de las estampas más bellas del verano de lucha. FERNÁNDEZ Ampliar imagen El corro de Posada de Valdeón siempre propicia una de las estampas más bellas del verano de lucha. FERNÁNDEZ
Fulgencio Fernández | 25/07/2020 A A
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El cielo siempre está lejos
Un verano sin lucha Hubo afición y buenos luchadores en el Valle de Valdeón, con algunas gestas para el recuerdo, pero la lejanía provocaba que no fueran conocidas lejos de allí
«En el pintoresco caserío de Pontón se celebró un corro de aluches entre los más selectos luchadores de Éscaro y Vegacerneja, de los municipios de Riaño y Burón, y un pequeño grupo de luchadores de los pueblos de Soto, Caldevilla y Prada de Valdeón, estos últimos de la ribera del Cares, que llegan al caserío entonando típicos cánticos regionales. Entre los luchadores del Esla los había de excelentes cualidades, para poder tomar parte en un Campeonato Provincial. Quedó campeón el intrépido luchador de Valdeón Quintilo de la Cuesta, pero también son dignos de elogio sus compañeros Eutimio Gonzalo y Froilán Martínez, El de la camisa rota, llamado así porque había atravesado en compañía de Félix Rojo espesísimos bosques para poder ir a luchar y llegaron con sus ropas destrozadas».

Ésta es una noticia de prensa de 1932 y en ella se puede resumir la realidad de la lucha leonesa en el Valle de Valdeón, a la que hubo afición siempre, buenos luchadores también pero el aislamiento y la lejanía propiciaron que muchas de sus gestas quedaran en el olvido. Esta crónica, firmada por Un espectador, recupera una y deja bien a las claras las dificultades que tenían para acudir a un corro fuera del Valle, lo que Tasio el de Taranilla definió muy bien un año al llegar al corro de Posada: «Qué bonito corro, pero el cielo siempre está muy lejos». No en vano muchos le llamaban filósofo.

Y para completar el panorama sirve el final de la noticia: «Terminada la lucha los del Esla se acomodan en sus ‘autos’ (en muchos casos bicicletas)y se fueron. Los del Cares contemplaban con agrado la marcha de sus contrincantes y ellos tuvieron que someterse a ruda caminata de 14 kilómetros por caminos malos bajo la oscuridad de la noche». Más claro, agua.

Contaba también que Quintilo tiró a 15 rivales y Froilán a 8; suficiente para pasar al imaginario de la lucha, pero no son nombres que se manejen en los recuerdos. La lejanía.
Mucho ha hecho por el conocimiento de las historias de los luchadores del Valle de Valdeón los corros que en las últimas décadas organizan desde la Junta Vecinal de Posada, del Real Concejo. Les gusta a los luchadores y a los aficionados y en los homenajes que realizan han dado visibilidad a algunos de estos olvidados, además de ser un escaparate para los locales, que ya los va habiendo. Fue pionero Jesús González, hermano de Guiller, y también de calidad, aunque le tiraba más el fútbol. Con él llegaron los César Sadia, Toño Gonzalo, ahora Rodrigo... Incluso se ha asentado un club, primero fue Prioro-Valdeón, ahora están en el Montaña... avanzan, de la mano de Talí, el panadero, ex luchador y entusiasta como pocos.
El cielo ya está más cerca.
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